lunes, 2 de marzo de 2020

El reverso del amor

Una realidad incómoda


El reconocimiento social del sufrimiento suele ser bastante exiguo, aunque cabría matizar que en algunos entornos se considera aceptable, admirable incluso, si conlleva un beneficio palpable para quien lo soporta. Pensemos en el duro entrenamiento del deportista para conseguir una marca, desarrollar sus músculos, estar en forma para acometer una carrera popular batiendo el record personal; en el que se somete a una dieta alimenticia rigurosa para estilizar su cuerpo; en el que soporta un atuendo incómodo porque afianza su figura…; es decir, el sufrimiento orientado al lucimiento personal: ‘qui vol lluïr, ha de patir’ *, sentencia un dicho catalán.

Sufrir por otro suele cuestionarse. Sufrir por Dios supone para algunos un dislate. Sin embargo, el sufrimiento va intrínsecamente unido a un valor mucho más atractivo: el amor. El poeta -entre otras facetas- cordobés del siglo XI Ibn Hazm lo plasmaba en la siguiente frase: «Corazón que no quiera sufrir dolores, pase la vida libre de amores» (1), que incluyó el grupo Nuevo Mester de Juglaría en la canción A los árboles altos (2).

Hay otra referencia poética, cuyo origen desconozco, que me quedó grabada desde que la leí en una homilía de Josemaría Escrivá, donde esa vinculación queda patente: «mi vida es toda de amor / y, si en amor estoy ducho, / es por fuerza del dolor, / que no hay amante mejor / que aquel que ha sufrido mucho» (3). Al igual que le ocurría al santo barbastrense, según manifestaba, suponen para mí unos versos recurrentes.

La reflexión trazada hasta aquí está inspirada en una respuesta del entonces cardenal Ratzinger a la pregunta que le formulaba Peter Seewald: “Uno se ha acostumbrado a considerar el sufrimiento como algo que se intenta evitar a cualquier precio. Y nada enoja más a ciertos sectores sociales que la idea cristiana de que hay que tolerar el sufrimiento, soportarlo, incluso entregarse a él para así superarlo. «El sufrimiento», opina Juan Pablo II, «forma parte del misterio de la persona.» ¿Por qué?”

El purpurado le contesta: “Hoy el programa consiste en desterrar el sufrimiento del mundo. Para el individuo eso significa evitar el dolor a todo trance. Pero hay que ver también que así el mundo también se vuelve muy duro y muy frío. Porque el dolor forma parte del ser humano. Y quien desee de verdad erradicarlo, también debería eliminar el amor, que en absoluto existe sin dolor porque siempre exige autorrenuncia, porque la diferencia de temperamentos y las situaciones dramáticas traerán siempre consigo la renuncia, el dolor.

Cuando uno sabe que el camino del amor –ese éxodo, ese salir de sí mismo- es el verdadero camino de la humanización del ser humano, entonces comprende también que el sufrimiento es un proceso de maduración. Quien ha aceptado en su interior el sufrimiento se vuelve más maduro y comprensivo para el otro, más humano. El que ha esquivado el sufrimiento no comprende a los demás, se vuelve duro y egoísta.

El amor mismo es una pasión, un padecimiento. En él experimento primero la dicha, la vivencia de la felicidad completa. Pero por otra parte soy arrebatado de mi cómoda tranquilidad y he de dejarme transformar. Si decimos que el sufrimiento es el reverso del amor, entenderemos también por qué es tan importante aprender a sufrir, y por qué, en el caso contrario, evitar el dolor incapacita al ser humano para la vida. Le tocaría en suerte un vacío del ser que sólo puede ir unido a la amargura, el rechazo y no a la última aceptación y maduración.” (4)

* Qui vol lluïr, ha de patir: Quien quiere lucir, ha de sufrir.

(1) Citado en múltiples ocasiones por el psiquiatra Enrique Rojas, que lo atribuye al libro El collar de la paloma de Ibn Hazm. Por ejemplo en https://elcorreoweb.es/historico/tenemos-una-sociedad-tecnicamente-avanzada-pero-humanamente-perdida-ACEC622442
(2) Nuevo Mester de Juglaría: A los árboles altos. Canción completa (2 minutos) en https://www.youtube.com/watch?v=-84JZmFtOpw
(3) San Josemaría Escrivá: Amigos de Dios, homilía Trabajo de Dios. Se puede consultar en: http://www.escrivaobras.org/book/amigos_de_dios-punto-68.htm
(4) Joseph Ratzinger: Dios y el mundo. Título original: Gott un die Welt (2000). Editorial: DeBolsillo - número 20 – 1ª edición (2005). Traducción: Rosa Pilar Blanco. 441 páginas. Fragmento en ‘Segunda parte: Sobre Jesucristo. 14. Sobre la cruz. Páginas 303-304’.

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