jueves, 10 de abril de 2025

En torno al Sínodo (2)

Para todos los bautizados

No era el horario habitual, iba a misa unos minutos más temprano porque antes había realizado una gestión en el Centro de Atención Primaria. Por el camino me encuentro a una catequista de la parroquia llevando un bolso y unas bolsas para tirar al contenedor. La saludo diciéndole que va muy cargada; me comenta entonces que va al hospital porque van a hacerle un cateterismo a su marido. Me pregunta si voy a misa y se lo confirmo. Le deseo que vaya bien la intervención y sigo el camino hacia la parroquia. Durante el trayecto pienso dos cosas: podría haberme ofrecido para tirar la basura al contenedor; y también que conviene informar al sacerdote de la intervención que deben hacerle al marido. En la oración de los fieles de la misa se ha mencionado y todos hemos rezado por la catequista y su marido.

¿Cómo sé que me habla el Espíritu Santo? Es una pregunta que se hizo al final de la última sesión en la que reflexionamos sobre la introducción del documento final del Sínodo de la sinodalidad. Lo asocio a una situación como la que he vivido; se han producido una serie de circunstancias imprevistas que han posibilitado que los que participábamos en la misa oráramos especialmente por este matrimonio.

Dicen que detrás de una gran expectación acostumbra a producirse una gran decepción. ¿Por qué puede dar esta impresión en este caso? Porque quizá esperamos un documento cerrado después de estudiar toda la documentación, deliberar y llegar a unas conclusiones; y lo que tenemos sobre todo son unas orientaciones destinadas a cambiar actitudes y procesos en todos los estamentos de la Iglesia, desde el último bautizado hasta el Santo Padre. Este cambio ha de generar muchas cuestiones y propuestas que tendrán que estudiarse para hacer el discernimiento apropiado; de ahí que se haya constituido el Secretariado General del Sínodo, pidiendo a su vez que se «dediquen personas y recursos para acompañar el camino de crecimiento como Iglesia sinodal en misión»; refiriéndose al mismo tiempo a quien debe ser el protagonista principal de esta transformación: «Hemos invocado el don pascual del Espíritu Santo, pidiéndole que nos enseñe lo que debemos hacer y nos muestre juntos el camino a seguir.»

No se trata de un proceso de ruptura: «Cada nuevo paso en la vida de la Iglesia es un regreso a la fuente, una experiencia renovada del encuentro con el Resucitado que los discípulos experimentaron en el Cenáculo la tarde de Pascua… Viviendo la conversación en el Espíritu, escuchándonos unos a otros, hemos percibido su presencia en medio de nosotros: la presencia de Aquel que, donando el Espíritu Santo, sigue suscitando en su Pueblo una unidad que es armonía de las diferencias Se remarca además que: «Todo el camino sinodal, enraizado en la Tradición de la Iglesia, se ha desarrollado a la luz del magisterio conciliar. El Concilio Vaticano II ha sido, de hecho, como una semilla sembrada en el campo del mundo y de la Iglesia.» Tampoco se desentiende de lo que ocurre en el mundo, especialmente de los hechos más sobrecogedores: «Fijar la mirada en el Señor no nos aparta de los dramas de la historia, sino que abre nuestros ojos para reconocer el sufrimiento que nos rodea y nos penetra».

De la misma manera que en el Concilio Vaticano II se establece una llamada universal a la santidad (2), en el Sínodo emerge «una llamada a la alegría y a la renovación de la Iglesia en el seguimiento del Señor, en el compromiso al servicio de su misión, en la búsqueda de los modos para serle fiel.» Abarca a todos los bautizados, pensando a la vez en la ansiada unidad de los cristianos: «Esta llamada se funda en la identidad bautismal común, se enraíza en la diversidad de contextos en los que la Iglesia está presente y encuentra su unidad en el único Padre, el único Señor y el único Espíritu. Interpela a todos los bautizados, sin excepción: “Todo el Pueblo de Dios es sujeto del anuncio del Evangelio. En él, todo bautizado es convocado para ser protagonista de la misión, porque todos somos discípulos misioneros” (3).»

El último fragmento que reproduzco tiene que ver con las tensiones que se generan en torno a un acontecimiento de este calibre: «No ocultamos que hemos experimentado en nosotros mismos el cansancio, la resistencia al cambio y la tentación de hacer que nuestras ideas prevalezcan sobre la escucha de la Palabra de Dios y la práctica del discernimiento. Sin embargo, la misericordia de Dios, Padre lleno de ternura, nos permite cada vez purificar nuestros corazones y continuar nuestro camino.... Esto nos hizo darnos cuenta de que la sinodalidad exige arrepentimiento y conversión. En la celebración del sacramento de la misericordia de Dios nos sentimos amados incondicionalmente: la dureza de los corazones ha sido superada y nos abre a la comunión. Por eso queremos ser una Iglesia misericordiosa, capaz de compartir con todos el perdón y la reconciliación que vienen de Dios: pura gracia de la que no somos dueños, sino sólo testigos

El Papa nos pide acoger el Sínodo, lo que supone interesarnos y participar en la medida de nuestras posibilidades. Pero, como todo lo que tiene que ver con crecer dentro de la Iglesia, será eficaz si va acompañado del deseo de conversión, es decir, de reflejarse en el Señor para ir conformando nuestra vida a su voluntad, una tarea que nunca se detiene. El aliento del Espíritu Santo no faltará, pero es necesario que nos lo creamos y lo tomemos en serio.

(1) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale. Capítulo: Introducción,  puntos tratados 1 a 12. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(2) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, capítulo 5, punto 42: «Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio estado.» Extraído de: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(3) Comisión Teológica Internacional: La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, punto 53: «En la Iglesia, la sinodalidad se vive al servicio de la misión. Ecclesia peregrinans natura sua missionaria est, "ella existe para evangelizar". Todo el Pueblo de Dios es el sujeto del anuncio del Evangelio. En él, todo Bautizado es convocado para ser protagonista de la misión porque todos somos discípulos misioneros. La Iglesia está llamada a activar en sinergia sinodal los ministerios y carismas presentes en su vida para discernir, en actitud de escucha de la voz del Espíritu, los caminos de la evangelización.» Extraído de https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/cti_documents/rc_cti_20180302_sinodalita_sp.html

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