Eficaz lubricante de las relaciones sociales
Dice Leibniz que “amar es
encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad”. Una de las
manifestaciones de este amor benevolente es el espíritu de servicio, como
transmite Teresa de Calcuta: “El fruto del amor es el servicio. El amor nos
induce a decir: «Deseo servir». Y el fruto del servicio es la paz. Todos
deberíamos trabajar por la paz.” (1)
Ese espíritu es un estímulo
vital que no siempre está enraizado en una visión trascendente, como expresa
una de las protagonistas de Nubosidad variable: “No sé si te ha pasado alguna
vez estar muy mal y llegar a casa de amigos sin ganas de nada más que de decir:
«Vengo aquí a caerme muerta, a que me recojáis con pala», y encontrarte con que
ellos en ese mismo momento están metidos en un conflicto que puede ser más
grave o más leve que tu pena, eso da igual, lo que importa es que lo entiendes
mejor porque lo miras desde fuera, y eso te espabila, te distrae de lo tuyo y
te devuelve la voluntad de poner a funcionar la neurona atrofiada, o sea de
vivir, porque las ganas de vivir siempre resucitan un poco cuando te sientes
útil y con facultades para echar una mano”. (2)
Esta actitud benéfica choca
muchas veces con la incomprensión del entorno y la falta de reconocimiento de
los beneficiarios –por inadvertencia o por ser incapaces de distinguir lo que
supera la simple obligación- como se desprende del relato de Ida en El volumen
de la ausencia: “Nunca entendí cómo mi madre pudo echar sobre sus hombros la
tarea de animar a un hombre que siempre se había mostrado con ella entre tirano
y despectivo: «Está derrumbado, hija mía», era su argumento, y sacaba fuerzas
de no se sabía dónde para levantarle la moral.”
“Creo que fue en aquella
ocasión cuando de verdad conocí yo a mi madre. Hasta entonces lo único que
sabía de ella era que había pasado por la vida, como tantas mujeres de su
época, sometida al destino ancestral de su sexo… Me chocaba, eso sí, su forma
de comportarse con todo el mundo; aquella necesidad de entrega que casi nadie
apreciaba, aquel volcarse con los que sufrían o enfermaban y, sobre todo,
aquella paz que irradiaba incluso en los momentos de mayor apuro. «Dios
proveerá, hija; hay que confiar en ÉL»” (3). De nuevo la paz como consecuencia
del servicio.
El verdadero espíritu de
servicio es delicado: no busca entrometerse, ni hacerse notar; no es
calculador, ni espera recompensa. En ocasiones es mal interpretado, porque no se
concibe que se pueda realizar algo sin pretender algún tipo de contrapartida.
Así puede ser objeto de mofa (¡es un ‘pringao’!), de reproche del entorno (¡nos
dejas en mal lugar!) o recelo (¡qué se lleva entre manos!). No cabe en su
esquema mental lo que Ida dice de su madre: “Para ella no había más ideología
que la de auxiliar al prójimo”, la atención desinteresada que ilustra el
refrán: ‘Haz bien y no mires a quien’.
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| El Papa Francisco en Santa Marta |
(1) Madre Teresa (Agnes Gonxha Bojaxhiu): El amor más grande. Título original: No Greater Love (1997). Editorial Urano (2010). Traductora: Amelia Brito A. 230 páginas. Fragmento en: El trabajo y el servicio. Páginas 91-92
(2) Carmen Martín Gaite:
Nubosidad variable (1992). Círculo de lectores (1992). 373 páginas. Fragmento
en: XVI. Petición de socorro. Páginas 293-294
(3) Mercedes Salisachs: El
volumen de la ausencia (1983).Editorial Planeta (1987). 299 páginas. Fragmento
en: Hora 19.10. Páginas 200-201
(4) Papa Francisco: Homilía
en Santa Marta 31 de mayo de 2016: «El Señor está en el servicio, el Señor está
en el encuentro». Fuente: http://mvcweb.org/papa-francisco/31mayo-visitacion-homilia-en-santa-marta-el-senor-esta-en-el-servicio-el-senor-esta-en-el-encuentro/

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