Hasta las rosas tienen espinas
“Imagina que estás encerrado en una jaula llena de
leones, ¿qué harías?”, me pregunta una de mis hijas. Después de estrujarme las
meninges y aportar alguna respuesta que ‘no cuela’ me doy por vencido: “Pues no
lo sé”. Entonces me dice sonriendo: “No imaginar”.
La imaginación es creadora de expectativas que se
convierten en un acicate para formular deseos. Le atribuyen a Teresa de Jesús
que la definiera como 'la loca de la casa', quizá por su capacidad para distraer
o alejar de la realidad. Y la santa abulense, fruto de su experiencia personal
y, posiblemente, también de la ajena, pronunció una frase que se ha reproducido
en multitud de ocasiones y que yo oí por primera vez en Cosas que nunca te dije: “Hay más lágrimas derramadas por las
plegarias atendidas que por las no atendidas”. El relato de la película dirigida por Isabel Coixet continúa con “Tienes que ir con cuidado con lo que pides” (1), una
aseveración que me recordó lo que le dijo en mi presencia a uno de mis
familiares su esposa. ‘Cuidado con lo que pides porque a veces se cumple’,
cuando expresaba su ferviente deseo de encontrar un trabajo cerca de casa,
cansado de soportar los atascos de la autopista cada mañana.
Al cumplirse los deseos a veces se produce desconcierto,
como le ocurre al protagonista de El candidato, Bill McKay, cuando tras ganar
contra pronóstico las elecciones le dice a su director de campaña: “Ya soy
senador, y ahora qué”; otras frustración como a Jenny, la joven protagonista de
Una educación, al descubrir que se ha dejado embaucar por un maduro seductor
arrastrada por sus arrogantes deseos y el señuelo de la vida lujosa que le ofrecía
su pretendiente; en otras desasosiego, como expresaba con un lamento irónico un
compañero de trabajo tras los efectos de un prolongado temporal de lluvias:
“tanto sacar a los santos en procesión de las iglesias pidiendo que lloviera y
ahora ya vemos el resultado”. Con estos antecedentes se podría concluir, como se
plantea en el budismo, que como los deseos son en muchos casos una fuente de
sufrimiento lo mejor que se puede hacer es proponerse eliminarlos, siguiendo la
pauta del chiste del primer párrafo.![]() |
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No es en el deseo en sí donde se encuentra el problema de
ordinario; además no debe obviarse que muchas exitosas carreras profesionales,
muchos descubrimientos, muchas labores benefactoras… se han tejido impulsadas por los
deseos. Sin embargo, se convierte en un problema radica cuando la intensidad del anhelo
actúa como unas orejeras que ayuda a ver con claridad el objetivo pero
nubla el entorno que lo acompaña. “Si quieres ver el arcoíris tendrás que
soportar la lluvia” dice una de las sentencias que aparecen en la versión
cinematográfica de Bajo la misma
No se trata, por tanto, de matar los deseos sino de gestionarlos
adecuadamente valorando pros y contras para que sean provechosos; que el gran
atractivo que emite la 'cara A' no impida contrastarla con la menos atrayente 'cara B'; la cabeza en el cielo, pero los pies en la tierra.
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