miércoles, 31 de mayo de 2023

El margen de lo aceptable

Sobre la tolerancia (1)


En unos momentos en que la polarización se hace cada vez más patente en el plano político, con pretensión de arrastrar al conjunto de la población a seguir sus pasos, puede venir bien versar sobre la tolerancia, un concepto ambiguo que se presta a muchas consideraciones y que básicamente se contrapone a las alergias de cualquier tipo.

Como en otros casos, ha sido un extenso artículo de tono académico publicado en la revista Nuestro Tiempo* el que me ha dado la pauta. Está escrito por Ana Marta González, profesora universitaria de Filosofía, hace un cuarto de siglo, pero su contenido es plenamente vigente. Se titula Las paradojas de la tolerancia. Reproduciré unos cuantos fragmentos repartidos en varias publicaciones de un texto que, quien quiera leerlo completo lo encontrará en el siguiente enlace: https://www.mercaba.org/ARTICULOS/L/las_paradojas_de_la_tolerancia.htm.

«Exigir tolerancia no es lo mismo que exigir paz. El ámbito de la tolerancia, no es el de una situación de excepción: tolerancia no es un concepto que se invoque en tiempos de guerra, pues más bien, como apunta Manfred Hättich, significa la renuncia consciente a la guerra como medio de solución de problemas. Ante un conflicto bélico cualquiera no nos viene a los labios la palabra "tolerancia" sino la palabra "paz". Sólo cuando hay paz se puede comenzar a hablar de tolerancia. Según esto, el marco de la tolerancia no es tanto el de una situación de excepción cuanto más bien el de una convivencia normal en la que comienzan a advertirse signos de deterioro. Ese deterioro no es algo repentino, ni tiene primariamente que ver con la mala voluntad; con frecuencia tiene como origen la escasez, por ejemplo la escasez de puestos de trabajo. Así suele darse razón, por ejemplo, de la crisis económica del 1929. Entonces se traduce este deterioro en violencia civil, o en la creciente marginación de minorías étnicas o religiosas. Naturalmente, si el clima de intolerancia prospera, puede desembocar en guerra (1)

Ahora advertimos con más claridad que los sistemas democráticos, aun entendiéndose a sí mismos como sistemas formales, abiertos en principio a cualquier concepción personal de la vida, no hacen superflua la invocación de un concepto que reclama, no sólo de las instituciones sino también de los individuos, el desarrollo de un talante moral por el cual se acepta al diferente. “Tolerancia” es, en efecto, el talante moral del demócrata, quien paradójicamente, se encarga a su vez de señalar al que se le opone como “fundamentalista”…

El concepto europeo de tolerancia tiene un significado político de origen relativamente reciente, muy ligado a la Europa de la Reforma Protestante. Tolerancia fue el concepto esgrimido por la ilustración para afrontar los problemas de convivencia entre las distintas confesiones en los siglos XVII y XVIII, particularmente agudos entonces debido a la confusión entre autoridad civil y religiosa. El concepto de tolerancia, tal y como hoy lo entendemos, germinó, pues, en un suelo muy concreto. Cuando hoy invocamos ese concepto lo hacemos desde una determinada tradición, concretamente desde la tradición ilustrada. Lo hacemos, sin embargo, como observa Robert Spaemann, convencidos de que esa palabra es portadora de algo extensible a todos los hombres (2).

Destacar lo universal del concepto de tolerancia, esto es, la idea que consideramos “exportable” a otras culturas, no puede hacerse sin precisar el significado de este concepto. “Tolerancia” es un concepto lo suficientemente vago como para ser manipulable (3). Por eso es muy fácil que adquiera significados tan diversos y enfrentados como diversas y enfrentadas son las posturas e intereses particulares de quienes lo usan (4). Manfred Hättich apuntaba al núcleo de la cuestión al formular preguntas como éstas: ¿Domina la tolerancia en una sociedad, cuando los hombres, deseando ser tolerantes, ya no se atreven a manifestar una opinión firme sobre algún tema, en el temor de herir a alguien?, ¿equivale tolerancia a indiferencia, o comporta más bien una actitud positiva?; ¿hay algo razonablemente intolerable?; ¿son las opiniones o las personas el objeto de tolerancia? Plantearse estas cuestiones es siempre necesario para precisar el sentido de la tolerancia. Para responderlas, sin embargo, sería conveniente esbozar antes, aunque sea de modo breve, la historia de este concepto. En la medida en que los conceptos tienen una historia es por lo menos aventurado prescindir de ella en nuestras reflexiones (5).

El contexto del concepto de tolerancia es político. Su origen histórico como concepto político hay que buscarlo en la Inglaterra del siglo XVII. John Locke tenía a la vista las revueltas que se sucedían en Inglaterra con ocasión de la sucesión en el trono de Carlos II cuando escribió en Holanda su Carta sobre la Tolerancia

Un personaje importante en la marcha de estos enfrentamientos fue Lord Shaftesbury. Precisamente Locke era secretario suyo. Esta circunstancia hizo aconsejable su retirada a Holanda, cuando la situación se volvió comprometida (6). Escribe entonces su Carta sobre la tolerancia, y por cierto desde una perspectiva anglicana. La carta comienza planteando la tolerancia como nota característica de la iglesia verdadera, aunque no vacile en excluir a los ateos (7) y a los católicos de la tolerancia, por considerar que estos debían obediencia a una autoridad extranjera…

Voltaire pocos años más tarde que Locke, en Francia, haría uso también del concepto de tolerancia como arma arrojadiza contra los cristianos (8). Su concepto de tolerancia se apoyaba en un escepticismo radical (9). Menos virulento y más confiado en el poder de la razón humana fue el concepto de tolerancia que desarrolló la Ilustración alemana en el siglo XVIII, principalmente de la mano de Lessing. El siglo XVIII conoce una abundante literatura en torno a este tema. Para este siglo la tolerancia es más que una palabra: es una tarea que merece el compromiso de la vida entera. La exigencia de tolerancia significa en este contexto, la lucha por un espacio vital para otras confesiones religiosas, y libertad de pensamiento (10).

En su inicio, sin embargo, se desarrolló el concepto de tolerancia en un contexto teológico, en el que se planteaba el tema de la crítica al dogma ortodoxo y la libertad de predicación (11). Mediante el concepto de tolerancia se pretendía además, crear un marco de diálogo con religiones no cristianas (12). En este sentido, una idea clave de este debate será entender como verdades fundamentales de la fe cristiana aquellas que no tienen que ver directamente con la persona de Jesucristo. Estas verdades pertenecerían a una hipotética religión natural común a todos los hombres, como condición de una tolerancia universal (13). En este sentido es el concepto ilustrado de tolerancia profundamente racionalista.

Hablar de un concepto racionalista de tolerancia, significa reconocer el fundamento de la tolerancia en una idea común de humanidad, que, fundada en la racionalidad común a todos los hombres, hace abstracción de la historia y la tradición. Precisamente la separación de verdades históricas y verdades racionales es un pensamiento ilustrado, que Lessing hace suyo (14). Que ese concepto no está exento de problemas lo pone indirectamente de relieve Hannah Arendt tratando de la cuestión judía (15). La Ilustración lee la Biblia con desconfianza. Para la Ilustración es la separación de Biblia y Religión la única salvación posible de la religión (16)

continuará

*Revista Nuestro Tiempo, número 503, mayo 1996

(1) Cf. Manfred Hättich: «Das Toleranzproblem in der Demokratie», en Grundprobleme der Demokratie, Hrsg. Ulrich Matz, Darmstadt, 1973, p. 399.

(2) Cf. Robert Spaemann: «Universalismo o eurocentrismo. La universalidad de los derechos humanos», en Anuario Filosófico, 23,1990 (1), traducción: Daniel Innerarity. Referencia: https://revistas.unav.edu/index.php/anuario-filosofico/article/download/30009/25676

(3) Harald Schultze: Lessings Toleranzbegriff. Eine theologische Studie, Vandenhoeck &Rupprecht, Göttingen, 1969, p. 20.

(4) Cf. Manfred Hättich: «Das Toleranzproblem in der Demokratie», p. 397.

(5) Harald Schultze: Lessings Toleranzbegriff. Eine theologische Studie, Vandenhoeck &Rupprecht, Göttingen, 1969, p. 20.

(6) Cf. Introducción de Julius Ebbinghaus a la edición bilingüe, inglés-alemán de John Locke: A Letter concerning Toleration, Verlag von Felix Meiner, Hamburg, 1957, pp. xiii-xxii.

(7) Cf. JohnLocke: A Letter concerning Toleration, Verlag von Felix Meiner, Hamburg, 1957, p. 94.

(8) Cf. Voltaire: Dictionnaiere philosophique, Edition de Etiemble, Garnier, Paris, 1969, p. 403.

(9) Cf. Harald Schultze: Lessings Toleranzbegriff, p. 19.

(10) Cf. Harald Schultze: Lessings Toleranzbegriff, p. 12.

(11) Cf. Harald Schultze: Lessings Toleranzbegriff, p.13.

(12) Cf. Harald Schultze: Lessings Toleranzbegriff, p.15.

(13) Cf. Harald Schultze: Lessings Toleranzbegriff, p. 16.

(14) Cf. Hannah Arendt: Aufklärung und Judenfrage, en Die verborgene Tradition, Suhrkamp, Frankfurt am Main, 1976, pp.108-109.

(15) Ibidem

(16) Cf. Hannah Arendt: Aufklärung und Judenfrage, p. 111.


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