viernes, 3 de abril de 2020

Rompiendo estereotipos

Viviendo a tope


María, la protagonista de Sonrisas y lágrimas, regresa a la abadía inquieta y confusa después de abandonar precipitadamente a la familia von Trapp donde ejercía como institutriz. Ella había querido ser monja desde su juventud y ahora no sabía cómo interpretar sus sentimientos por el capitán von Trapp, su compromiso religioso y la dispar clase social entre ella y el capitán –que, además, estaba prometido con la baronesa Schraeder- suponían, según su criterio, un impedimento infranqueable. Al preguntarle la abadesa el motivo de su regreso María alude a su agitado estado de ánimo y la abadesa le dice “nuestra abadía no puede utilizarse como una evasión, ¿qué es lo que no puedes afrontar?” María pretende solucionar la cuestión refugiándose en el claustro religioso y recurre a pedir hacer sus votos para consolidar su estancia. La abadesa le aclara: “Estas paredes no se levantaron para eludir problemas, tienes que afrontarlos; tienes que vivir la vida para la cual naciste.” A continuación la superiora canta Sube montañas (Climb Ev’ry Mountain): «Sube montañas, debes buscar… / Sube montañas mil caminos hay… / Un amor tú verás que no quieres perder, y por siempre ese amor tú lo quieres tener (1)

El ejemplo de María coincide con algunos prejuicios sobre la vida religiosa a la que consideran propia de personas timoratas o pusilánimes que buscan un entorno que les proteja o les resuelva unos problemas emocionales que no se atreven a afrontar, como expresa la canción ‘Prim i mort de gana’ de la Trinca o como ironizaba sarcásticamente un compañero de trabajo hace ya muchos años: ‘las monjas se casan con Dios porque no hay dios que se case con ellas’. La alicorta mirada de los que no saben ver más allá de la superficie.

Un ejemplo que rompe con un sinfín de tópicos sobre la vida religiosa es la película-documental protagonizada por Clare Crockett, una joven norirlandesa nacida en Derry, foco de las tensiones político-religiosas entre católicos y protestantes, que en aquella época dividía la ciudad en zonas de unos y otros. Era una chica vital, simpática, con don de gentes y dotes de liderazgo que vivía la vida a tope. Quería ser famosa y gozaba de gran popularidad en su ambiente. Había actuado en una película y todo apuntaba hacia una prometedora carrera de actriz. Sus expectativas de notoriedad parecían bien encaminadas.

Cuando tenía 17 años la invitaron a ir a España en Semana Santa. Asociaba la propuesta a la posibilidad de gozar de los tópicos turísticos: sol, playa y juerga. Cuando supo que se trataba de un encuentro con tintes religiosos en un pueblo conquense dudó, pero al final decidió ir. Participaba de las actividades pero aparentemente no se implicaba, hasta que al participar del rito de besar la cruz durante los oficios del Viernes Santo –imitando al resto de feligreses- se sintió removida. Fue la chispa que le incitó a cambiar las perspectivas de su vida, aunque el entusiasmo se desvaneció al regresar a su ciudad, pues volvió a la vida desenfadada que seguía antes del viaje. Pero recibió otro chispazo en el lugar más insospechado –los baños de una discoteca o pub mientras vomitaba- que le recordó lo que había atisbado al besar la cruz. Un año después del encuentro decidió volver a España para iniciar el camino vocacional al que se sentía llamada. Suponía dejar atrás su ciudad y el estilo de vida que había llevado hasta entonces; y asumir la incomprensión de su familia, amigos y manager.

Siguió viviendo a tope pero con otro registro, como sugiere el título de la película, O todo, o nada. Se entregó a su vocación religiosa con intensidad con las dificultades iniciales propias del contraste de vida. Luego fue una monja todoterreno ejerciendo en varios destinos y tratando a todo tipo de personas desde niños y adolescentes hasta moribundos. Sus dotes naturales no desaparecieron, adquirieron otro realce; ya no estaban orientadas a tener fama sino a servir a Jesucristo a través de la entrega a los demás, a los que atendía con denuedo sin ser condescendiente.

Su último destino fue en Ecuador, donde había llegado en 2012 a la comunidad de Guayaquil, dos años más tarde se trasladó a Playa Prieta donde la comunidad de las Siervas del Hogar de la Madre tiene una escuela. Hay una escena de la película anecdótica pero relevante: ver a las monjas cavando una zanja alrededor de un edificio vestidas con hábito –no encajaba en mis esquemas mentales-. Allí se produjo el 16 de abril de 2016 un terremoto que derribó el edificio de la escuela y sepultó a Clare y cinco chicas con las que estaba ensayando canciones. Tenía 33 años y su recuerdo e intercesión está obrando muchos frutos. Sin pretenderlo desde que vistió los hábitos, su fidelidad a la llamada ha conjugado el ser monja y ser famosa.

Os animo a ver O todo, o nada. Hna. Clare Crockett (2) o leer la biografía (3) de Clare que es una manifestación patente de la misericordia de Dios de la cual no estamos exentos, basta que la queramos de verdad.

(2) O todo, o nada: Hna. Clare Crockett
(1) Sonrisas y lágrimas – Sube montañas
Sound of Music - Climb Every Mountain

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