domingo, 12 de mayo de 2019

Tempo para aprender, tempo para vivir

Analogías en torno al caracol


Me sorprendió leer en el Full dominical el título de la carta semanal que el obispo de Terrassa remitía a sus feligreses: La pedagogía del caracol (1). Evoqué lo que le había oído varias veces a un sacerdote al relacionar algunas características del comportamiento del caracol con el egoísmo. Don Alfredo declamaba con énfasis: ‘se arrastra, babea, se mete en su caparazón y, cuando sale de él lo primero que asoman son los cuernos’.

Nada tenía que ver con la orientación del escrito del prelado egarense, que se inspiraba en el libro de Gianfranco Zavalloni con el mismo título (2). Su reflexión aludía a la avidez que provocan en muchas personas las tecnologías de información y comunicación (TIC): “Se está convirtiendo en un mito indiscutible esta hiperconexión e hipercomunicación en tiempo real, que cada vez se vive más como algo imprescindible, y que nos lleva a perder la capacidad de ‘saber esperar’.” Esa impaciencia impide descubrir los provechosos alicientes que nos proporciona el itinerario: “En esta sociedad nuestra en que prima la velocidad, en que lo necesitamos todo y ahora, corremos el peligro de acabar atrapados por el estrés y la ansiedad. Hemos de recuperar el valor del proceso, del camino, con toda su riqueza; hemos de recuperar el valor de las pequeñas cosas que conforman la vida, valorarlas, dedicarles tiempo. Hemos de alcanzar el equilibrio y la armonía entre los distintos elementos de la vida: oración, trabajo, formación, descanso.”

Zavalloni apuesta por una “escuela lenta y no violenta”, un proyecto que nace “de una reflexión sobre cómo vivimos el tiempo escolar en relación con los ritmos de la sociedad” que pretende estimular a “padres, maestros y todos aquellos que se encuentran a su alrededor en el mundo de la escuela… a reflexionar sobre el sentido del tiempo educativo y sobre la necesidad de adoptar estrategias didácticas de ralentización a través de las sugerencias de la 'pedagogía del caracol' que va desgranando en el texto.

Destaca Joan Domènech Francesch (3) en el prólogo que la finalidad es: Hacer, pero con sentido… Y para hacer con sentido es preciso dar tiempo a las personas, a los aprendizajes, y reivindicar la calidad de lo que acontece en el aula y en la escuela. No hay mejor manera de perder el tiempo que alimentando un sistema educativo que consiente aprendizajes efímeros e innecesarios.”

Para hacer con sentido las herramientas tecnológicas pueden representar un escollo si se asemejan a lo que expresa Massimo Fini (4): la tecnología ha ido acumulando medios y riquezas que, no obstante, en lugar de liberar al hombre lo han subyugado todavía más. Al antiguo sometimiento del hombre por el hombre, que sencillamente ha cambiado de máscara, se le ha añadido el sometimiento a la máquina y a su potente lógica.” ¿Hasta qué punto nuestros hábitos, nuestra relación con los demás, nuestra atención, nuestra percepción de la realidad, nuestra paciencia, nuestros momentos de sosiego… se han visto alterados por el uso de los artilugios electrónicos? ¿Qué o quién domina?

Zavalloni habla de ‘escuela lenta’ y pienso que es una expresión que no refleja adecuadamente lo que el texto desarrolla. La lentitud por sí misma no es indicio de que se van a hacer las cosas mejor. Encontrar el ritmo de aprendizaje adecuado para que los alumnos den lo mejor de sí mismos y poner el valor todo el trabajo que se realiza -no solo el resultado- es un objetivo encomiable, aunque difícil de llevar a cabo plenamente a pesar del esfuerzo de los maestros. Los estandarizados planes de educación, la obsesión de algunos centros por destacar -sobre todo- en resultados académicos y las pretensiones de algunos padres alérgicos a todo aquello que les pueda sonar a fracaso, suelen obstaculizar esta labor.

Gianfranco Zavalloni
La ralentización que propone Zavalloni también es aplicable a los adultos, pero para ello es necesario reservar espacios para la reflexión –no confundir con relajación mental, que no es incompatible- para orientar el rumbo y el ritmo de nuestra vida. Las presiones ambientales o profesionales nos pueden empujar al consumismo, la hiperactividad o la sobreexcitación, con efectos negativos en nuestro estado de ánimo y en la relación con los demás. Así como en un equipo de fútbol es muy importante controlar el tempo del partido, para cada uno de nosotros es fundamental dominar, en la medida de nuestras posibilidades, el tempo de nuestra vida.

(1) Mons. Josep Àngel Saiz Meneses: La pedagogía del caracol. Fuente: https://www.bisbatdeterrassa.org/es/obispo/cartas-dominicales/la-pedagogia-del-caracol-17-02-19
(2) Gianfranco Zavalloni: La pedagogía del caracol. Por una escuela lenta y no violenta. Título original: La pedagogía della lumaca (2008). Editorial: Graó – Colección: Micro-Macro referencias - número 31. Traductor: Francesc Massana Cabré. 233 páginas. Introducción. En la escuela de la lentitud.
(3) Prólogo de Joan Domènech Francesch: El despertar de la lentitud.
(4) Fragmento de Massimo Fini en La ragione aveva torto?, reproducido en el libro de Zavalloni en el capítulo 8. El móvil, Internet y la televisión.

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