miércoles, 29 de marzo de 2023

Trabas a la sociedad civil

La marginación del ciudadano

Segundo fragmento del artículo de Alejandro Llano titulado El voluntariado cultural y social, publicado en la revista Nuestro Tiempo, números 571-572, enero-febrero de 2002.

«...es precisamente este desprecio de lo que los sociólogos llaman “el mundo de la vida”, del conjunto de relaciones cotidianas, lo que produce una tremenda descompensación, una sobrecarga difícil de aligerar, ya que –al reducir la entera realidad social a tecnoestructura- se olvida la fuente originaria de todo sentido, allí de donde toda relación humana surge y a donde toda relación humana retorna...»

continuación

«Precisamente es el ciudadano común y corriente el que en estos planteamientos queda marginado, al que de hecho se le prohíbe llevar a la práctica sus iniciativas a favor del bien común, lanzar sus aportaciones para mejorar una convivencia en la que él está implicado e interesado. Al conjunto de grupos, asociaciones, fundaciones, movimientos de voluntariado, solidaridades primarias y secundarias que los ciudadanos configuran antes y fuera del Estado, del mercado y de los medios de comunicación social es lo que normalmente llamamos “sociedad civil”.

Pues bien, la única manera de salir del atasco ético y político –tanto en el nivel internacional como en el nacional- es un decidido recurso a la sociedad civil. Es la esfera de la autonomía social, es decir, el área de la relevancia comunitaria de los mundos vitales, sólo desde la cual es posible realizar una mediación con sentido entre lo público y lo privado, que evite simultáneamente el aislamiento y la confusión.

Adviértase, por de pronto, que no es válida –ni en principio ni de hecho- la identificación entre lo individual y lo privado, por una parte, y lo público y lo estatal, por otra. Entre los extremos de la pura privacy y de las entidades “oficiales” se inserta –y debe ser reconocido como relevante- el amplio y multiforme espacio de lo social, en el que lo público y lo privado se entrelazan sin confundirse. Aceptamos con demasiada facilidad que lo privado es privativo, es decir, que carece de relieve social. Y ello sucede porque se supone de antemano que el sector privado está exclusivamente al servicio de intereses particulares y se desentiende por principio del bien general.

La mercantilización de lo privado es la otra cara de la burocratización de lo público. Suponen algunos –aunque cada vez son menos- que lo público está al servicio del interés general, cuando es más cierto que suele ordenarse al beneficio de quienes en ese momento ocupan el poder. Desde luego, la mentalidad de servicio público, la idea de que la Administración del Estado, de las Comunidades Autónomas y de los Municipios, está para trabajar a favor de los ciudadanos, no es muy frecuente entre nosotros. Se da por sentado que no es así, que es más bien el ciudadano quien debe someterse a los funcionarios y soportar sus caprichos e impertinencias. Y, por supuesto, se acepta sin mayores aspavientos que la Administración Pública es ineficaz, hasta el punto de que la seguridad del Ministerio de Defensa está, al parecer, en manos de empresas particulares, y que otro tanto sucede con la Academia General del Ejército.

En definitiva, lo cierto es que ni el mercado tiene el monopolio de la eficacia ni el Estado la marca registrada de la benevolencia.

Pierpaolo Donati
Es preciso superar esta crispada dialéctica entre la tesis pública del bien general y la antítesis privada del bien particular, que conduce a la síntesis conformista del estancamiento individual y de la alienación egoísta. El gran proyecto político del presente, el único que puede hacernos superar situaciones sin aparente salida, consiste en la emergencia mediadora de un espacio al que podríamos llamar –siguiendo a Donati (1)- privado-social, como territorio para una gestión libre, que surge de la creatividad de los propios ciudadanos y de sus asociaciones autónomas, pero exige un reconocimiento público y estable, o por lo menos la ausencia de ese típico hostigamiento que en España sufren los proyectos que no han surgido del regazo público. Porque lo cierto es que los grupos privados autónomos son capaces de proponerse y gestionar objetivos que trascienden los intereses egoístas o corporativos y que poseen, por tanto, un alcance comunitario de índole “universalista”

continuará

(1) “Para el sociólogo y filósofo Pierpaolo Donati (Budrio, Italia, 1946), el aspecto relacional es inherente al ser humano. Esto constituye el punto de partida de la teoría relacional, de la que es fundador, que afirma que la sociedad no incluye relaciones entre personas, sino que consiste en ellas, y que para dar respuesta a los grandes desafíos de nuestro mundo hay que prestar atención a esos vínculos.” De la presentación de la de la entrevista realizada por María Isabel Solana publicada en el número 705 de la revista Nuestro Tiempo, enero-abril 2020, que se puede leer íntegramente en https://nuestrotiempo.unav.edu/es/grandes-temas/pierpaolo-donati-relaciones-sociales

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