jueves, 11 de septiembre de 2025

En torno al Sínodo (19)

Regla de tres

El laureado piloto de motociclismo Marc Márquez fue la imagen del cartel publicitario de una conocida empresa de mantenimiento de vehículos, unido al lema “la confianza no se compra ni se vende, se gana”.

En una conferencia sobre la confianza cuenta Robert Spaemann (1): «En una de las Historias Magrebíes de Rezzori, un padre anima a su pequeño hijo a saltar a sus brazos abiertos, desde el árbol al que se había subido. El niño salta, el padre se retira y le deja caer al suelo. El niño llora y el padre le explica: 'Lo hice para que aprendas a no confiar en nadie'.» Añade Spaemann: «El padre tiene razón: no es la confianza lo que se aprende, sino la desconfianza.»

Recuerdo también el comentario de un exdirigente político al conocer que a una negociación política había acudido un número elevado de representantes de un partido: ‘van muchos, eso significa que no se fían entre ellos’.

Necesitamos confiar para vivir, no está hecho el ser humano para estar completamente aislado de sus semejantes, y cualquier relación se sostiene en la confianza. Dice el filósofo: «La confianza, alabada o no, es por principio inevitable… Autonomía absoluta sólo existe para el hombre en el breve instante en el que pretende separarse del mundo. Si queremos vivir debemos renunciar al deseo de ser dueños de la situación: tenemos que confiar en los demás.»

La desconfianza entre distintos sectores de la Iglesia es uno de los obstáculos que ha tenido que sortear el Sínodo de la sinodalidad; un esfuerzo que continuará en su aplicación. El Documento final lo expresa en el punto 6: «No ocultamos que hemos experimentado en nosotros mismos el cansancio, la resistencia al cambio y la tentación de hacer que nuestras ideas prevalezcan sobre la escucha de la Palabra de Dios y la práctica del discernimiento. Sin embargo, la misericordia de Dios, Padre lleno de ternura, nos permite cada vez purificar nuestros corazones y continuar nuestro camino

En la andadura de estos escritos sobre el Sínodo toca empezar a abordar la tercera parte del Documento final, titulado ‘Echar la red’, con el subtítulo: ‘La conversión de los procesos’ (2). La alusión al pasaje evangélico de la pesca milagrosa (3) nos ha de hacer pensar que, en último término, la barca de la Iglesia la dirige el Señor a través del Espíritu Santo. El proceso sinodal en toda su extensión y con todas sus connotaciones supone confiar en que a pesar de lo que puedan sugerir las limitaciones y desavenencias humanas, más o menos manifiestas, la acción del Espíritu Santo se hará presente y patente: «A lo largo del proceso sinodal, intentamos escuchar esta Voz y acoger lo que nos decía. En la oración y el diálogo fraterno, reconocimos que el discernimiento eclesial, el cuidado de los procesos decisionales y el compromiso de rendir cuentas del propio trabajo y evaluar el resultado de las decisiones tomadas son prácticas con las que respondemos a la Palabra que nos muestra los caminos de la misión.»

La confianza mutua es necesaria para llevar a cabo estas prácticas adecuadamente: «Estas tres prácticas están estrechamente interrelacionadas. Los procesos de toma de decisiones requieren un discernimiento eclesial, que exige escuchar en un clima de confianza, favorecido por la transparencia y la rendición de cuentas. La confianza debe ser recíproca: los responsables de la toma de decisiones deben ser capaces de confiar y escuchar al Pueblo de Dios, que a su vez debe ser capaz de confiar en aquellos que ejercen la autoridad. Esta visión integral subraya que cada una de estas prácticas dependen mutuamente y se apoyan entre sí, sirviendo a la capacidad de la Iglesia para cumplir su misión.»

Hay otro requisito que nos atañe a todos: la necesidad de formación que necesitamos todos, no sólo los que tienen algún grado de responsabilidad eclesial: «Comprometerse con procesos de toma de decisiones basados en el discernimiento eclesial y asumir una cultura de transparencia, de la rendición de cuentas y la evaluación requiere una formación adecuada que no sea sólo técnica, sino capaz de explorar sus fundamentos teológicos, bíblicos y espirituales. Todos los bautizados tienen necesidad de esta formación para el testimonio, la misión, la santidad y el servicio, que pone en relieve la corresponsabilidad. Esto adquiere formas particulares para quienes ocupan puestos de responsabilidad o están al servicio del discernimiento eclesial.»

La sinodalidad remueve todos los estamentos de la Iglesia y todos los fieles católicos debemos sentir-nos aludidos. El Documento final nos pone deberes a todos si queremos servir a la Iglesia como necesita ser servida, en los que hay tres principios de ese ‘caminar juntos’ (sinodalidad) que es preciso aplicar: confianza, escucha y discernimiento, siempre orientados a estar cada día más cerca del Señor y servirle desde el lugar en que nos corresponda estar.

(1) Robert Spaemann : Confianza, conferencia pronunciada en Madrid el 19 de mayo de 2005, publicada en la Revista Empresa y Humanismo, volumen IX, 2/05, páginas 131-148: https://revistas.unav.edu/index.php/empresa-y-humanismo/article/view/33333/28547

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Tercera parte: “Echar la red”. Puntos tratados 79 y 80. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) Evangelio según san Juan, capítulo 21, versículos 5-6: «Jesús les dice: “Muchachos, ¿tenéis pescado?”. Ellos contestaron: “No”. Él les dice: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/juan/.

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