jueves, 15 de noviembre de 2018

Recelos corrosivos

Barreras prejuiciosas


Jutta Burggraf
A través de distintos documentos: la película Loving, los libros Tomates verdes fritos y Figuras ocultas, la entrevista de Anna Guitart a Paul Auster emitida por TV3… he ido conociendo recientemente algo más sobre lo que supuso la discriminación racial y las leyes segregacionistas en los Estados Unidos, especialmente en algunos de sus estados; una herida que todavía no ha cicatrizado del todo, a tenor de los brotes violentos ligados a esta cuestión que todavía se producen.

Quizá por ello me ha llamado la atención un fragmento del breve ensayo de Jutta Burggraf titulado Aprender a perdonar (1) en el que glosa el libro Mi primera amiga blanca de Patricia Raybon (2): “describe cómo la opresión que su pueblo había sufrido en Estados Unidos le llevó en su juventud a odiar a los blancos, ‘porque han linchado y mentido, nos han cogido prisioneros, envenenado y eliminado’. La autora confiesa que, después de algún tiempo, llegó a reconocer que su odio, por muy comprensible que fuera, estaba destruyendo su identidad y su dignidad. Le cegaba, por ejemplo, ante los gestos de amistad que una chica blanca le mostraba en el colegio. Poco a poco descubrió que, en vez de esperar que los blancos pidieran perdón por sus injusticias, ella tenía que pedir perdón por su propio odio y por su incapacidad de mirar a un blanco como a una persona, en vez de hacerlo como a un miembro de una raza de opresores. Encontró el enemigo en su propio interior, formado por los prejuicios y rencores que le impedían ser feliz.”

Patricia Raybon
El caso de Patricia, ese estigma que aplicaba a todos los blancos, es extrapolable a otros contextos más cercanos en los que por cuestiones de rivalidad política, deportiva, social, cultural… se alimenta una aversión o animadversión hacia las personas cuyo perfil –real o imaginado- encaja con lo que se detesta a nivel individual o colectivo, convirtiéndole en merecedor de reproches y desprecios. La persona como tal se desvanece en el juicio, se la despoja de su dignidad, basándose en supremacismos o experiencias pasadas para justificar ese comportamiento disgregador, que no dejan de ser excusas para impedir salir del bucle de una intolerancia que impide reconocer al otro por sí mismo. La incomunicación que se genera es un obstáculo difícil de superar: “los peores muros son los que se construyen con prejuicios, no con ladrillos” dijo un rector universitario en un congreso donde se exploraban los fundamentos de una ética universal. (3)

Patricia experimentó que su indignación ejercía un efecto boomerang que la dañaba interiormente, era un lastre para su felicidad. Dice Burggraf: “Las heridas no curadas pueden reducir enormemente nuestra libertad. Pueden dar origen a reacciones desproporcionadas y violentas… Una persona herida, hiere a los demás. Y, como muchas veces oculta su corazón detrás de una coraza, puede parecer dura, inaccesible e intratable. En realidad, no es así. Sólo necesita defenderse… Hace falta descubrir las llagas para poder limpiarlas y curarlas. Poner orden en el propio interior, puede ser un paso para hacer posible el perdón - en este caso perdonarse a sí misma-. Pero este paso es sumamente difícil y, en ocasiones, no conseguimos darlo.” Una cosa es darse cuenta de la conducta errónea, otra reconocerla –superando la tendencia a disculparse y a desesperarse- y otra decidirse a poner los medios  para modificarla: “el perdón, aunque está estrechamente unido a vivencias afectivas, no es un sentimiento. Es un acto de la voluntad que no se reduce a nuestro estado psíquico” (4).

Ángel Gómez Montoro
exrector de la
Universidad de Navarra
Patricia dio el paso y se liberó de la pesada carga que distorsionaba su juicio sobre las personas. Quizá convendría preguntarnos si en algún recoveco de nuestro interior anida alguno de estos sentimientos corrosivos que entorpecen el trato con los demás y lesionan nuestra intimidad.

(1) Jutta Burggraf: Aprender a perdonar. Leído en Nuestro Tiempo, número 643, enero-febrero 2008. Se puede encontrar completo en el enlace https://www.almudi.org/articulos/7436-Aprender-a-perdonar-Jutta-Burggraf-Dialogos-Almudi-2004
(2) Patricia Raybon: My First White Friend: Confessions on Race, Love and Forgiveness, New York 1996, pág. 4 y sig. (anotado por Burggraf)
(3) Ángel José Gómez-Montoro: Fundamentos de una ética universal. Intervención en el Congreso Internacional Culturas y Racionalidad celebrado en Pamplona entre el 19 y 21 de noviembre de 2007. El discurso completo se encuentra en http://udep.edu.pe/capellania/capinfo/fundamentos-de-una-etica-universal/
(4) Cfr. Dietrich von Hildebrand, Moralia, Werke IX, Regensburg 1980, pág. 338. (anotado por Burggraf)

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