lunes, 11 de septiembre de 2023

La bondad no es una pose

El regusto de la lucha interior

¿Nos atraen los cotilleos? ¿Disfrutamos con ellos? ¿Frivolizamos colocando etiquetas? ¿Despotricamos en las redes sociales? ¿Emitimos juicios temerarios?… Actitudes que, paradójicamente, pueden ser habituales en quien se considera ‘buena persona’. «La bondad, afirma Francisco Pérez, no es una pose ante los demás con las apariencias de aires bondadosos cuando tal vez por dentro, en la interioridad del alma, se vive en podredumbre vital y espiritual (en pecado). Pero ocurre que para justificarnos nos fijamos en las debilidades y fallos de los demás» Sin embargo, «cuando uno se considera limitado y pecador es más comprensible y misericordioso ante los demás pues, de lo contrario, uno se dedica a husmear en los pecados y debilidades ajenas» (1).

Mirar hacia fuera para evitar mirar qué hay dentro; establecer un muro que impide observar lo que conviene corregir para mejorar como personas. El prelado pamplonés cita a san Agustín que, comentando el salmo 50, advierte: «Vivamos santamente y, aun viviendo santamente, no presumamos en absoluto de carecer de pecado. Que la alabanza de la vida sea tal que reclame el perdón. En cambio, los hombres sin esperanza, cuanto menos atentos están a reconocer sus pecados, tanto más curiosos son respecto de los ajenos. No buscan tanto qué pueden corregir sino de qué murmurar, y como no pueden excusarse a sí mismos, se muestran dispuestos a acusar a los demás» (2).

Dice Joseph de Maistre: «No conozco el corazón de un criminal, pero sí el de un hombre honesto y lo que veo allí me aterroriza» (3). Observar nuestros defectos nos puede asustar, desanimar incluso, de ahí la tentación de obviarlos endosando el marrón a los demás. Porque ser buenos nunca es fácil, supone a menudo luchar contra un ambiente que nos arrastra y contra algunas efervescencias interiores que surgen de inmediato. La bondad es un hábito cuyo efecto no es instantáneo; hidrata el alma apaciguándola, dulcificándola, haciéndola propensa a una alegría que es expansiva: no se queda en uno mismo, sino que se transmite al trato que se dispensa a los demás.

(1) Monseñor Francisco Pérez González: Presunción de ser bueno y sin pecado, publicado en Religión en Libertad el 3 de septiembre de 2023. Extraído de https://www.religionenlibertad.com/opinion/838871532/presuncion-bueno-pecado.html

(2) San Agustín: Sermón 19. Extraído de https://www.augustinus.it/spagnolo/discorsi/discorso_023_testo.htm

(3) Joseph de Maistre: «Je ne connais pas le cœur d’un criminel, mais celui d’un honnête homme et ce que j’y vois m’épouvante». Extraído de https://www.croirepublications.com/croire-et-vivre/40/gouttes-de-rosee


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