La influencia del entorno
'Si está bautizado, tiene
fe', con estas o parecidas palabras se expresaba el sacerdote protagonista de
un encuentro multitudinario, convencido de esta correlación, porque aunque las disposiciones de
quien lo recibe no sean las mejores –ex opere operantis-, el sacramento es
eficaz para imprimir el carácter que le es propio –ex opere operato- (1). Pero
una cosa es tener fe, aunque se encuentre escondida o aletargada, y otra es
vivirla.
En muchos casos la vivencia
de la fe va ligada al entorno: familiar, comunitario, vecinal, cultural… Cuando
el paisaje social en el que uno se mueve varía y el arropamiento al que se
estaba acostumbrado desaparece, la práctica religiosa y el testimonio que de
ella se deriva se pone a prueba. Es entonces cuando queda más patente el grado
de compromiso que acompaña a la fe que se profesa.
La fe puede languidecer,
difuminarse en la vida cotidiana, pero permanecer latente hasta que algo la
despierte, como sugiere Joseph Roth en un fragmento de Job (2). Los protagonistas son judíos emigrados a Estados Unidos,
entre ellos Mendel Singer, un hombre devoto que está abrumado por el cúmulo de
adversidades que padece. Sumido en el duelo por la muerte de su esposa, tras
conocerse el fallecimiento de un hijo en la guerra, profiere una sentencia
terrible tras prender fuego a su estancia. Cuando sus amigos judíos alertados
por el humo acuden a la vivienda y le preguntan qué le pasa, responde: “Quiero
quemar algo más que sólo una casa y algo más que sólo un hombre… Quiero quemar
a Dios”.
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| Joseph Roth |
Preparando las lecturas de
la Misa del próximo domingo, en la sesión de estudio de la Biblia en la
parroquia se hacía hincapié en estos versículos del libro de la Sabiduría: “Señor… te
compadeces de todos, porque todo lo puedes y pasas por alto los pecados de los
hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de
lo que hiciste; pues si odiaras algo, no lo habrías creado.” Misericordia y
esperanza para no desfallecer, a pesar de los pesares.
(1) Los sacramentos son los
signos eficaces de la gracia, porque actúan por el sólo hecho de realizarse, es
decir, “ex opere operato” = por la
obra realizada, en virtud de la Pasión de Cristo.
Las disposiciones del que
lo recibe son las que harán que se reciba mayor o menor gracia. La acogida que
el sujeto esté dispuesto a dar a la gracia de Cristo, juega un papel muy
importante en la eficacia y fecundidad del sacramento. La disposición
subjetiva, es lo que se conoce como “ex
opere operantis”. Esto quiere decir “por la acción del que actúa”. Fuente: https://es.catholic.net/op/articulos/6689/cat/372/la-gracia-y-la-eficacia-de-los-sacramentos.html#modal
(2) Joseph Roth: Job. Historia de un hombre sencillo.
Título original: Hiob. Roman eines einfachen Mannes (1930). Editorial: Acantilado
– Colección: Narrativa del Acantilado, número 110 – 1ª edición (2007).
Traductora: Berta Vías Mahou. 218 páginas. Fragmento en el capítulo XIII,
página 165
(3) Libro de la Sabiduría,
capítulo 11, versículos 23-24


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