Analogías en torno al caracol
Me sorprendió leer en el Full dominical el título de la carta semanal
que el obispo de Terrassa remitía a sus feligreses: La pedagogía del caracol (1). Evoqué lo que le había oído varias
veces a un sacerdote al relacionar algunas características del comportamiento
del caracol con el egoísmo. Don Alfredo declamaba con énfasis: ‘se arrastra,
babea, se mete en su caparazón y, cuando sale de él lo primero que asoman son
los cuernos’.
Nada tenía que ver con la
orientación del escrito del prelado egarense, que se inspiraba en el libro de Gianfranco
Zavalloni con el mismo título (2). Su reflexión aludía a la avidez que provocan
en muchas personas las tecnologías de información y comunicación (TIC): “Se
está convirtiendo en un mito indiscutible esta hiperconexión e
hipercomunicación en tiempo real, que cada vez se vive más como algo
imprescindible, y que nos lleva a perder la capacidad de ‘saber esperar’.” Esa
impaciencia impide descubrir los provechosos alicientes que nos proporciona el
itinerario: “En esta sociedad nuestra en que prima la velocidad, en que lo
necesitamos todo y ahora, corremos el peligro de acabar atrapados por el estrés
y la ansiedad. Hemos de recuperar el valor del proceso, del camino, con toda su
riqueza; hemos de recuperar el valor de las pequeñas cosas que conforman la
vida, valorarlas, dedicarles tiempo. Hemos de alcanzar el equilibrio y la
armonía entre los distintos elementos de la vida: oración, trabajo, formación,
descanso.”
Zavalloni apuesta por una “escuela
lenta y no violenta”, un proyecto que nace “de una reflexión sobre cómo vivimos
el tiempo escolar en relación con los ritmos de la sociedad” que pretende
estimular a “padres, maestros y todos aquellos que se encuentran a su alrededor
en el mundo de la escuela… a reflexionar sobre el sentido del tiempo educativo
y sobre la necesidad de adoptar estrategias didácticas de ralentización” a
través de las sugerencias de la 'pedagogía del caracol' que va desgranando en el
texto.
Destaca Joan Domènech
Francesch (3) en el prólogo que la finalidad es: “Hacer, pero con sentido… Y
para hacer con sentido es preciso dar tiempo a las personas, a los
aprendizajes, y reivindicar la calidad de lo que acontece en el aula y en la
escuela. No hay mejor manera de perder el tiempo que alimentando un sistema
educativo que consiente aprendizajes efímeros e innecesarios.”
Para hacer con sentido las
herramientas tecnológicas pueden representar un escollo si se asemejan a lo que
expresa Massimo Fini (4): “la tecnología ha ido acumulando medios y riquezas
que, no obstante, en lugar de liberar al hombre lo han subyugado todavía más.
Al antiguo sometimiento del hombre por el hombre, que sencillamente ha cambiado
de máscara, se le ha añadido el sometimiento a la máquina y a su potente
lógica.” ¿Hasta qué punto nuestros hábitos, nuestra relación con los demás, nuestra
atención, nuestra percepción de la realidad, nuestra paciencia, nuestros
momentos de sosiego… se han visto alterados por el uso de los artilugios
electrónicos? ¿Qué o quién domina?
Zavalloni habla de ‘escuela
lenta’ y pienso que es una expresión que no refleja adecuadamente lo que el
texto desarrolla. La lentitud por sí misma no es indicio de que se van a hacer
las cosas mejor. Encontrar el ritmo de aprendizaje adecuado para que los
alumnos den lo mejor de sí mismos y poner el valor todo el trabajo que se
realiza -no solo el resultado- es un objetivo encomiable, aunque difícil de
llevar a cabo plenamente a pesar del esfuerzo de los maestros. Los
estandarizados planes de educación, la obsesión de algunos centros por destacar -sobre todo- en resultados académicos y las pretensiones de algunos padres alérgicos a todo aquello que les pueda sonar a fracaso, suelen
obstaculizar esta labor.
![]() |
| Gianfranco Zavalloni |
La ralentización que
propone Zavalloni también es aplicable a los adultos, pero para ello es
necesario reservar espacios para la reflexión –no confundir con relajación
mental, que no es incompatible- para orientar el rumbo y el ritmo de nuestra vida. Las presiones
ambientales o profesionales nos pueden empujar al consumismo, la hiperactividad
o la sobreexcitación, con efectos negativos en nuestro estado de ánimo y en la
relación con los demás. Así como en un equipo de fútbol es muy importante
controlar el tempo del partido, para
cada uno de nosotros es fundamental dominar, en la medida de nuestras posibilidades,
el tempo de nuestra vida.
(1) Mons. Josep Àngel Saiz Meneses: La pedagogía del caracol. Fuente: https://www.bisbatdeterrassa.org/es/obispo/cartas-dominicales/la-pedagogia-del-caracol-17-02-19
(2) Gianfranco Zavalloni:
La pedagogía del caracol. Por una
escuela lenta y no violenta. Título original: La pedagogía della lumaca (2008).
Editorial: Graó – Colección: Micro-Macro referencias - número 31. Traductor:
Francesc Massana Cabré. 233 páginas. Introducción. En la escuela de la
lentitud.
(3) Prólogo de Joan
Domènech Francesch: El despertar de la
lentitud.
(4) Fragmento de Massimo
Fini en La ragione aveva torto?,
reproducido en el libro de Zavalloni en el capítulo 8. El móvil, Internet y la televisión.



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