Con llevar la etiqueta no basta
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| Palabras del Papa tras el rezo del Angelus el 18 de agosto de 2013 |
Me lo podía haber guardado
para cuando llegue el momento de felicitar la Navidad, pero ya que he dedicado
las dos últimas entradas a resaltar algunos fragmentos del discurso del Papa
Francisco a la Curia en la antesala de las pasadas fiestas navideñas, pienso
que vale la pena no demorar la mención a unos fragmentos relacionados con la fe
que impelen a que ésta actúe como motor de la vida de los cristianos.
Se corre el peligro de que
los que profesan tener fe la conviertan en un simple complemento, un adorno, sin
percibir su efecto transformador en todo lo que les atañe. La formación es
importante, pero si se queda en simple erudición se convierte en estéril o
vanidosa. El sentimiento puede ser un buen estímulo pero se yerra cuando se
busca como fin. La costumbre facilita el acercamiento al misterio, pero un
seguimiento superficial y rutinario lo torna vano, carente de sentido.
El Catecismo de la Iglesia
Católica indica que “la fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se
entrega a él, dando al mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre que busca
el sentido último de su vida” y el Papa dice en el discurso mencionado que “la
Navidad es la fiesta de la fe en el Hijo de Dios que se hizo hombre para
devolverle al hombre la dignidad filial que había perdido por culpa del pecado
y la desobediencia. La Navidad es la fiesta de la fe en los corazones que se
convierten en un pesebre para recibirlo, en las almas que dejan que del tronco
de su pobreza Dios haga germinar el brote de la esperanza, de la caridad y de
la fe.”
Las palabras del Pontífice centran
la fiesta en su significado genuino, que tan distorsionado suele estar en una
sociedad que le añade múltiples elementos de distracción que buscan atraer
nuestra atención: luces, música, publicidad, escaparates, regalos, manjares…
Como ocurre en otros eventos con gran arraigo social, lo accesorio arrebata
gran parte del protagonismo -cuando no todo- al motivo que lo origina, que pasa
a jugar un papel secundario.
Al final de su discurso el
papa Francisco hurga también en el compromiso que se deriva de la fe, que no es
una simple etiqueta o una declaración de intenciones: “Comencé este nuestro
encuentro hablando de la Navidad como la fiesta de la fe, ahora quisiera
concluirlo evidenciando que la Navidad nos recuerda que una fe que no nos pone
en crisis es una fe en crisis; una fe que no nos hace crecer es una fe que debe
crecer; una fe que no nos interroga es una fe sobre la cual debemos
preguntarnos; una fe que no nos anima es una fe que debe estar animada; una fe
que no nos conmueve es una fe que debe ser sacudida. En realidad, una fe
solamente intelectual o tibia es sólo una propuesta de fe que para llegar a
realizarse tendría que implicar al corazón, al alma, al espíritu y a todo
nuestro ser, cuando se deje que Dios nazca y renazca en el pesebre del corazón,
cuando permitimos que la estrella de Belén nos guíe hacia el lugar donde yace
el Hijo de Dios, no entre los reyes y el lujo, sino entre los pobres y los
humildes.”
Aunque todavía quedan unos
meses para que llegue la fecha, el mensaje navideño siempre es actual y las
palabras del Santo Padre nos pueden ayudar a reflexionar sobre el rumbo que
lleva nuestra vida cualquiera que sea el nivel de nuestra fe.
(1) Catecismo de la Iglesia
Católica. Primera parte: La profesión de la fe. Primera sección:
«Creo»-«Creemos». Punto 26. Fuente: http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s1c1_sp.html#I.%20El%20deseo%20de%20Dios
(2) Discurso del Papa
Francesco a la Curia el 21 de diciembre de 2017. Fuente:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2017/december/documents/papa-francesco_20171221_curia-romana.html.




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