martes, 20 de marzo de 2018

La cara B de los deseos

Hasta las rosas tienen espinas

Imagina que estás encerrado en una jaula llena de leones, ¿qué harías?”, me pregunta una de mis hijas. Después de estrujarme las meninges y aportar alguna respuesta que ‘no cuela’ me doy por vencido: “Pues no lo sé”. Entonces me dice sonriendo: “No imaginar”.

La imaginación es creadora de expectativas que se convierten en un acicate para formular deseos. Le atribuyen a Teresa de Jesús que la definiera como 'la loca de la casa', quizá por su capacidad para distraer o alejar de la realidad. Y la santa abulense, fruto de su experiencia personal y, posiblemente, también de la ajena, pronunció una frase que se ha reproducido en multitud de ocasiones y que yo oí por primera vez en Cosas que nunca te dije: “Hay más lágrimas derramadas por las plegarias atendidas que por las no atendidas”. El relato de la película dirigida por Isabel Coixet continúa con “Tienes que ir con cuidado con lo que pides” (1), una aseveración que me recordó lo que le dijo en mi presencia a uno de mis familiares su esposa. ‘Cuidado con lo que pides porque a veces se cumple’, cuando expresaba su ferviente deseo de encontrar un trabajo cerca de casa, cansado de soportar los atascos de la autopista cada mañana.

Al cumplirse los deseos a veces se produce desconcierto, como le ocurre al protagonista de El candidato, Bill McKay, cuando tras ganar contra pronóstico las elecciones le dice a su director de campaña: “Ya soy senador, y ahora qué”; otras frustración como a Jenny, la joven protagonista de Una educación, al descubrir que se ha dejado embaucar por un maduro seductor arrastrada por sus arrogantes deseos y el señuelo de la vida lujosa que le ofrecía su pretendiente; en otras desasosiego, como expresaba con un lamento irónico un compañero de trabajo tras los efectos de un prolongado temporal de lluvias: “tanto sacar a los santos en procesión de las iglesias pidiendo que lloviera y ahora ya vemos el resultado”. Con estos antecedentes se podría concluir, como se plantea en el budismo, que como los deseos son en muchos casos una fuente de sufrimiento lo mejor que se puede hacer es proponerse eliminarlos, siguiendo la pauta del chiste del primer párrafo.
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No es en el deseo en sí donde se encuentra el problema de ordinario; además no debe obviarse que muchas exitosas carreras profesionales, muchos descubrimientos, muchas labores benefactoras… se han tejido impulsadas por los deseos. Sin embargo, se convierte en un problema radica cuando la intensidad del anhelo actúa como unas orejeras que ayuda a ver con claridad el objetivo pero nubla el entorno que lo acompaña. “Si quieres ver el arcoíris tendrás que soportar la lluvia” dice una de las sentencias que aparecen en la versión cinematográfica de Bajo la misma
estrella, el libro de John Green.

No se trata, por tanto, de matar los deseos sino de gestionarlos adecuadamente valorando pros y contras para que sean provechosos; que el gran atractivo que emite la 'cara A' no impida contrastarla con la menos atrayente 'cara B'; la cabeza en el cielo, pero los pies en la tierra.


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