Vivir con el recuerdo de la
madre a cuestas
¿A qué está dispuesta a
renunciar una madre buscando el bien de su hijo?
En medio de una gran
hambruna muchos habitantes de Etiopía emigran y se concentran en un campo de
refugiados en Sudán, entre ellos los miembros de una comunidad judía que se
cree descendientes del rey Salomón y la reina de Saba, a
los que se denomina falashas,* que esperan ser trasladados a Israel en aviones fletados por el gobierno de ese
país dentro de la denominada Operación Moises. Una mujer cristiana empuja a su único hijo vivo a mezclarse con la expedición con la ayuda de una madre judía que acaba de
perder un hijo, venciendo su resistencia con el mensaje: vete y vive.
A partir de ahí la vida de
Salomón, nombre con el que se inserta en la comunidad judía, pasará por muchas
vicisitudes personales y sociales: perderá pronto a su madre adoptiva, tendrá
que integrarse en la comunidad judía, con su religión y tradiciones, y será adoptado por
una familia que no es practicante. Mantendrá el secreto sobre su origen
para evitar ser expulsado del país, sufrirá episodios de racismo y vivirá el
conflicto con los palestinos en los territorios ocupados.
Salomón irá superando todos
los obstáculos que se le presentan, pero una herida permanece en su corazón y en su mente:
el recuerdo de su madre, de la que no sabe nada desde que abandonó el campo de
refugiados.
Esta es a grandes rasgos la
historia que nos cuenta Vete y vive,
una película francesa dirigida por Radu Mihaileanu estrenada el año 2005, cuyo
contenido adquiere especial relevancia en momentos como el actual en que el
drama de los refugiados está tan presente en nuestra sociedad.

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