lunes, 17 de septiembre de 2018

Orientaciones para un diálogo fructífero

La buena disposición es fundamental


El diálogo se presenta con mucha frecuencia como una palabra talismán para resolver conflictos. Jordi Nomen en un fragmento de En nen filòsof distingue el diálogo de la conversación y el debate: “El diálogo… requiere una atención plena, en tanto que hay que enfocar el tema que se trata en profundidad y verlo desde diferentes puntos de vista. Quizás el progreso no está tan marcado como en el descubrimiento científico, pero en el diálogo hay profundización y revisión.” (1) Es decir, dialogar no es solo hablar, supone reconocer que nuestro interlocutor tiene algo que aportar y requiere una disposición respetuosa para escuchar y cotejar la propia visión de lo que se está tratando con la que él nos ofrece.

Discurso del Papa
a la Curia
Durante el discurso al que me referí en la entrada anterior en el que el papa Francisco se dirigía a la Curia romana queriendo centrar su intervención en las relaciones de este organismo hacia fuera de sí misma, tanto dentro como fuera del ámbito de la Iglesia -que no fue lo que mediáticamente se resaltó-, introdujo unas reflexiones sobre el diálogo que recogen criterios ya expuestos en un discurso anterior en el epígrafe “La Curia y el Judaísmo, el Islam y las otras religiones”. El Pontífice expone el marco que determina si el diálogo está bien encarado para que sea fructífero, algo que trasciende el entorno en que fue planteado y sirve para cualquier otra circunstancia en que el diálogo se produzca:

Discurso del Papa
en Egipto
La relación de la Curia Romana con las otras religiones se basa en la enseñanza del Concilio Vaticano II y en la necesidad del diálogo. «Porque la única alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro» [*]. El diálogo está construido sobre tres orientaciones fundamentales: «El deber de la identidad, porque no se puede entablar un diálogo real sobre la base de la ambigüedad o de sacrificar el bien para complacer al otro. La valentía de la alteridad, porque al que es diferente, cultural o religiosamente, no se le ve ni se le trata como a un enemigo, sino que se le acoge como a un compañero de ruta, con la genuina convicción de que el bien de cada uno se encuentra en el bien de todos. La sinceridad de las intenciones, porque el diálogo, en cuanto expresión auténtica de lo humano, no es una estrategia para lograr segundas intenciones, sino el camino de la verdad, que merece ser recorrido pacientemente para transformar la competición en cooperación» [*]. (2)

(1) Jordi Nomen: El nen filòsof (2016) – Arpa Editors. 1ª edició 2016 – 195 pàgines. Capítol 5, página 65: “El diàleg, en canvi, requereix una atenció plena, en tant que cal enfocar el tema que es tracta en profunditat i veure'l, com dèiem abans, des de diferents punts de vista. Potser el progrés no esta tan marcat com en la descoberta científica, però en el diàleg hi ha aprofundiment i revisió.”
[*] Fragmentos del Discurso a los participantes en la Conferencia Internacional para la paz, Al-Azhar Conference Centre, El Cairo (28 abril 2017).

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