Juicio a Dios (y II)
En la publicación anterior
hacía hincapié en la increencia que se sustenta en la decepción que produce que
no se cumplan las expectativas que uno espera de la providencia divina: porqués
que no encuentran paraqués.
En las sociedades
acomodadas o ilustradas la relación con Dios se resiente porque la sensación de
bienestar va unida a la presunción de autonomía existencial, que relega la
influencia divina a tradiciones culturales y rituales que apenas tienen
incidencia en la conducta habitual o se considera anacrónica.
Jacques Servais le
preguntaba sobre ello al papa emérito Benedicto XVI (1) haciendo referencia a
lo que había escrito el año 2000 en la revista Communio en el que comparaba ‘la
experiencia religiosa de Lutero… dominada por el terror ante la cólera de Dios’,
con el ‘sentimiento del hombre moderno, marcado más bien por la ausencia de
Dios’, para el que ‘el problema no es tanto cómo asegurarse la vida eterna,
sino más bien garantizarse, en las precarias condiciones de nuestro mundo, un
cierto equilibrio de vida plenamente humana.’
Dios marginado de la vida,
un estorbo para los prosaicos anhelos humanos marcados por el utilitarismo, que
contrapone vivencia y trascendencia: ‘Primum vivere deinde philosophari’. El
pontífice emérito, sin embargo, incide en unas tendencias que suponen un cambio
de papeles entre la criatura y el Creador: “Para el hombre de hoy, respecto al
tiempo de Lutero y a la perspectiva clásica de la fe cristiana, las cosas, en
cierto sentido, se han vuelto del revés; o sea, ya no es el hombre quien cree
necesitar la justificación ante Dios, sino que es del parecer de que Dios es
quien debe justificarse de todas las cosas horrendas presentes en el mundo y
ante la miseria del ser humano, cosas todas que, en última instancia,
dependerían de Él.”![]() |
| Benedicto XVI |
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| Jacques Servais |
A Dios se le margina, se le
culpabiliza o criminaliza y, con un cierto aire supremacista, también se le
imponen deberes: “el hombre de hoy tiene mayormente la sensación de que Dios no
puede dejar que se pierda la mayor parte de la humanidad. En este sentido, la
preocupación por la salvación típica de un tiempo casi ha desaparecido.” Quizá
se trate de una interpretación distorsionada, que abusa de la bondad de Dios,
de las palabras de san Pablo: “(Dios) quiere que todos los hombres se salven y
lleguen al conocimiento de la verdad.” (2)![]() |
| El retorno del hijo pródigo de Rembrandt |
Misericordia quiere decir
brazos abiertos para acoger a pesar de los pesares, siempre que se esté
dispuesto a ser acogido, como enseña Jesús en la conocida parábola del hijo
pródigo: la respuesta amorosa y gozosa del padre respecto a un hijo que le había abandonado y regresa, consciente de su situación miserable tras llevar
una vida azarosa, acercándose a su progenitor reconociendo su detestable comportamiento:
“’Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado
hijo tuyo’.” (3) Para restablecer la buena sintonía en la relación con Dios es
necesario situarse en el lugar que a uno le corresponde: “Dios, que te creó sin
ti, no te salvará sin ti”, dice san Agustín. (4)
(1) Benedicto XVI: La fe no es una idea sino la vida,
entrevista de Jacques Servais publicada en L'Osservatore Romano el 23 de marzo
de 2016, que también está incluida en el libro de Daniele Libanori: Per mezzo de la fede. Doctrina
de la giustificazione ed esperienza di Dio nella predicazione de la Iglesia e
negli Esercizi Spirituali . La entrevista completa traducida por Luis Montoya se
puede consultar en https://www.almudi.org/articulos/10669-la-fe-no-es-una-idea-sino-la-vida.
(2) 1ª Carta de san Pablo a
Timoteo, capítulo 2, versículo 4
(3) Evangelio según san Lucas,
capítulo 15, versículo 21(4) San Agustín de Hipona: Sermón 169, número 13




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