La mediocridad no compensa
«Tres cosas hay en la vida / Salud, dinero y amor / Y el que tenga esas tres cosas / Que le dé gracias a Dios», cantaban Cristina y los Stop en la década de los sesenta (1), donde aparecen reflejadas las aspiraciones de una cantidad ingente de seres humanos. ¿Ha de extrañar que la enfermedad o la discapacidad fueran vistas como una maldición y motivo de aislamiento social en la época de Jesús o que en algún credo protestante se considere el éxito social o profesional como un signo de predilección: una especie de predestinación a la bienaventuranza eterna?Sin embargo, san Pablo parece actuar como aguafiestas: «Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados —judíos o griegos—, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (2). Antes Jesús había dicho: «Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío» (3). La cruz como adorno o para ser contemplada suele tener un pase, la toleramos, pero cargar con ella ya es otra cosa, cuesta de aceptar y tendemos a rebelarnos: ¿por qué a mí?
En el Documento final del Sínodo (4) se expresa un lamento: «Surgió la aspiración de ampliar las posibilidades de participación y ejercicio de la corresponsabilidad diferenciada de todos los bautizados, hombres y mujeres. En este sentido, sin embargo, se expresó la tristeza por la falta de participación de tantos miembros del Pueblo de Dios en este camino de renovación eclesial y el cansancio generalizado para experimentar plenamente una sana relacionalidad entre hombres y mujeres, entre generaciones y entre personas y grupos de diferentes identidades culturales y condiciones sociales, especialmente los pobres y excluidos.» El Sínodo es una llamada a todos los católicos a participar, pero la mayoría o no se ha enterado, o ha pensado que no iba con ellos, o se ha considerado incompetente. ¡Qué pena! Todavía están a tiempo, sin embargo, para instar a que la sinodalidad se aplique en la comunidad eclesial que frecuentan. Puede ocurrir que los anhelos expresados en la canción sean un freno porque antes de dar un paso adelante se esté pensando en la retribución que se va a obtener en esos términos.
Termino haciendo mención a dos aspectos cruciales para que la diversidad y la unidad confluyan: «La Iglesia entera ha sido siempre una pluralidad de pueblos y lenguas, de Iglesias con sus ritos, disciplinas y patrimonios teológicos y espirituales particulares, de vocaciones, carismas y ministerios al servicio del bien común. La unidad de esta diversidad es realizada por Cristo, piedra angular, y el Espíritu, maestro de armonía. Esta unidad en la diversidad está designada precisamente por la catolicidad de la Iglesia.» Destaca además el papel del Santo Padre: «El ministerio del Sucesor de Pedro “garantiza las diferencias legítimas y simultáneamente vela para que las divergencias sirvan a la unidad en vez de dañarla” (5).»
(1) Cristina y los Stop: Tres cosas hay en la vida. Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=vB3jQ-j4yus
(2) 1ª carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 1,
versículos 22-24. Extraído de
https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/
(3) Evangelio según
san Lucas, capítulo 14, versículo 27. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/
(4) Francisco, XVI
Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal:
comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale:
comunione, participazione, missione. Documento finale puntos tratados 36 a 42.
Enlace oficial:
https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf





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