miércoles, 24 de mayo de 2017

En medio del fregao

Decisiones arriesgadas

A veces la vida nos puede poner en medio de situaciones conflictivas que no hemos propiciado, pero que nos obligan a tomar postura. Es lo que le ocurre a James McKay cuando llega a la población donde reside su prometida, a la que conoció lejos de allí. El escenario de Horizontes de grandeza nos sitúa en un lugar donde la convivencia se ve amenazada constantemente por la manifiesta hostilidad entre dos clanes, los Terrill y los Hannassey, que aprovechan cualquier oportunidad para hacerse la puñeta. La enemistad personal entre los terratenientes es el fuego que alimenta las rencillas que se trasladan a familiares y empleados y que quieren trasladar al resto de la población: no puedes llevarte bien con miembros de uno y otro bando a la vez.

En este entorno donde las diferencias se dirimen con violencia y la virilidad se asimila con la brutalidad, James es un cuerpo extraño por sus cultivados modales, que no encajan en un ambiente social bravucón y pendenciero. Su prometida, que se había enamorado de él en otro ambiente, se siente decepcionada porque no sigue las pautas que rigen en el suyo.

El James que presenta el guión no parece un hombre de este mundo por su temple: un dominio exagerado de sí mismo y una completa seguridad sobre lo que debe hacer en cada momento. Ese excesivo realce es, en mi opinión, el punto débil de la película: presentar a un protagonista prácticamente inimitable, que oscurece el trasfondo de mostrar la absurdidad de esos odios irracionales entre bandos, cuyo fruto es la amargura y el resentimiento, tantas veces bañadas de sangre y miseria moral. La cordura que lleva a la pacificación parece sólo reservada a superhombres.

El escenario de la película es el western americano, pero su contenido –pistolas al margen- está presente en nuestra sociedad. Somos testigos de esa violencia verbal, y a veces física, en el mundo de la política, donde se pretende alimentar animadversión y desprecio por el adversario por quienes se arrogan como poseedores del sentir popular y por aquellos que pretenden sacar un beneficio a corto plazo. Creadores de división, de departamentos estancos incapaces de comunicarse entre sí, que pretenden auparse sobre el estiércol vertido sobre los demás. Mal camino para la convivencia si una gran mayoría se deja arrastrar por este discurso. Y, además, conviene convencerse que todos podemos aportar nuestro granito de arena para ayudar a hacer más amable nuestro entorno, sin que sea preciso tener las dotes de James McKay.

(1) Horizontes de grandeza (The Big Country). Año: 1958. Duración: 159 min. País: Estados Unidos. Director: William Wyler (https://www.filmaffinity.com/es/film825943.html)

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