Adornos en el relato
Al comentar La revolución
oculta le achacaba una adjetivación excesiva y abundantes desviaciones del
relato hacia vericuetos que no contribuyen a hacer más comprensible la exposición,
sino que más bien despistan. El estilo narrativo estropeaba, en mi opinión, un
arduo trabajo de investigación y análisis con valiosas aportaciones.
![]() |
| Susanna Tamaro |
Como me ocurre en tantas ocasiones,
no sé si supe expresarme adecuadamente; así que, cuando buscaba en mi base de
datos información para orientar la redacción de otro escrito que se me había atascado –no sabía
cómo dar forma a lo quería decir- y me topé con unos fragmentos del libro
Querida Mathilda de Susanna Tamaro, que aludían a aquello que estimaba que entorpecía
la lectura del texto de López Quintás, pensé que valía la pena reproducirlos,
no sólo para complementar lo que había publicado, sino como referencia a tener
en cuenta cada vez que escriba.
"La mayor parte de las
veces, aquello que se ha de relatar está muy cerca de nosotros, y, para ser
relatado, requiere una gran simplicidad… las sucesiones casi interminables de
adjetivos no se prestan a la precisión ni a la eficacia de un relato… son verdaderamente diablillos porque tientan nuestra
parte más frágil, la del orgullo y de la vanagloria. Musitan junto a nuestro
oído: «Mira qué hermoso soy, mira qué difícil soy, qué elaborado; al leerme
todos quedarán boquiabiertos, no podrán dejar de elogiar tu maestría, y tu
originalidad!»
Verdaderamente es difícil
resistirse al canto de esa sirena, incluso porque, con frecuencia, los
adjetivos corren desde nuestro pensamiento a la pluma como el agua de un río
desbordado. Son fáciles, bellos, a menudo incluso originales. ¿Por qué negarnos
a ellos?
En realidad, cuando uno
escribe no debe correr nunca detrás de la belleza, porque la belleza que
ofrecen las palabras rebuscadas y altisonantes es una belleza totalmente
exterior, superficial, un ropaje suntuoso y reluciente bajo el cual, la mayor
parte de las veces, se oculta la nada.
La belleza que se ha de
perseguir en la escritura, en cambio, es toda interior: es la belleza de la búsqueda,
la belleza de la verdad, la belleza de la alegría, la intensidad del dolor.
Escribir es un camino para conocerse, para conocer y para ofrecerse a través
del conocimiento. No se escribe, no se debería escribir para buscar la
aprobación y los elogios de los demás, sino para dar a ver algo que los demás
no ven."
Libro leído: Susanna
Tamaro: Querida Mathilda, no veo el momento en que el hombre eche a andar. (Cara
Mathilda - Non vedo l'ora che l'uomo cammini 1997) – Editor: Seix Barral 1998 –
Traductor: Atilio Pentimalli Melacrino. 188 páginas. Lo fragmentos
seleccionados pertenecen a los capítulos “12 de febrero. La importancia de
mantener un diario íntimo” y “19 de febrero. Escribir es un camino para
conocerse”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario