martes, 9 de marzo de 2021

Reflejado en tu mirada

Desvelando la interioridad

Nuestra personalidad se nutre del carácter, el temperamento, el conocimiento, la experiencia, el ambiente… pero se testa en todo lo relacionado con el trato con los demás.

Retomando el diálogo entre Sócrates y Alcibíades, el filósofo hace notar al joven que necesitamos un espejo para contemplarnos físicamente y en la pupila queda reflejado lo que miramos, como queda plasmado misteriosamente en los ojos de la imagen de Virgen de Guadalupe impregnada en la tilma de Juan Diego (1). Cuando dos personas se miran en la pupila de cada uno de ellos está reflejado el rostro del otro.

El fragmento en el que Sócrates desarrolla lo que significa para él la inscripción en el templo de Delfos lo resume el pedagogo Gregorio Luri indicando que no debemos «buscarnos mediante la introspección, sino fuera, en los ojos de las personas con las que nos relacionamos. Lo que en realidad trataba de decir (Sócrates) es que la intervención de uno sobre sí mismo (lo que los griegos llamaban la psykhé tékhne, esto es: ‘la acción eficaz del cuidado de sí’) no es independiente de la intervención en el cuidado de nuestras relaciones de copertenencia (la politiké tékhne) o, por decirlo mejor, que para intervenir sobre nosotros mismos necesitamos la mediación del otro (2)

A la necesidad de relacionarse para que la personalidad aflore todo su potencial se refiere el papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti: «Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud “si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (3). Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros: “Sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro” (4). Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar

¿Cuáles son las consecuencias, según el Santo Padre?: «Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad. Por el contrario, no hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte» (5).

¿Basta la relación con los demás para llegar al conocimiento íntimo de uno mismo? Sócrates deja entrever que hay que recurrir también a otra instancia: «En esta parte del alma, verdaderamente divina, es donde es preciso mirarse, y contemplar allí todo lo divino, es decir, Dios y la sabiduría, para conocerse a sí mismo perfectamente.» Un conocimiento que ha de ir acompañado de un comportamiento: «Ante todas cosas es preciso, pues, que pienses en ser virtuoso» (6). Como dice la frase atribuida a Pascal: ‘Si no actúas como piensas, vas a terminar pensando como actúas’. 

(1) Ver artículo en https://es.aleteia.org/2016/10/12/el-misterio-de-los-ojos-de-la-virgen-de-guadalupe-sigue-abierto/

(2) Gregorio Luri: El deber moral de ser inteligente (2018). Editorial: Plataforma editorial – Colección: Plataforma actual – 1ª edición (2018). 226 páginas. Epígrafes: ‘Educarnos en la limitación’. ‘El cuidado del alma’, página 187

(3) Cita de la Constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, número 24

(4) Cita de De la negación a la invocación de Gabriel Marcel, en Obras selectas, ed. BAC, Madrid 2004, volumen II, 41

(5) Papa Francisco: Carta encíclica Fratelli tutti. Punto número 87. Referencia: http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html

(6) Platón, El primer Alcibíades o de la naturaleza humana. Recogido de http://www.filosofia.org/cla/pla/azc01117.htm

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