martes, 20 de julio de 2021

Aprovechamiento de la educación

Conjugar la emancipación con el arraigo

Contrapone Chantal Delsol lo que sería propio de una visión particularista que corresponde a «alguien que pertenece a un grupo pequeño y ve el mundo a partir de su propia mirada, careciendo de objetividad y desconfiando de lo universal» con lo que se atribuye a un ciudadano, que «se caracteriza por su universalidad, su capacidad de contemplar la sociedad desde el punto de vista de lo común, y no desde el punto de vista personal. Es decir, su capacidad de dejar a un lado el prisma propio.» Añade además que «la democracia está fundada sobre la idea de que todos, gracias al sentido común y a la educación, podemos acceder a ese punto de vista universal, que es el que forma al ciudadano» (1).

Uno de los personajes de Generaciones, la novela de Cristóbal Zaragoza, llamado Emerenciano Adell, en el marco de la Guerra Civil Española, recela abiertamente de los que se conducen de acuerdo con la visión particularista que les impide tomar partido: «Yo, dicen, a lo mío, que es mi trabajo y mi familia. ¡Y no es así, córcholis! Su familia no es esa cosa pequeñita y cerril que se reúne en torno a la mesa a la hora de comer. Así únicamente se consigue hacer hijos insolidarios. Egoístas. Su familia somos todos. La Humanidad entera es la familia de uno. Esto es lo que tenéis que entender los jóvenes».

Su interlocutor, Alejandro Acosta, que es uno de los principales protagonistas de la obra, le plantea: «¿Y la causa del pueblo? Supongo que los pobres, el trabajador español, están antes que la Humanidad. Necesitan ayuda.» La réplica de Emerenciano acentúa su desconfianza en las personas poco ilustradas: «El pueblo es desagradecido. Mira lo que ha hecho aquí. Robar, matar inocentes. A la gente pobre, e ignorante, se le hace un flaco favor hablándole de libertad y de igualdad. Es algo así como ponerle al burro una chistera. ¿Para qué quiere la chistera el burro? Al pueblo hay que enseñarle que la libertad hay que conquistarla día a día. Que no es algo que se regala. Y la única forma de que te comprendan es dándoles cultura. ¡Ésa es la verdadera libertad! Una persona digna, y humana, si además tiene cultura, sabrá compartir con los demás. Lo que sea. Un plato de fideos, unas pesetas o lo que uno sabe. El problema de España es un problema de cultura. Nada más.» (2)

En el contexto, la palabra cultura cabe asociarla a la educación e instrucción públicas. Un mayor conocimiento de las cosas y del pensamiento humano que excede el ámbito de la experiencia propia proporciona una mente más abierta a hacer nuevos descubrimientos, a ampliar horizontes y a mejorar la comprensión de la realidad. Pero la experiencia nos demuestra que es insuficiente para calibrar por si solo el nivel de calidad humana de una persona, que estará condicionada por la actitud que adorne los saberes y experiencias que acumule. Es cierto que no se ama lo que no se conoce, pero el hecho de conocerlo no obliga irremediablemente a actuar de una manera determinada.

A modo de ejemplo de que no hay una correlación directa entre el grado de instrucción de una persona con el comportamiento benefactor hacia sus semejantes, resulta reveladora la transcripción de una carta que la directora de un colegio le envió al psicólogo y educador Haim Guinott que Leo Buscaglia incluye en Vivir, amar y aprender:

«Soy sobreviviente de un campo de concentración. Mis ojos vieron cosas que ninguna persona debería presenciar. Cámaras de gas construidas por ingenieros de verdad. Niños envenenados por médicos. Infantes muertos por enfermeras diplomadas. Mujeres y bebés asesinados por graduados secundarios y universitarios. Por eso desconfío mucho de la educación. Mi pedido es: ayude a sus alumnos a ser humanos. Sus esfuerzos nunca deben producir monstruos eruditos o psicópatas educados. La lectura, la escritura, la ortografía, la historia y la aritmética sólo son importantes si sirven para que nuestros alumnos sean más humanos» (3).

No hay que desconfiar de la educación académica, pero tampoco conviene sublimarla. El ser humano se nutre de múltiples experiencias externas que son también educativas: familiares, ambientales, sociales, culturales… que debe ir digiriendo con la ayuda de sus aptitudes (habilidades físicas y cognitivas) para conformar su personalidad. El conocimiento teórico, práctico y reflexivo que uno logra acumular necesita de una actitud honesta para ser provechoso; así se engrandece uno interiormente y se beneficia a los demás. De este modo se puede llegar a ser un ciudadano digno y humano, lugar en el que convergen  las tres citas reproducidas.

(1) Chantal Delsol: PopulismosTítulo original: Populisme. Les demeurés de l’Histoire (2015). Editorial: Ariel -1ª edición (2015). Traductora: María Morés. 185 páginas. Introducción, página 12.

(2) Cristóbal Zaragoza: Generaciones (1979). Editorial: Plaza & Janés (1982). 539 páginas. Capítulo VII, epígrafe Valencia, Julio de 1938, páginas 480-481

(3) Leo Buscaglia: Vivir, amar y aprender. Título original: Living, loving & learning (1982). Editor: espaebook. Traducción: Raquel Albornoz. Capítulo: El arte de ser plenamente humano.

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