El asombro como vehículo
Al enfrentarse con la
apasionante tarea de educar un niño es fundamental disponer de criterios claros
para encauzar este cometido.
Para algunas corrientes
antropológicas y filosóficas la mente del ser humano al nacer es tabula rasa*, vacía de contenido.
Fundamentándose en esa concepción el diseño de la tarea educativa se orienta desde fuera. Se trataría de
nutrir la mente vacía de acuerdo con
unos parámetros fijados por los responsables educativos de la sociedad buscando
amoldar a los jóvenes miembros de la comunidad a un patrón preestablecido.
En Educar en el asombro Catherine L’Ecuyer defiende que el
protagonista de la educación ha de ser el niño, aprovechando su natural
curiosidad, que le lleva a hacerse preguntas e ir descubriendo lo que el mundo
exterior le va transmitiendo. Pero no puede hacerlo sólo, este aprendizaje
necesita de un entorno favorable, encabezado por una persona de confianza, el
padre, la madre o un cuidador, que le acompañe en su exploración de la
realidad. En este punto la autora hace hincapié en la teoría del apego**
desarrollada por el psicólogo John Bowlby.
En este contexto la
educación se orienta desde el interior del niño, creando un entorno que
facilite su capacidad de conocer, que se manifiesta a través del asombro, término
que desarrolla la escritora dividiendo el relato en dos partes: ¿Qué es el asombro? y ¿Cómo
educar en el asombro? El planteamiento sorprende porque rompe con la corriente educativa
dominante, donde las nuevas tecnologías y las actividades extraescolares acaparan
cada vez más espacio.
El texto abre
horizontes en la manera de enfocar la educación de los niños y los padres y educadores pueden sacar mucho provecho de su contenido.
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