sábado, 8 de abril de 2017

La belleza de la escritura

Adornos en el relato

Al comentar La revolución oculta le achacaba una adjetivación excesiva y abundantes desviaciones del relato hacia vericuetos que no contribuyen a hacer más comprensible la exposición, sino que más bien despistan. El estilo narrativo estropeaba, en mi opinión, un arduo trabajo de investigación y análisis con valiosas aportaciones.

Susanna Tamaro
Como me ocurre en tantas ocasiones, no sé si supe expresarme adecuadamente; así que, cuando buscaba en mi base de datos información para orientar la redacción de otro escrito que se me había atascado –no sabía cómo dar forma a lo quería decir- y me topé con unos fragmentos del libro Querida Mathilda de Susanna Tamaro, que aludían a aquello que estimaba que entorpecía la lectura del texto de López Quintás, pensé que valía la pena reproducirlos, no sólo para complementar lo que había publicado, sino como referencia a tener en cuenta cada vez que escriba.

"La mayor parte de las veces, aquello que se ha de relatar está muy cerca de nosotros, y, para ser relatado, requiere una gran simplicidadlas sucesiones casi interminables de adjetivos no se prestan a la precisión ni a la eficacia de un relatoson verdaderamente diablillos porque tientan nuestra parte más frágil, la del orgullo y de la vanagloria. Musitan junto a nuestro oído: «Mira qué hermoso soy, mira qué difícil soy, qué elaborado; al leerme todos quedarán boquiabiertos, no podrán dejar de elogiar tu maestría, y tu originalidad!»

Verdaderamente es difícil resistirse al canto de esa sirena, incluso porque, con frecuencia, los adjetivos corren desde nuestro pensamiento a la pluma como el agua de un río desbordado. Son fáciles, bellos, a menudo incluso originales. ¿Por qué negarnos a ellos?

En realidad, cuando uno escribe no debe correr nunca detrás de la belleza, porque la belleza que ofrecen las palabras rebuscadas y altisonantes es una belleza totalmente exterior, superficial, un ropaje suntuoso y reluciente bajo el cual, la mayor parte de las veces, se oculta la nada.

La belleza que se ha de perseguir en la escritura, en cambio, es toda interior: es la belleza de la búsqueda, la belleza de la verdad, la belleza de la alegría, la intensidad del dolor. Escribir es un camino para conocerse, para conocer y para ofrecerse a través del conocimiento. No se escribe, no se debería escribir para buscar la aprobación y los elogios de los demás, sino para dar a ver algo que los demás no ven."


Libro leído: Susanna Tamaro: Querida Mathilda, no veo el momento en que el hombre eche a andar. (Cara Mathilda - Non vedo l'ora che l'uomo cammini 1997) – Editor: Seix Barral 1998 – Traductor: Atilio Pentimalli Melacrino. 188 páginas. Lo fragmentos seleccionados pertenecen a los capítulos “12 de febrero. La importancia de mantener un diario íntimo” y “19 de febrero. Escribir es un camino para conocerse”.

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