jueves, 13 de abril de 2017

Una vinculación muy estrecha

La interrelación entre familia y fe

Los meteorólogos a veces me desconciertan cuando se refieren a datos históricos sobre el clima. Uno tiene la sensación de no haber pasado nunca tanta calor y entonces te recuerdan que el año tal o cual –no muy lejano- fue aún más caluroso. En fin, datos y sensaciones no acostumbran a coincidir, como en tantas ocasiones falta concordancia entre la objetividad y la subjetividad. Algo parecido ocurre con los estudios sociológicos; pensamos que los seres humanos somos hoy muy distintos de los de otras épocas y descubrimos que, despojados de los factores externos, nos mueven impulsos muy parecidos a los de nuestros antepasados.

Mary Eberstadt hace un estudio sociológico sobre el palpable declive de la práctica religiosa en Occidente en su libro Cómo el mundo occidental perdió realmente a Dios. Se centra en el cristianismo, como religión predominante en este ámbito, y el argumento gira en torno a la estrecha vinculación que existe entre familia y práctica religiosa. Como dice la autora: “la historia occidental indica que el declive de la familia no es simplemente una consecuencia del declive religioso, como ha entendido el pensamiento convencional”, sino que “el declive de la familia, a su vez, contribuye a impulsar el declive religioso”.

Pone en cuestión las explicaciones convencionales acerca de la secularización y ofrece una teoría alternativa para mostrar cómo se interrelaciona la fe con la familia natural, lo que en muchos ámbitos se insiste en llamar ‘familia tradicional’. Una relación que asimila a la doble hélice característica de la estructura del ADN.

Del instructivo analisis que hace la autora, me detengo en dos aspectos a los que hace mención, aunque lo exprese de manera diferente que en el texto. Una de ellas es que la relajación doctrinal -impulsada desde algunos ámbitos de las distintas confesiones cristianas-, no sólo no logra frenar la desafección sino que -a la larga- la acentúa. Por otro lado, a los ambientes más secularizados no suele bastarles con la indiferencia ante el hecho religioso, sino que tienden a actuar con beligerancia contra él, entendiendo que es una presencia perturbadora para sus tesis. Una contienda en la que la comunidad familiar ‘tradicional’ no queda al margen, pretendiendo presentarla como un residuo del pasado que frena el avance de la humanidad, un factor anacrónico que la sociedad debe superar.

En la conclusión la autora se pregunta: “¿Qué importa que la doble hélice de fe y familia fuese real… que la salud el Cristianismo dependa de la salud de la familia?”, para continuar: “importa, porque a toda la sociedad le afecta que los creyentes hagan lo que hacen según datos que nos llegan… de la sociología laica”. A continuación describe algunos de los beneficios que se derivan del comportamiento de los creyentes comprometidos.

Con un lenguaje claro y asequible se expone un estudio profundo, racional y desapasionado; donde se pueden encontrar algunas de las claves que ayudan a entender lo que ocurre a nuestro alrededor desde una perspectiva alejada del guión predominante. Ahí radica su atractivo.

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