miércoles, 13 de junio de 2018

Paz y palabra

Responsabilidad compartida


Oímos hablar con frecuencia de paz. Cada uno de nosotros lo habrá pronunciado en multitud de ocasiones como un anhelo en el que coincidimos con la mayoría de los seres humanos. Un deseo que adquiere mayor relevancia cuando lo expresa quien ha sido víctima de la irracionalidad del terror organizado: “Me encantaría poder abrir las mentes de los intolerantes, vaciar de odio a los violentos, enseñar al mundo a ser feliz. Todo sería mucho más fácil si fuéramos capaces de comprender a los demás, de ver la realidad desde otro punto de vista y de poder sonreír en los momentos más difíciles. Si pudiéramos comprender los motivos de quien piensa de otro modo, existiría el entendimiento. Si al menos fuéramos capaces de respetar otras posturas, existiría la paz”, escribe Irene Villa en un texto autobiográfico (1).

Tanto ella como otra víctima de la irracionalidad -en este caso del Holocausto-, Etty Hillessum, advierten que es necesaria una disposición interior para ser agentes de paz. “Creo que en un mundo cada vez más deshumanizado, hace falta mucha luz que inunde nuestros corazones y nos llene de energía para seguir albergando esperanza de paz”, dice Irene. “La paz sólo puede convertirse en una paz real… cuando cada individuo la encuentre en sí mismo, extermine y venza el odio hacia los demás, da igual de qué raza o pueblo, y lo transforme en algo que ya no sea odio, sino tal vez incluso amor. Pero probablemente eso sea exigir demasiado. Y aun así es la única solución”, escribe Etty en su diario (2).

Esta aspiración de paz tan ampliamente compartida, que a veces explota en manifestaciones multitudinarias, con frecuencia se manifiesta en suspiros o lamentos como el del estribillo del antiguo chotis:
Cómo está el mundo, señor Macario
cómo está el mundo, qué atrocidad,
con tanta radio, con tanto cine,
vamos pa lante, [o] vamos pa atrás. (3)

Sin embargo, todos podemos colaborar en la tarea de ser agentes de paz en nuestro entorno, como nos propone el catedrático de Filosofía Miguel Ángel Martí: “Para que haya paz en el mundo no es suficiente la paz de las pistolas, es todavía más necesaria la paz de las palabras que pululan por pueblos y ciudades, por las casas, por las habitaciones y pasillos, por la playa y los montes, por los bares, terrazas y garajes” (4). Y se podría añadir ‘por las redes sociales’, ‘por los medios de comunicación’, ‘por los espectáculos públicos’, ‘por los eventos deportivos’…

(1)Irene Villa: Saber que se puede. Veinte años después. Ediciones Martínez Roca (2011). Introducción, página 21.
(2)Etty (Esther) Hillesum: Diario 1941-1943. Una vida conmocionada (1943). Editorial Anthropos (2007). Epígrafe: Sábado por la noche (20 de junio, 1942), 00:30 horas. Traducción: Manuel Sánchez Romero. Páginas 106-107
(3)El Consorcio: Como está el mundo Sr. Macario. Fuente: www.youtube.com/watch?v=U3weALE7fqU
(4)Miguel-Ángel Martí García: La serenidad. Una actitud ante el mundo (2003). Ediciones Internacionales Universitarias. Segunda parte: La palabra como vehículo de la serenidad. Página 53

No hay comentarios:

Publicar un comentario