lunes, 31 de octubre de 2022

Al nivel de lo que amas

El objetivo al que se apunta

“Donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón” (1), es una impactante sentencia evangélica merecedora de ser reflexionada con relativa frecuencia, sobre todo en momentos de atasco mental: ¿Qué lo produce?, ¿es algo realmente importante?, ¿afecta a mis prioridades?; ¿adónde me dirijo?, ¿conviene prescindir de alguna rutina, lo accesorio convertido en imprescindible?...

Continuando la lectura secuencial que estoy haciendo de la Biblia, prestando atención a las notas aclaratorias, abordaba hoy el salmo 115, cuyo versículo octavo es comentado por san Juan de la Cruz en Subida al monte Carmelo: «…es de saber que la afición y asimiento que el alma tiene a la criatura iguala a la misma alma con la criatura, y cuanto mayor es la afición, tanto más la iguala y hace semejante, porque el amor hace semejanza entre lo que ama y es amado. Que por eso dijo David (Salmo 115, 8), hablando de los que ponían su afición en los ídolos: Similes illis fiant qui faciunt ea, et omnes qui confidunt in eis, que quiere decir: Sean semejantes a ellos los que ponen su corazón en ellos. Y así, el que ama criatura, tan bajo se queda como aquella criatura, y, en alguna manera, más bajo; porque el amor no sólo iguala, mas aun sujeta al amante a lo que ama» (2).

Cuanto más se baja el listón en el amor más apego se produce, quizá por la sensación, a menudo errónea, de que es algo que se puede controlar y dominar. Conviene amar por elevación, a pesar de la incertidumbre que conlleva la respuesta. Si se ama prioritariamente el bienestar y los bienes materiales, se desdeña todo lo que no conduce a ello. Si el foco se pone en determinadas personas por lo que nos aportan, nos alejaremos de ellas tan pronto percibamos que no nos compensan suficientemente. Hay, sin embargo, Alguien que, si queremos contar con Él, nos une a todos y eleva nuestras expectativas; queda plasmado en unas palabras del obispo Celso Morga que hoy he descubierto en internet mientras buscaba otra referencia semejante: «El amor a Dios y el amor al prójimo representan dos caras de la misma moneda. El amor a Dios es fuente y horizonte último del amor al prójimo. El que ama al prójimo ama siempre a Dios; el que ama a Dios no puede no amar al prójimo» (3).

(1) Evangelio según san Lucas, capítulo 12, versículo 34. Extraído de https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/lucas-12

(2) San Juan de la Cruz: Subida al monte Carmelo, libro primero, capítulo 4, punto 3. Extraído de http://www.documentacatholicaomnia.eu/03d/1542-1591,_Ioannes_a_Cruce,_La_Subida_Del_Monte_Carmelo,_ES.pdf

(3) Mons. Celso Morga: Carta pastoral: Ama a Dios. Ama al hermano. Extraído de https://lavozdelosobispos.wordpress.com/2020/03/16/ama-a-dios-ama-al-hermano/


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