Descubrimiento tras la desazón
Nada sabía de san Alberto Hurtado hasta que una noticia sobre un acto realizado en una universidad chilena que lleva su nombre, que me produjo una cierta desazón, me llevó a interesarme por saber algo más de este santo chileno al que hizo referencia en diversas ocasiones el papa Francisco durante su viaje a Chile en enero de 2018 (1).Buscando en internet encontré un texto que transcribe, tras
una breve glosa biográfica, algunas intervenciones orales y escritas del santo;
ha sido publicado con el título Un fuego que enciende otros fuegos (2).
Alberto Hurtado Cruchaga nació y murió en Chile. Su vida
transcurrió entre los años 1901 y 1952. Cincuenta y un años de una vida
intensa, veintinueve de ellos unido a la Compañía de Jesús y diecinueve como
sacerdote. Fue canonizado en el año 2005 por el papa Benedicto XVI. Los
escritos a los que he tenido acceso revelan una gran fuerza espiritual, acompañada
de un espíritu apostólico desbordante y una inquietud social del mismo cariz.
Reproduzco a continuación uno de los textos, que no desmerece los otros incluidos en la obra citada. Se titula Nuestra imitación de Cristo; recoge una conferencia pronunciada en la Universidad Católica de Chile en 1940, cuyo contenido es tan actual y universal como lo era entonces. Invita a reflexionar sobre si estamos bien orientados en nuestra manera de vivir la fe.
«Toda nuestra santificación consiste en conocer a Cristo e imitar a Cristo. Todo el evangelio y todos los santos están llenos de este ideal, que es el ideal cristiano por excelencia. Vivir en Cristo; transformarse en Cristo... San Pablo: “Nada juzgué digno sino de conocer a Cristo y a este crucificado” (3)... “Vivo yo, ya no yo, sino Cristo vive en mí” (3)... La tarea de todos los santos es realizar en la medida de sus fuerzas, según la donación de la gracia, diferente en cada uno, el ideal paulino de vivir la vida de Cristo. Imitar a Cristo, meditar en su vida, conocer sus ejemplos... Pero, ¡de cuántas maneras se ha comprendido la imitación de Cristo!I. Maneras erradas de imitar a Cristo
1. Para unos, la imitación de Cristo se reduce a un
estudio histórico de Jesús. Van a buscar el Cristo histórico y se quedan en
Él. Lo estudian, leen el Evangelio, investigan la cronología, se informan de
las costumbres del pueblo judío... Y su estudio, más bien científico que
espiritual, es frío e inerte. La imitación de Cristo para éstos se reduciría a
una copia literal de la vida de Cristo. Pero no es esto. No: “El espíritu
vivifica; la letra mata” (5).
2. Para otros, la imitación de Cristo es más bien un
asunto especulativo. Ven en Jesús como el gran legislador; el que soluciona
todos los problemas humanos, el sociólogo por excelencia; el artista que se
complace en la naturaleza, que se recrea con los pequeñuelos... Para unos es un
artista, un filósofo, un reformador, un sociólogo, y ellos lo contemplan, lo
admiran, pero no mudan su vida ante Él.
3. Otro grupo de personas creen imitar a Cristo
preocupándose, al extremo opuesto, únicamente de la observancia de sus
mandamientos, siendo fieles observadores de las leyes divinas y eclesiásticas.
Escrupulosos en la práctica de los ayunos y abstinencias. Contemplan la vida de
Cristo como un prolongado deber, y nuestra vida como un deber que prolonga el
de Cristo. A las leyes dadas por Cristo ellos agregan otras, para completar los
silencios, de modo que toda la vida es un continuo deber, un reglamento de perfección,
desconocedor en absoluto de la libertad de espíritu.
El foco de su atención no es Cristo, sino el pecado.
El sacramento esencial en la Iglesia no es la Eucaristía, ni el Bautismo, sino
la Confesión. La única preocupación es huir del pecado. E imitar a Cristo para
ellos es huir de los pensamientos malos, evitar todo peligro, limitar la
libertad de todo el mundo y sospechar malas intenciones en cualquier
acontecimiento de la vida. No; no es ésta la imitación de Cristo que
proponemos. Esta podría ser la actitud de los fariseos, no la de Cristo.
4. Para otros, la imitación de Cristo es un gran
activismo apostólico, una multiplicación de esfuerzos de orientación de
apostolado, un moverse continuamente en crear obras y más obras, en multiplicar
reuniones y asociaciones. Algunos sitúan el triunfo del catolicismo únicamente
en actitudes políticas. Para otros, lo esencial es una gran procesión de
antorchas, una reunión gigante, la fundación de un periódico... Y no digo que
eso esté mal, que eso no haya de hacerse. Todo es necesario, pero no es eso lo
esencial del catolicismo.
II. Verdadera solución
Nuestra imitación de Cristo consiste en vivir la vida de
Cristo, en tener esa actitud interior y exterior que en todo se conforma a la
de Cristo, en hacer lo que Cristo haría si estuviese en mi lugar. Lo
primero necesario para imitar a Cristo es asimilarse a Él por la gracia, que es
la participación de la vida divina. Y de aquí ante todo aprecia el Bautismo,
que introduce, y la Eucaristía que alimenta esa vida y que da a Cristo, y si la
pierde, la Penitencia para recobrar esa vida...
Y luego de poseer esa vida, procura actuarla
continuamente en todas las circunstancias de su vida por la práctica de todas
las virtudes que Cristo practicó, en particular por la caridad, la virtud más
amada de Cristo.
Esto supone un conocimiento de los evangelios y de la
tradición de la Iglesia, una lucha contra el pecado; trae consigo una
metafísica, una estética, una sociología, un espíritu ardiente de conquista...
Pero no cifra en ellos lo primordial. Si humanamente fracasa, si el éxito no
corona su apostolado, no por eso se impacienta. La única derrota consiste en
dejar de ser Cristo por la apostasía o por el pecado.
Este es el catolicismo de un Francisco de Asís, Ignacio, Javier, y de tantos jóvenes y no jóvenes que viven su vida cotidiana de casados, de profesores, de solteros, de estudiantes, de religiosos, que participan en el deporte y en la política con ese criterio de ser Cristo. Éstos son los faros que convierten las almas, y que salvan las naciones.»
(1) San Alberto Hurtado: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?,
artículo de Manuel Cubías publicado en Vatican News. Enlace: https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2020-08/aniversario-san-alberto-hurtado-que-haria-cristo-en-mi-lugar.html
(2) San Alberto Hurtado: Un fuego que enciende otros
fuegos. Editor: Centro de Estudios San Alberto Hurtado. Pontificia
Universidad Católica de Chile – 22ª edición (2012). 189 páginas. Capítulo:
Nuestra imitación de Cristo. Conferencia en la Universidad Católica, 1940,
páginas 131 a 133. Se puede acceder al texto completo en
https://www.clerus.org/clerus/dati/2012-07/31-13/Un_fuego.pdf
(3) 1ª Carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 2,
versículo 2
(4) Carta de san Pablo a los Gálatas, capítulo 2, versículo
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