sábado, 9 de noviembre de 2019

Más cerca de lo que te parece

Sacar brillo a lo cotidiano


Es una cita de Wayne Dyer al final de Tus zonas erróneas:
Reader's Digest
Octubre 1974
Nada hace que la felicidad sea más inalcanzable que tratar de encontrarla. El historiador Will Durant describe cómo buscó la felicidad en el conocimiento y sólo encontró desilusiones. Luego buscó la felicidad en los viajes y sólo encontró el cansancio; luego en el dinero y encontró discordia y preocupación. Buscó la felicidad en sus escritos y sólo encontró fatiga. Una vez vio una mujer que esperaba en un coche muy pequeño con un niño en sus brazos. Un hombre bajó de un tren y se acercó y besó suavemente a la mujer y luego al bebé, muy suavemente para no despertarlo. La familia se alejó luego en el coche y dejó a Durant con el impacto que le hizo comprender la verdadera naturaleza de la felicidad. Se tranquilizó y constató que «todas las funciones normales de la vida encierran algún deleite».” (1)

Su autora es June Callwood, periodista canadiense y activista social, que incluyó este fragmento en un artículo publicado en la revista Reader’s Digest en octubre de 1974. Para los amigos de las fórmulas mágicas y las recetas infalibles el título del artículo es muy atractivo: El único camino seguro hacia la felicidad. ¿Qué sería de nosotros si el camino a la felicidad fuera de vía única? La primera frase, sin embargo, allana el camino al común de los mortales a pesar de la incertidumbre que transmite: “La felicidad es el estado más raro, más preciado y más incomprendido del hombre” (2)

Callwood considera que la felicidad es un estado propio de la madurez, cuando el ser humano está estabilizado emocionalmente y capacitado para sortear dignamente los avatares que se van produciendo a lo largo de la vida porque la personalidad ha reunido suficiente experiencia para emitir juicios sanos, suficiente vitalidad para amar, algunos fragmentos de claridad y coraje, y una gran cantidad de autoevaluación. Hay un 'clic' sin sonido y se produce un estado estable de felicidad.” (3)

Nacemos para ser felices, pero no nacemos felices, ni es una condición que se adquiere con el simple paso del tiempo; es un logro interior que otorga plenitud a la existencia. En las etapas de desarrollo de la personalidad es difícil que esto se consiga, si tenemos en cuenta la diferenciación que hace Erich Fromm -a quien Callwood cita brevemente- entre alegría y felicidad: La felicidad es un logro provocado por la productividad interna del hombre y no un regalo de los dioses. La felicidad y la alegría no son la satisfacción de una necesidad que surge de una falta fisiológica o psicológica; no son el alivio de la tensión sino el acompañamiento de toda actividad productiva, en pensamiento, sentimiento y acción. La alegría y la felicidad no son diferentes en calidad; son diferentes solo en la medida en que la alegría se refiere a un solo acto, mientras que la felicidad se puede decir que es una experiencia de alegría continua o integrada; podemos hablar de «alegrías » (en plural) pero solo de «felicidad» (en singular). La felicidad es la indicación de que el hombre ha encontrado la respuesta al problema de la existencia humana. (4)

La felicidad no es proyección, sino que es vida. Escribe Marian Rojas Estapé que La felicidad no es lo que nos pasa, sino cómo interpretamos lo que nos pasa. Depende de la forma en que asimilamos una realidad, y nuestra capacidad de orientar o enfocar dicha asimilación” (5). Will Durant lo deducía al observar a esa joven familia y Callwood aporta otros dos ejemplos similares: “Cuando el almirante Richard E. Byrd creía estar muriendo en el hielo de la barrera de Ross, escribió algunos pensamientos sobre la felicidad. «Me di cuenta de que había fallado en ver que las cosas simples, hogareñas y sin pretensiones de la vida son las más importantes. Cuando un hombre logra una buena medida de armonía dentro de sí mismo y su círculo familiar, logra la paz. Al final solo dos cosas realmente le importa a un hombre, independientemente de quién sea; el afecto y la comprensión de su familia.»

Richard Evelyn Byrd
Un escritor estadounidense anunció que había sido un hombre feliz todos los días de su vida adulta. Por supuesto, admitió, que había habido días en que estaba desempleado y hambriento, días de dolor, días de náuseas y enfermedades. Pero en cada uno de ellos había podido contactar con la parte más profunda de sí mismo que operaba de manera constante, sólida y feliz. Una saturación, una plenitud permanente de felicidad es rara, pero en el mundo abundan personas que logran fragmentos cada vez mayores de ella.” (6)

No hay una fórmula mágica ni una receta infalible que sirva para todos, pero puede bastar con poner los medios para sacar brillo a lo cotidiano.

(1) Wayne Dyer: Tus zonas erróneas. Capítulo 12: Retrato de una persona que ha eliminado todas las zonas erróneas. Artículo de June Callwood titulado: The one sure way to happiness, publicado en la revista Reader’s Digest el mes de octubre de 1974. Artículo completo en: http://www.oocities.org/newkalibo/art5.html
Texto de la cita en inglés:
Nothing on earth renders happiness less approachable than trying to find it. Historian Will Durant described how he looked for happiness in knowledge, and found only disillusionment. He then sought happiness in travel, and found weariness; in wealth, and found discord and worry. He looked for happiness in his writing and was only fatigued. One day he saw a woman waiting in a tiny car with a sleeping child in her arms. A man descended from a train and came over and gently kissed the woman and then the baby, very softly so as not to waken him. The family drove off and left Durant with a stunning realization of the real nature of happiness. He relaxed and discovered that «every normal function of life holds some delight.»
(2) Callwood, artículo citado: Happiness is the rarest, most prized and most misunderstood state of man.
(3) Callwood, artículo citado: The personality has put together enough experience to make sane judgments, enough vitality to love, a few fragments of clarity and courage, and a great deal of self- appraisal. There is a soundless 'click', and a steady state of happiness ensues.
(4) Erich Fromm: Man for Himself. An Inquiry into the Psychology of Ethics. Fuente: https://fromm-online.org/en/glueck/ . Texto en inglés: Happiness is an achievement brought about by man’s inner productiveness and not a gift of the gods. Happiness and joy are not the satisfaction of a need springing from a physiological or a psychological lack; they are not the relief from tension but the accompaniment of all productive activity, in thought, feeling, and action. Joy and happiness are not different in quality; they are different only inasmuch as joy refers to a single act while happiness may be said to be a continuous or integrated experience of joy; we can speak of „joys” (in the plural) but only of „happiness” (in the singular).
Happiness is the indication that man has found the answer to the problem of human existence: the productive realization of his potentialities and thus, simultaneously, being one with the world and preserving the integrity of his self. In spending his energy productively he increases his powers, he “burns without being consumed.”
(5) Marian Rojas Estapé: Cómo hacer que te pasen cosas buenas (2018). Editorial: Espasa – 10ª edición (2019). Capítulo 5: Vivir el momento presente, página 115
(6) Callwood, artículo citado: When Adm. Richard E. Byrd believed himself to be dying in the ice of the Ross Barrier, he wrote some thoughts on happiness. «I realized I had failed to see that the simple, homely, unpretentious things of life are the most important. When a man achieves a fair measure of harmony within himself and his family circle, he achieves peace. At the end only two things really matter to a man, regardless of who he is; the affection and understanding of his family.»
One American writer announced that he had been a happy man every day of his adult life. Of course, he admitted, there had been days when he was jobless and hungry, days of grief, days of nausea and illness. But on each one of them he had been able to contact the deepest part of himself which was operating steadily, soundly and happily. A permeating, permanent sate of happiness is rare -but the world abounds in people who are achieving ever- larger fragments of it.

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