lunes, 3 de noviembre de 2025

En torno al Sínodo (24)

Dentro de un orden

Una famosa portada de la revista de humor satírico Hermano lobo mostraba la arenga de un político desde el estrado proclamando “O nosotros o el caos”. Tras la respuesta de la multitud: “el caos, el caos”, el político afirma: “Es igual, también somos nosotros” (1).

La voluntad participativa, que abarca a todo bautizado, con que se presenta la sinodalidad puede dar pie a pensar en un escenario caótico; un murmullo ensordecedor donde pueden proliferar ideas peregrinas y prácticas extravagantes, mezcladas con resistencias más o menos timoratas amparadas en la posibilidad de que se deriven cambios doctrinales alejados de la Sagrada Escritura y la tradición eclesiástica.

El último epígrafe de la tercera parte del Documento final del Sínodo (2) indica el camino que debe seguir esta inmensa participación que se persigue: «La participación de los bautizados en los procesos decisionales, así como las prácticas de rendición de cuentas y de evaluación, se desarrollan a través de mediaciones institucionales, en primer lugar, los órganos de participación que, a nivel de la Iglesia local, ya prevé el derecho canónico.» Unos órganos que enumera a continuación y de los que indica que «los miembros lo son en función de su rol eclesial, según sus responsabilidades diferenciadas en las distintas capacidades» y que «cada uno de estos organismos participa en el discernimiento necesario para el anuncio inculturado del Evangelio, la misión de la comunidad en su propio ambiente y el testimonio de los bautizados que la componen.»

El Documento interpela a que estos organismos sean creados donde no existan y, además, operativos: «Una Iglesia sinodal se basa en la existencia, eficiencia y vitalidad efectiva, y no meramente nominal, de estos órganos de participación, así como en su funcionamiento conforme a las disposiciones canónicas o a la costumbre legítima, y en el cumplimiento de los estatutos y reglamentos que los rigen.» Puntualizando a continuación que «deberían ser obligatorios».

El Documento da unas orientaciones sobre el funcionamiento de dichos organismos, que remite a la autoridad competente sin especificarlo: «Resulta oportuno intervenir en el funcionamiento de estos organismos, empezando por la adopción de una metodología de trabajo sinodal»; que «debe prestarse especial atención al modo de designación de los miembros», poniendo énfasis en que «se favorezca una mayor implicación de las mujeres, de los jóvenes y de quienes viven en condiciones de pobreza o marginación»; y que «es esencial que estos órganos incluyan a personas bautizadas comprometidas con el testimonio de la fe en las realidades ordinarias de la vida y en las dinámicas sociales, con una reconocida disposición apostólica y misionera, y no sólo a personas dedicadas a organizar la vida y los servicios dentro de la comunidad. De este modo, el discernimiento eclesial se beneficiará de una mayor apertura, capacidad de análisis de la realidad y pluralidad de perspectivas

Concluyo reproduciendo algunos fragmentos de la homilía que pronunció el papa León el pasado 26 de octubre dirigida a los miembros de los equipos sinodales y los órganos de participación en el marco del Jubileo (4). Pienso que son ilustrativos del camino eclesial auspiciado por el papa Francisco y corroborado por su sucesor:

«Al celebrar el Jubileo de los equipos sinodales y de los órganos de participación, se nos invita a contemplar y a redescubrir el misterio de la Iglesia, que no es una simple institución religiosa ni se identifica con las jerarquías o con sus estructuras. La Iglesia, en cambio, como nos lo ha recordado el Concilio Vaticano II (3), es el signo visible de la unión entre Dios y los hombres, de su proyecto de reunirnos a todos en una única familia de hermanos y hermanas y de hacer de nosotros su pueblo, un pueblo de hijos amados, todos unidos en el único abrazo de su amor.

Mirando el misterio de la comunión eclesial, generada y custodiada por el Espíritu Santo, podemos comprender también el significado de los equipos sinodales y de los órganos de participación. Estas estructuras expresan lo que ocurre en la Iglesia, donde las relaciones no responden a las lógicas del poder sino a las del amor. Las primeras —para recordar una admonición constante del Papa Francisco— son lógicas “mundanas”, mientras que en la comunidad cristiana el primado atañe a la vida espiritual, que nos hace descubrir que todos somos hijos de Dios, hermanos entre nosotros, llamados a servirnos los unos a los otros.

La regla suprema en la Iglesia es el amor. Nadie está llamado a mandar, todos lo son a servir; nadie debe imponer las propias ideas, todos deben escucharse recíprocamente; sin excluir a nadie, todos estamos llamados a participar; ninguno posee la verdad toda entera, todos la debemos buscar con humildad, y juntos.

Precisamente la palabra “juntos” expresa la llamada a la comunión en la Iglesia. El Papa Francisco nos lo ha recordado también en su último Mensaje de Cuaresma: «La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales. Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (5)

Tras hacer alusión al evangelio que se leía ese domingo, el del fariseo y el publicano (6), continúa: «Los equipos sinodales y los organismos de participación son imagen de esa Iglesia que vive en la comunión. Y hoy quisiera invitarlos a que, en la escucha del Espíritu, en el diálogo, en la fraternidad y en la parresia, nos ayuden a comprender que, en la Iglesia, antes de cualquier diferencia, estamos llamados a caminar juntos en busca de Dios, para revestirnos de los sentimientos de Cristo; ayúdennos a ensanchar el espacio eclesial para que este sea colegial y acogedor.

Esto nos ayudará a afrontar con confianza y con espíritu renovado las tensiones que atraviesan la vida de la Iglesia —entre unidad y diversidad, tradición y novedad, autoridad y participación—, dejando que el Espíritu las transforme, para que no se conviertan en contraposiciones ideológicas y polarizaciones dañinas. No se trata de resolverlas reduciendo unas a otras, sino dejar que sean fecundadas por el Espíritu, para que se armonicen y orienten hacia un discernimiento común. Como equipos sinodales y miembros de organismos de participación saben ciertamente que el discernimiento eclesial requiere “libertad interior, humildad, oración, confianza mutua, apertura a las novedades y abandono a la voluntad de Dios. No es nunca la afirmación de un punto de vista personal o de grupo, ni se resuelve en la simple suma de opiniones individuales” (7). Ser Iglesia sinodal significa reconocer que la verdad no se posee, sino que se busca juntos, dejándonos guiar por un corazón inquieto y enamorado del Amor

(1) Portada del número 169 del semanario Hermano lobo, 2 de agosto de 1975

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Tercera parte: “Echar la red”. Puntos tratados 103 a 108. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium, número 1: «La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(4) León XIV: Homilía del 26 de octubre de 2025. Extraído de https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20251026-giubileo-equipe-sinodali.html

(5) Francisco: Mensaje de Cuaresma, 25 de febrero de 2025. Ver en https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2025/02/25/240225a.html

(6) Ver Evangelio según San Lucas, capítulo 18, versículos 9-14. Referencia https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

(7) Sínodo de la sinodalidad: Documento final, 26 octubre 2024, número 82.

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