viernes, 12 de mayo de 2017

Compromiso y responsabilidad social

Abandonar la zona de confort


Lo que sea de estos dependerá de lo que hagan otros’, le oí a un tertuliano refiriéndose a la segunda Asamblea Ciudadana de Podemos (Vistalegre 2), respondiendo a qué era la lo que cabría esperar de este acontecimiento. La frase pronunciada, que luego desarrolló, incide en el hecho de que el éxito de algunas corrientes políticas se aúpa sobre la desidia o la falta de compromiso de buena parte de la sociedad. Margaret Mead ya lo advirtió: “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos reflexivos y comprometidos puede cambiar el mundo, de hecho, es lo único que lo ha logrado.”. La cuestión a considerar es qué supone ese cambio y hacia dónde se dirige.

Ludwig von Mises extiende el ámbito del compromiso al conjunto de los ciudadanos en un fragmento de El socialismo: “Cada uno de nosotros lleva sobre sus espaldas el peso de parte de la sociedad, y nadie ha sido dispensado de su cuota de responsabilidad por los demás; nadie puede hallar una vía de escape para sí mismo si la sociedad se ve arrastrada hacia la destrucción. Por consiguiente cada uno, por su propio interés, debe participar vigorosamente en la batalla intelectual. Nadie puede permanecer indiferente; del resultado de esa lucha dependen los intereses de todos. Cada hombre, independientemente de su elección, ha sido obligado a tomar parte en la batalla histórica, esa contienda decisiva en la cual nos ha precipitado nuestra época”. (1)

Ambas citas sirven de preámbulo de El engaño populista, escrito por el chileno Axel Kaiser y la guatemalteca Gloria Álvarez; un retrato pormenorizado del fenómeno populista en Latinoamérica y su ramificación hispana de la mano de Podemos. Denuncian las repercusiones negativas que se derivan de las políticas propulsadas por estos movimientos tanto en el ámbito económico como social: “En común tienen todos los populistas un desprecio profundo por la libertad personal y la dignidad humana, a pesar de que su creencia en la igualdad es revestida siempre de humanismo. Pero, la verdad es que su idolatría por el Estado es incompatible con el aprecio del individuo en cuanto agente digno, capaz de diseñar su plan de vida y perseguir sus fines responsablemente.”

Pero el populismo no es sólo fruto del empeño de unos activistas audaces, sino que para que germinen sus propuestas necesita encontrar un campo roturado por unas ideas que van calando en el imaginario social: “Nos referimos al populismo como producto intelectual. Con ello buscamos llamar la atención sobre el hecho de que las ideas, las ideologías y la hegemonía cultural que construyen intelectuales y líderes de opinión son nutrientes fundamentales del populismo. Por lo mismo, las ideas y la cultura son un instrumento esencial para derrotarlo. En otras palabras, creemos que la manera de vencer al populismo pasa esencialmente por tener el coraje de ser persistentes en la batalla de las ideas, ya que, como insistió el premio Nobel de Economía Friedrich A. Hayek, son las ideas las que en última instancia definen la evolución social, económica y política de las naciones”.

Si se quiere desactivar al populismo es mal camino anhelar un Estado benefactor que debe responsabilizarse en buena medida del bienestar e, incluso, de la ‘felicidad’. Responsabilidad y compromiso son siempre necesarios para que las cosas funcionen. Cuando estaba elaborando este escrito leí un tuit del papa Francisco, (persona no muy grata para los autores del libro), que va en la línea de lo manifestado por von Mises: “Todos tienen una aportación que ofrecer al conjunto de la sociedad, nadie está excluido de aportar algo para el bien de todos” (@Pontifex_es 9 mayo) y también un mensaje que dirige a los obispos de la CELAM que se reúnen estos días: “Sólo pesca el que no teme arriesgar” (4).

Si queremos que la sociedad funcione no basta con quejarse y esperar que otros arreglen los desaguisados. En la medida en que cada uno actúe en la medida de sus posibilidades allá donde esté es más fácil que ayude a mejorar su entorno y más difícil dejarse llevar por cantos de sirena y soluciones mágicas. Salir de la 'zona de confort' en lugar de refugiarse en lamentaciones.

(2) Axel Kaiser y Gloria Álvarez: El engaño populista. Por qué se arruinan nuestros países y cómo rescatarlos (2016). Ediciones Deusto. 1ª edición (2016)
(3) Friedrich A. Hayek, The constitution of liberty, Routledge, Abingdon (Reino Unido), 2006, p. 98.
(4) http://www.religionenlibertad.com/solo-pesca-que-teme-arriesgar-dice-papa--56701.htm

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