Sobre la tolerancia (2)
Continuación de los fragmentos seleccionados del artículo/ensayo de Ana Marta González titulado Las paradojas de la tolerancia que se puede leer completo en el enlace https://www.mercaba.org/ARTICULOS/L/las_paradojas_de_la_tolerancia.htm
«La Ilustración lee la Biblia con desconfianza. Para la Ilustración es la separación de Biblia y Religión la única salvación posible de la religión.»
Continuación
La vida es una realidad compleja, hecha de elecciones, aciertos y desaciertos. Además, la pluralidad de puntos de vista es constitutiva del acercamiento humano a las realidades prácticas. Por eso, si entendemos que la vida de todo hombre es una búsqueda, es preciso admitir que la búsqueda es, en ocasiones, difícil. La tolerancia es una primera actitud humanitaria, inspirada en el reconocimiento de esa dificultad. Pero para quien esté convencido de que tiene algo que aportar en esa búsqueda, tolerar no puede ser la última actitud humanitaria. En los Hechos de los Apóstoles San Lucas se refiere a los habitantes de Malta que les dispensaron acogida después del naufragio del barco en el que viajaba San Pablo hacia Roma: «los bárbaros nos mostraron singular humanidad; encendieron fuego y nos invitaron a él, pues llovía y hacía frío» (2).
Mostrar humanidad –hoy diríamos solidaridad– designa aquí algo más que la mera tolerancia: designa una actitud positiva que consiste en salir espontáneamente al encuentro del ser humano necesitado de ayuda. Ahora bien, sin duda se puede ayudar de muchas maneras, puesto que son muchas las necesidades humanas. En este sentido, sólo quien redujera las necesidades humanas a necesidades materiales podría ignorar la relación que existe entre humanidad y verdad. Advertir la profundidad de esa conexión ha sido uno de los ingredientes del humanismo europeo inspirado en el cristianismo, más allá de las distintas coyunturas históricas y políticas.Sin duda estas coyunturas históricas y políticas son las que explican en gran medida el que la relación tolerancia-verdad se haya planteado como problemática. Ciertamente lo fue en el pasado para los católicos, cuando importantes cuestiones doctrinales estaban para ellos en juego: su no cesión en estos puntos fue considerada siempre como intolerante, y falta de espíritu democrático. De todos modos, el contexto del concepto de tolerancia es primordialmente político, no religioso. En este sentido, el concepto ilustrado de tolerancia puede verse como un fruto maduro de la historia moderna de Europa, en el que cabe reconocer algo positivo, que es deseable exportar a otras culturas: precisamente la atención al hombre concreto, por encima de su confesión.
En el mismo sentido se expresa la Constitución Dignitatis Humanae, en el Concilio Vaticano II. Hay pocas cosas más escandalosas que las guerras de religión. Por encima de las diferencias de credo todo hombre merece respeto: el respeto se dirige al hombre que eventualmente defiende ideas opuestas a las nuestras; la tolerancia a sus ideas. Eso no es lo mismo que declarar equivalentes todas las opiniones. Significa tan sólo que la tolerancia existe como tolerancia de lo diverso, y desaparece cuando desaparece lo diverso; que hay tolerancia porque las diferentes posturas siguen siendo diferentes. Por eso no hay que abolir la diferencia para que haya tolerancia: más bien ella es su condición de posibilidad. Al mismo tiempo la tolerancia se justifica en atención al respeto que nos merecen todos los hombres en razón de su igual dignidad.
No está de
más advertir que aplicar el término tolerancia a las personas tiene algo de mezquino,
y por lo mismo poco de “ideal”, porque en principio el objeto de la tolerancia
es aquello que desde cierto punto de vista consideramos un mal. Tolerar a una persona es el último recurso
cuando parece imposible quererla. El término “respeto”, que Kant empleaba
para referirse a las personas, es más positivo que el término tolerancia,
porque excluye aquel matiz negativo. Más positivo aún es hablar, como he
apuntado antes, de benevolencia y ayuda. En este sentido creo preferible restringir el término tolerancia a las opiniones, y a
las actitudes. Extenderlo indiscriminadamente a las personas comporta
valorarlas negativamente de antemano. Si
la tolerancia puede ser considerada una virtud, es sólo porque incluye un fuerte
contenido de respeto a la persona, independientemente de las opiniones y
actitudes que mantenga. No es preciso ejercer la tolerancia cuando se está
de acuerdo con las ideas ajenas. La tolerancia existe como virtud únicamente
cuando hay desacuerdo sobre ellas, y al mismo tiempo respeto por la persona…
Erich von Kahler señalaba en un viejo artículo (3) la diferencia entre la democracia antigua y la moderna caracterizando a la antigua como “activa”, y a la moderna como “defensiva”. La democracia antigua era activa porque consistía fundamentalmente en la participación activa de todos los ciudadanos en el gobierno estatal, y se originaba a partir de la sucesiva ampliación de esta participación, deberes y responsabilidades a cada vez mayores estratos del pueblo (4). La moderna, en cambio, consiste ante todo y esencialmente en la libertad del individuo frente al Estado, y se origina mediante la conquista, no de deberes, sino de libertades y derechos. Precisamente la noción de “derecho” experimentó a finales de la Edad Media una paulatina transformación que ha hecho posible en nuestra época llegar a plantear la ampliación del objeto de la tolerancia a los “estilos de vida” antes mencionados.
Lo que
distingue nuestra época de las anteriores es que tales conductas o estilos de
vida adquieren la forma de una reclamación en el foro público… El criterio con
el cual funciona el legislador humano parece ser triple: la mayoría, el daño de terceros y la subsistencia de la sociedad.
Mientras que el primero de los criterios parece sometido a más contingencias
históricas, el segundo y el tercero proporcionan unas orientaciones que podríamos
calificar de más permanentes…
Tal cambio de perspectiva tiene una larga historia, que pasa por la subjetivización primero de la idea de derecho natural (5), y, como ha visto Siegfried König, por su transformación posterior en la idea de derechos humanos (6). En el pensamiento de Kant, el inefable fundamento de la idea de derechos humanos es la idea de dignidad entendida como autonomía, y autonomía es propiamente el “contenido” del concepto kantiano de derechos humanos (7).»
continuará
(1) Cf. Hannah Arendt: Aufklärung und Judenfrage, p. 109.
(2) Hechos de los Apóstoles, capítulo 28,
versículo 2
(3) Erich
von Kahler: «Das Schicksal der Demokratie» (1948/52), en Grundprobleme der Demokratie, Hrsg. Ulrich Matz, Darmstadt, 1973,
pp. 35-66.
(4) Cf.
Erich von Kahler: "Das Schicksal der
Demokratie", p.38.
(5) Cf. Richard
Tuck: Natural Rights Theories,
Oxford, Clarendon Press, 1980.
(6) Cf. Siegfried König: Zur Begründung der Menschenrechte: Hobbes, Locke, Kant, Alber, Freiburg, München, 1994, p. 297.
(7) Cf. Siegfried König: Zur Begründung der Menschenrechte, p. 261.






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