jueves, 11 de febrero de 2016

Educar desde el interior

El asombro como vehículo

Al enfrentarse con la apasionante tarea de educar un niño es fundamental disponer de criterios claros para encauzar este cometido.

Para algunas corrientes antropológicas y filosóficas la mente del ser humano al nacer es tabula rasa*, vacía de contenido. Fundamentándose en esa concepción el diseño de la tarea educativa se orienta desde fuera. Se trataría de nutrir la mente vacía de acuerdo con unos parámetros fijados por los responsables educativos de la sociedad buscando amoldar a los jóvenes miembros de la comunidad a un patrón preestablecido.

En Educar en el asombro Catherine L’Ecuyer defiende que el protagonista de la educación ha de ser el niño, aprovechando su natural curiosidad, que le lleva a hacerse preguntas e ir descubriendo lo que el mundo exterior le va transmitiendo. Pero no puede hacerlo sólo, este aprendizaje necesita de un entorno favorable, encabezado por una persona de confianza, el padre, la madre o un cuidador, que le acompañe en su exploración de la realidad. En este punto la autora hace hincapié en la teoría del apego** desarrollada por el psicólogo John Bowlby.

En este contexto la educación se orienta desde el interior del niño, creando un entorno que facilite su capacidad de conocer, que se manifiesta a través del asombro, término que desarrolla la escritora dividiendo el relato en dos partes: ¿Qué es el asombro? y ¿Cómo educar en el asombro? El planteamiento sorprende porque rompe con la corriente educativa dominante, donde las nuevas tecnologías y las actividades extraescolares acaparan cada vez más espacio.

El texto abre horizontes en la manera de enfocar la educación de los niños y los padres y educadores pueden sacar mucho provecho de su contenido.




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