Desvelando la interioridad
Nuestra personalidad se nutre del carácter, el temperamento, el conocimiento, la experiencia, el ambiente… pero se testa en todo lo relacionado con el trato con los demás.
Retomando el diálogo entre
Sócrates y Alcibíades, el filósofo hace notar al joven que necesitamos un
espejo para contemplarnos físicamente y en la pupila queda reflejado lo que
miramos, como queda plasmado misteriosamente en los ojos de la imagen de Virgen
de Guadalupe impregnada en la tilma de Juan Diego (1). Cuando dos personas se
miran en la pupila de cada uno de ellos está reflejado el rostro del otro.
¿Basta la relación con los demás para llegar al conocimiento íntimo de uno mismo? Sócrates deja entrever que hay que recurrir también a otra instancia: «En esta parte del alma, verdaderamente divina, es donde es preciso mirarse, y contemplar allí todo lo divino, es decir, Dios y la sabiduría, para conocerse a sí mismo perfectamente.» Un conocimiento que ha de ir acompañado de un comportamiento: «Ante todas cosas es preciso, pues, que pienses en ser virtuoso» (6). Como dice la frase atribuida a Pascal: ‘Si no actúas como piensas, vas a terminar pensando como actúas’.
(1) Ver artículo en https://es.aleteia.org/2016/10/12/el-misterio-de-los-ojos-de-la-virgen-de-guadalupe-sigue-abierto/
(2) Gregorio Luri: El deber
moral de ser inteligente (2018). Editorial: Plataforma editorial – Colección: Plataforma actual – 1ª
edición (2018). 226 páginas. Epígrafes: ‘Educarnos en la limitación’. ‘El
cuidado del alma’, página 187
(3) Cita de la Constitución
pastoral Gaudium et spes del Concilio
Vaticano II, número 24
(4) Cita de De la negación a la invocación de Gabriel Marcel, en Obras selectas, ed. BAC, Madrid 2004, volumen II, 41
(5) Papa Francisco: Carta
encíclica Fratelli tutti. Punto
número 87. Referencia: http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html






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