domingo, 5 de julio de 2026

Relaciones provechosas

Comunicación fluida y atenta

El ingeniero, directivo de una empresa pública industrial, exponía en un curso de verano algunos detalles de su experiencia profesional. Me llamó la atención lo que contó sobre el trato con los obreros de la empresa. Un buen día decidió compartir con algunos de ellos el parón de media mañana -la hora del bocadillo-, pidiéndoles permiso para sentarse a su lado. Se trataba de un encuentro informal sin más propósito que el de charlar un rato y conocerse. No sé con qué frecuencia se producían estos encuentros que fueron trabando confianza entre ellos. En uno de ellos le comentaron al ingeniero que si se hacía una determinada modificación en el proceso productivo se aprovecharía mejor la materia prima. El ingeniero trasladó esta sugerencia a los responsables de producción que, tras estudiarla constataron que con dicha modificación se ahorraba la empresa muchos millones de pesetas (era la moneda española de entonces) en la producción. Aunque los obreros no esperaban ninguna gratificación y la normativa de la empresa no contemplaba ningún tipo de recompensa por este motivo, los directivos buscaron la forma de compensarles de alguna manera su aportación en beneficio de la empresa.

Contrasta este hecho con el que se encontró el director de una oficina bancaria con años de experiencia en la función, cuando la dirección comercial de la entidad puso en marcha un significativo cambio de estrategia. Se crearon departamentos nuevos y mandos intermedios que tenían asignados un grupo de oficinas, cuya tarea principal era controlar que las oficinas cumpliesen con los objetivos marcados por el área comercial. El cambio más importante que notó ese director es que, así como antes podía comentar con su jefe aspectos referentes al desarrollo de la actividad comercial en su ámbito, ahora resultaba que ‘no te escuchan’; él sólo debía centrarse en cumplir con los objetivos marcados, sabiendo que de ello dependía la retribución variable que recibiría.

Ambos ejemplos nos remiten a la comunicación intraempresarial y a un concepto que rompe con la consideración de que ‘a unos les toca mandar y a otros obedecer’: el feedback, la retroalimentación que surge cuando se comparte información y se presta atención a ella con objetivo de obtener mejoras en el desempeño personal, grupal, profesional o corporativo (1).

El feedback está orientado a ganar en eficacia, pero la relación entre personas que están, por el motivo que sea, en distintos niveles, también remite a una virtud: la humildad. En este sentido me ha sorprendido la reflexión que hace Romano Guardini en El Señor: «La verdadera humildad no va de abajo arriba, sino de arriba abajo, es decir, no consiste en que el inferior reconozca la supremacía del superior, sino en que éste sepa inclinarse con respeto ante la inferioridad del otro. Esta realidad tan misteriosa explica muy bien la imposibilidad de deducir las convicciones cristianas a partir de comportamientos terrenos. La humildad consiste ante todo en una actitud de la persona más importante, que con profundo respeto se abaja hasta el nivel del inferior, o sea, del más débil.

Al adoptar una actitud humilde, es cuando uno se sentirá -de un modo misterioso- más seguro de su propio ser y tomará conciencia de que, cuanto con mayor audacia renuncia a sus cualidades personales, tanto mayor será la certeza de poder encontrarse a sí mismo… En su actitud de humillación descubrirá los tesoros que esconde el inferior; y no sólo que éste “también tiene su propia valía”, sino que la condición de inferioridad posee un valor en sí misma. En ese momento, la inferioridad se revelará como un misterio insondable» (2).

Más adelante insiste con otros matices: «La humildad no brota del hombre; sus caminos no van de abajo hacia arriba, sino que descienden de lo alto. La actitud del inferior que se inclina ante el superior no se puede considerar humilde, sino realista. La verdadera humildad se produce cuando el superior se inclina ante el inferior, porque percibe en él una dignidad llena de misterio. Reconocer esa realidad misteriosa, apreciarla en su alto valor e inclinarse ante ella, eso es “humildad”. La humildad nace en Dios y se proyecta hacia la creatura» (3).

La reflexión de Guardini rompe con la consideración asociada a la humildad en el lenguaje corriente, pero encaja bien con lo que escribe san Pablo en dos de sus cartas. Una de ellas para evitar cualquier atisbo de vanidad: «A ver, ¿quién te hace tan importante? ¿Tienes algo que no hayas recibido? Y, si lo has recibido, ¿a qué tanto orgullo, como si nadie te lo hubiera dado?» (4). La otra se refiera al abajamiento de Jesús (kénosis en lenguaje teológico) para cumplir su misión: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (5).

El ingeniero comentaba que al principio le daba apuro aceptar la comida y bebida que le ofrecían los obreros, no estaba acostumbrado a sus formas. Se deshizo de esos reparos y, con ello, facilitó que la conversación se fuera desarrollando con mayor naturalidad sin perder el respeto mutuo que no se detiene en considerar escalafones.

Si queremos que la relación con los demás sea provechosa y no quede reducida a un grupo selecto, será necesario desprenderse en ocasiones -o quizá a menudo- de exquisiteces y adornos baldíos que añadimos a nuestra personalidad y son un obstáculo para el trato.

(1) En la página web https://www.godaddy.com/resources/es/crearweb/que-es-feedback-para-que-sirve podéis obtener más información sobre este concepto.

(2) Romano Guardini: El Señor. Meditaciones sobre la persona y la vida de Jesucristo. Título original: Der Herr. Betrachtungen über die person und das leben Jesu Christi (1961).  Editorial: Ediciones Cristiandad – 4ª edición (2018). Traductor: Dionisio Mínguez. 572 páginas. (Versión Kindle). Quinta parte, epígrafe 3.

(3) Romano Guardini: El Señor. Quinta parte, epígrafe 9.

(4) 1ª Carta de san Pablo a los Coríntios, capítulo 4, versículo 7. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/

(5) Carta de san Pablo a los Filipenses, capítulo 2, versículos 5 a 11. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/filipenses/

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