viernes, 1 de noviembre de 2019

Letargo ambiental de la fe

La influencia del entorno


'Si está bautizado, tiene fe', con estas o parecidas palabras se expresaba el sacerdote protagonista de un encuentro multitudinario, convencido de esta correlación, porque aunque las disposiciones de quien lo recibe no sean las mejores –ex opere operantis-, el sacramento es eficaz para imprimir el carácter que le es propio –ex opere operato- (1). Pero una cosa es tener fe, aunque se encuentre escondida o aletargada, y otra es vivirla.

En muchos casos la vivencia de la fe va ligada al entorno: familiar, comunitario, vecinal, cultural… Cuando el paisaje social en el que uno se mueve varía y el arropamiento al que se estaba acostumbrado desaparece, la práctica religiosa y el testimonio que de ella se deriva se pone a prueba. Es entonces cuando queda más patente el grado de compromiso que acompaña a la fe que se profesa.

La fe puede languidecer, difuminarse en la vida cotidiana, pero permanecer latente hasta que algo la despierte, como sugiere Joseph Roth en un fragmento de Job (2). Los protagonistas son judíos emigrados a Estados Unidos, entre ellos Mendel Singer, un hombre devoto que está abrumado por el cúmulo de adversidades que padece. Sumido en el duelo por la muerte de su esposa, tras conocerse el fallecimiento de un hijo en la guerra, profiere una sentencia terrible tras prender fuego a su estancia. Cuando sus amigos judíos alertados por el humo acuden a la vivienda y le preguntan qué le pasa, responde: “Quiero quemar algo más que sólo una casa y algo más que sólo un hombre… Quiero quemar a Dios”.

Joseph Roth
A continuación Roth describe la reacción de los amigos judíos de Mendel, que no se tomaban la religión tan en serio como él: “De los cuatro oyentes escapó un solo grito. No todos eran piadosos y temerosos de Dios como Mendel lo había sido siempre. Los cuatro hacía ya bastante tiempo que vivían en América. Trabajaban el día del Sabbat. Su mente se regía por el dinero. Y el polvo del mundo, denso, alto y gris, ya se había posado sobre sus viejas creencias. Habían olvidado muchas costumbres. Habían infringido algunas leyes. Con sus mentes y sus miembros, habían pecado. Pero Dios seguía viviendo en sus corazones. Y cuando Mendel blasfemó contra Dios, para ellos fue como si con dedos ásperos les hubiera agarrado el corazón desnudo.” La situación desesperada por la que pasa el amigo supone un punto de inflexión en sus vidas; la fe no había desaparecido, estaba aletargada.

Preparando las lecturas de la Misa del próximo domingo, en la sesión de estudio de la Biblia en la parroquia se hacía hincapié en estos versículos del libro de la Sabiduría: Señorte compadeces de todos, porque todo lo puedes y pasas por alto los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste; pues si odiaras algo, no lo habrías creado.” Misericordia y esperanza para no desfallecer, a pesar de los pesares.

(1) Los sacramentos son los signos eficaces de la gracia, porque actúan por el sólo hecho de realizarse, es decir, “ex opere operato” = por la obra realizada, en virtud de la Pasión de Cristo.
Las disposiciones del que lo recibe son las que harán que se reciba mayor o menor gracia. La acogida que el sujeto esté dispuesto a dar a la gracia de Cristo, juega un papel muy importante en la eficacia y fecundidad del sacramento. La disposición subjetiva, es lo que se conoce como “ex opere operantis”. Esto quiere decir “por la acción del que actúa”. Fuente: https://es.catholic.net/op/articulos/6689/cat/372/la-gracia-y-la-eficacia-de-los-sacramentos.html#modal
(2) Joseph Roth: Job. Historia de un hombre sencillo. Título original: Hiob. Roman eines einfachen Mannes (1930). Editorial: Acantilado – Colección: Narrativa del Acantilado, número 110 – 1ª edición (2007). Traductora: Berta Vías Mahou. 218 páginas. Fragmento en el capítulo XIII, página 165
(3) Libro de la Sabiduría, capítulo 11, versículos 23-24

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