sábado, 6 de septiembre de 2025

Un bien inconmensurable

Lastrada por el cálculo

Antes nunca estuve así enamorado / No sentí jamás esta sensación / La gente en las calles parece más buena /Todo es diferente, gracias al amor // La felicidad, ¡ja, ja, ja, ja! / De sentir amor / Hoy hace cantar / A mi corazón / La felicidad, ¡ja, ja, ja, ja! / Me la dio tu amor / Hoy vuelvo a cantar / Gracias al amor, / y todo gracias al amor.

Una pegadiza canción interpretada por Palito Ortega (1) que concuerda con lo que escribe la psiquiatra Marian Rojas Estapé (2): «Al enamorarnos, todo cobra una ilusión especial. Lo que sucede es mejor, el mundo se convierte en un lugar más amable, las canciones nos recuerdan a esa persona. Queremos saltar, bailar y llevar una sonrisa puesta todo el día. Al enamorarnos, el organismo genera endorfinas y percibe de forma más leve el dolor y la tristeza. Cualquier oportunidad es buena para disfrutarla. Sentimos menos apetito, dormimos menos ¡y aguantamos! Las emociones son más intensas de lo normal y la alegría se activa ante pequeños estímulos.»

La canción acopla enamoramiento y felicidad. ¿Se perpetúa de esta manera este ‘estado de grata satisfacción espiritual y física’ (3)? La psiquiatra nos indica qué pasa en el organismo: «Cuando uno se enamora suceden cambios muy interesantes en el cerebro… La corteza prefrontal, el área encargada de la concentración, de la atención, de la planificación y de la capacidad de juicio, se apaga… Cuesta más discernir sobre lo que nos conviene y resulta complicado apreciar y analizar los posibles riesgos de la relación. La amígdala -la zona encargada del miedo- también pierde su fuerza y el estado de alerta disminuye; es decir, uno percibe de forma menos intensa los peligros. ¡Uno hace casi cualquier cosa cuando se enamora!»

De la euforia al desencanto se puede pasar en un plis plas si la voluntad iluminada por la razón no pone remedio y nos conduce hacia estados más serenos donde el amor se va consolidando y los estados felicidad que uno va percibiendo en su vida no dependen de arrebatos anímicos, reconocimientos obtenidos o estímulos externos de cualquier tipo.

He abordado este tema tras leer la columna Obligados a la felicidad (4), escrita por un estudiante de periodismo en una revista universitaria, que se inicia con esta frase:  «La constante necesidad de aparentar ser feliz es una tiranía que nos esclaviza y nos saca de la realidad.» ¿A qué se refiere? Ignacio Cortés glosa Happycracia (5), el libro escrito por Edgar Cabanas y Eva Illouz que cuestiona la instrumentalización que de la felicidad hace la psicología positiva, cuyo objeto es «el estudio científico de la felicidad y el bienestar, centrándose en las fortalezas humanas, las emociones positivas y el funcionamiento óptimo de las personas para que vivan vidas plenas y con sentido» (6).

La tesis que defienden Cabanas e Illouz, ampliamente argumentada en su ensayo, puede resumirse en este fragmento: «La psicología positiva y economía de la felicidad comparten una misma convicción: que la felicidad no es ni un constructo mal definido -pese a la enorme falta de consenso sobre su definición-, ni un constructo especulativo con multitud de matices históricos y filosóficos -pese a ser uno de los conceptos de más larga tradición en la historia del pensamiento-; se trata, por el contrario, de un concepto objetivo, universal y susceptible de ser medido de forma imparcial y exacta. La cuestión de la medición de la felicidad es, en efecto, un tema determinante en la alianza entre ambas disciplinas. Y es que, a falta de un consenso teórico sobre la misma, se suele optar por definir la felicidad desde un punto de vista brutalmente empírico.»

Contemplada de esta manera la felicidad abandonaría la instancia subjetiva del individuo para convertirse en objeto de cálculo obtenido a partir de los parámetros elaborados por ‘psicólogos positivos’, cuyas conclusiones repercuten en todo tipo de relaciones personales, profesionales y sociales; ¿acaso no se hace incluso un ranking de ‘países felices’? La frase de Ignacio Cortés expresa una de las consecuencias de objetivar la felicidad; también la perplejidad de aquel paciente que al leer el informe del médico dice: ‘cómo es que estoy tan bien y me encuentro tan mal’.

El psiquiatra Enrique Rojas, padre de Marian, dice en una entrevista (7): «La felicidad consiste en hacer algo que merezca la pena con la propia vida. Eso se consigue teniendo un proyecto de vida con cuatro grandes temas: amor, trabajo, cultura y amistad. La felicidad es suma de haber trabajado estas herramientas con tesón y voluntad. Es importante moderar las ambiciones, tener expectativas controladas.»

¿Y usted es feliz?, le preguntan. «Mi grado felicidad es positivo. Tengo una mujer excepcional y unas hijas que me llenan de vida. Tengo un trabajo como psiquiatra que centra mi vida por completo, pero la felicidad absoluta no existe, solo se da en el otro barrio. Tenemos que aspirar a una felicidad razonable, lo que yo llamo una vida lograda, aquella en la que los principales argumentos de la vida han funcionado bien, y, al mismo tiempo, tener buena salud y mala memoria. Saber olvidar y superar las adversidades es salud mental.»

Escucharemos muchas afirmaciones y consejos para ser felices, pero es en la gestión del día a día, con sus aciertos y errores, donde percibiremos aquello que nos aporta felicidad y lo que nos desazona. Si somos capaces de reflexionar sobre ello sin obsesionarnos es posible que nos demos cuenta de lo insospechados que son, tantas veces, los caminos por los que nos llega la felicidad.

(1) Palito Ortega: La felicidad. Se puede escuchar en https://www.youtube.com/watch?v=Z9As8OJ165w

(2) Marian Rojas Estapé: Encuentra tu persona vitamina (2021). Editorial: Espasa - 1ª edición: 2021. 318 páginas. Capítulo 15, páginas 217 y 213-214.

(3) Primera acepción de la RAE de la palabra felicidad: https://dle.rae.es/felicidad?m=form

(4) Ignacio Cortés Vidal de Villalonga: Obligados a la felicidad. Artículo publicado en el número 722 de la revista Nuestro Tiempo, mayo 2025, página 76. Lo podéis leer en https://nuestrotiempo.unav.edu/w/obligados-a-la-felicidad

(5) Edgar Cabanas y Eva Illouz: Happycracia. Título original: Happycratie (2018). Editorial: Paidós – Colección: Contextos - 3ª impresión (2019). Traductora: Núria Petit. 219 páginas. Capítulo 1, página 47.

(6) Consulta en Google de la voz 'Psicología positiva'.

(7) Entrevista a Enrique Rojas publicada en Salud y medicina el 19 de agosto de 2020. https://saludymedicina.org/post/la-felicidad-consiste-en-tener-buena-salud-y-mala-memoria

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