Sin perder el norte
Hay instituciones que nacen al abrigo de un impulso espiritual: educativas, sanitarias, asistenciales, culturales, deportivas…, que prestan un servicio a los que se acercan a ellas y a la sociedad en conjunto. La calidad humana con que se realizan las actividades está impregnada del espíritu fundacional que las impulsa, que se hace palpable en los modos de obrar, la transmisión de valores y el testimonio de vida de los promotores y responsables. En algunos casos ocurre que las actividades cogen tal fuerza y prestigio, que siguen un rumbo propio que va menguando la influencia del espíritu fundacional que les dio origen; por motivos diversos se puede ir desdibujando la razón de ser que inspiró el nacimiento de la institución, convirtiéndose en una caricatura de lo que fue.
De ordinario sacar adelante estas labores ha requerido mucho esfuerzo; fe y audacia han estado presentes en los promotores para que la semilla que sembraban empezara a dar sus frutos y se superasen las dificultades que iban surgiendo. Pero cuando el proyecto parece consolidado cabe estar atentos a la advertencia que hace el Apocalipsis a la Iglesia de Éfeso:«Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos. Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero. Acuérdate, pues, de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras. Si no, vendré a ti y removeré tu candelabro, si no te conviertes» (2). La conversión que se reclama a cada uno de los seguidores de Cristo, también afecta a las instituciones creadas para darle a conocer, que prestan, al mismo tiempo, un servicio a las personas y a la sociedad.
Hace unos días mosén Oriol, el rector de l’Església de l’Immaculat Cor de Maria de Sabadell, en su diario mensaje por whatsapp relacionado con el evangelio del día enviaba un fragmento de un sermón de san Francisco de Sales que, aunque su contenido va dirigido a responsables eclesiásticos, viene bien tener en cuenta en estos momentos previos al sínodo convocado por el papa Francisco en el que se recogen las aportaciones de los fieles de toda condición; nos incumbe a todos tener claro el norte al que conviene que nos dirijamos:
«La señal
para encontrar a Dios y conocerle es Dios mismo. Cuando nació nuestro Salvador,
los ángeles fueron a buscar a los pastores para anunciarles su llegada cantando
«Gloria in excelsis Deo.» Y cuando
ellos quisieron asegurarse de la verdad de esa maravilla que escuchaban, los
ángeles les dijeron: Id a verle y así creeréis y tendréis por cierto lo que os
anunciamos; porque no hay otro medio ni señal segura para encontrar a Dios, que
Dios mismo.
Eso es lo que quería decir el gran apóstol cuando escribía a los Corintios: «¡Hijitos míos, a quienes he concebido y ganado para Cristo Jesús en medio de tantas penas, fatigas y trabajos; por quienes he sufrido tantos dolores! os aseguro que no os enseño para atraeros a mí, sino para conduciros a mi Señor Jesucristo.» A esto deben estar atentos los Superiores, porque sólo sacarán provecho llevando y enviando sus discípulos a nuestro Señor para que Él mismo les enseñe quién es, y aprendan de Él mismo a conocer y practicar todo lo necesario para su amor y servicio» (3).
(1) Carmelo
López-Arias: Beata Teresa de Calcuta, la
persona. Extraído de
https://es.catholic.net/op/articulos/59108/beata-teresa-de-calcuta-la-persona.html#
(2) Libro del Apocalipsis, capítulo 2,
versículos 1-5. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/apocalipsis/




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