Ley de vida
En el último capítulo de su magnífico ensayo A Guide for the Perplexed, E. F. Schumacher aborda la siguiente cuestión: «qué significa vivir en este mundo».
Schumacher define qué significa vivir para un ser humano: «Vivir significa hacer frente, luchar y mantenerse a la altura de todo tipo de circunstancias, muchas de ellas difíciles. Las circunstancias difíciles presentan problemas, y podría decirse que vivir significa, ante todo, enfrentarse a los problemas.»
Para él esos problemas son de dos tipos: convergentes (se pueden
resolver lógica o técnicamente) y divergentes (son insolubles lógicamente pues
admiten posiciones contrapuestas derivadas de la libertad humana). Aunque «los
problemas no resueltos suelen provocar una especie de angustia existencial», la
solución no pasa por un «enfoque cartesiano» estrictamente racional y lógico: «’Trate
solo con ideas que sean distintas, precisas y ciertas más allá de toda duda
razonable; por lo tanto, confíe en la geometría, las matemáticas, la
cuantificación, medida y observación exacta’», ni con medidas legislativas
unilaterales o frentistas. Solo se pueden resolver apelando a una instancia
superior:
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El autor
pone como ejemplo de trascendencia incluida entre dos opuestos la divisa de la
República Francesa liberté, egalité,
fraternité:
«La educación presenta el ejemplo clásico de un problema divergente, al igual que la política, por supuesto, donde el par de opuestos que se encuentra con mayor frecuencia es "libertad" e "igualdad", lo que de hecho significa libertad versus igualdad. Porque si las fuerzas naturales se dejan libres, es decir, abandonadas a sí mismas, los fuertes prosperarán y los débiles sufrirán, y no habrá rastro de igualdad. La imposición de la igualdad, por otro lado, requiere la restricción de la libertad, a menos que algo intervenga desde un nivel superior. No sé quién acuñó el eslogan de la Revolución Francesa; debe haber sido una persona de rara perspicacia (2). Al par de opuestos, liberté versus egalité, irreconciliables en la lógica ordinaria, añadió un tercer factor o fuerza -fraternité, fraternidad- que proviene de un nivel superior. ¿Cómo la reconocemos como proveniente de un nivel más alto que la liberté o egalité? Estos pueden ser instituidos por una acción legislativa respaldada por la fuerza, pero la fraternité es una cualidad humana más allá del alcance de las instituciones, más allá del nivel de manipulación. Se puede lograr, y de hecho se está logrando a menudo, pero solo por personas individuales que movilizan sus propias fuerzas y facultades superiores, en resumen, convirtiéndose en mejores personas.»
Las leyes pretenden establecer un marco de convivencia, pero por sí solas, incluso aquellas más nobles y perfectas, no aseguran la buena convivencia. Ésta nace de la calidad de la actitud interior de cada ser humano; en el cuidado y perfeccionamiento de esa actitud radica el enriquecimiento de las relaciones con nuestros semejantes.
(1) Las
citas de Una guía para los perplejos
están extraídas de E. F. Schumacher: A Guide for the Perplexed (1977). Editor:
Vintage Books – Colección: Vintage classics – Editado 2011. 166 páginas.
Capítulo 10: Two Types of Problems
(2)
«Herencia del siglo de las Luces, la divisa "Libertad, Igualdad,
Fraternidad" se proclama por vez primera durante la Revolución francesa.
Cuestionada a menudo, acaba por imponerse bajo la III República. Está
consignada en la Constitución de 1958 y hoy día forma parte de nuestro
patrimonio nacional.
Asociadas
por Fenelon a fines del siglo XVII, las nociones de libertad, de igualdad y de
fraternidad se difunden más ampliamente en el siglo de las Luces.» Extraído de
https://www.diplomatie.gouv.fr/es/viajar-a-francia/particularidades-de-francia/simbolos-de-la-republica/article/libertad-igualdad-fraternidad



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