Una pasión irrefrenable
En su infancia la lectura
era su entretenimiento y quiso ser escritor. No lo tuvo nada fácil. Nació pocos
años después de acabada la guerra civil española y su padre quiso quitarle de
la cabeza esos anhelos: eran épocas en las que muchas familias luchaban para
sobrevivir y la suya era una de ellas, convenía incitar a prepararse para
conseguir un oficio con el que ganarse la vida trabajando: ‘primum vivere
deinde philosophari’; dedicar tiempo a escribir entorpecía las expectativas familiares.
Tampoco le fue muy propicio
el ambiente escolar, lastrado por las chanzas que estimulaba su tartamudez en
sus compañeros y algunos profesores que lo acosaban o ridiculizaban. Un
panorama sombrío que no le amilanó, sino que fue fortaleciendo en silencio
su vocación narradora hasta que pudo desbordarse cuando ya estaba bien asentado
profesionalmente y decidió apostar por cambiar de registro para dedicarse en
exclusiva a la literatura, donde cultiva diversos géneros y ha producido más de
medio millar de obras: “Lo dejé todo para hacer novelas. Si estás seguro de
algo en la vida, tienes que hacerlo”.
Hablo de Jordi Sierra i
Fabra, al que descubrí viendo su intervención en el Proyecto educativo Aprendemos juntos (1), donde le preguntaron qué
libro le cambió la vida, destacando sobre todo uno: “el gran libro que me
cambió la vida y me hizo ser como soy y entenderme, sobre todo, ‘El manantial’, escrito por Ayn Rand”,
que es un alegato en favor del individualismo como fuerza impulsora de la sociedad:
“El ego del hombre es el manantial del progreso humano”, es una de las citas
atribuidas a Rand (2). Oyéndole, parece encarnar la filosofía de Rand: “Yo soy
individualista. Soy artista. Lo que yo hago sale de aquí –se toca la frente y
luego el pecho-. Y es mío. De nadie más.”
Como en el caso del
protagonista de El manantial se trata
de un individualismo creativo, de alguien que ama lo que hace y no quiere que
nadie se entremeta en ello corrigiéndolo hasta el punto de desvirtuarlo. No es
ni será un escritor de encargo. No pierde el tiempo preguntándose si va a
gustar o no lo que hace, aunque luego lo analice: “Acabo de hacer un libro.
Acabo de escribirlo. ¿Por qué gusto a la gente joven y devoran mis libros?
Porque no les vendo motos. No me enrollo, no pongo paja. Cuento una historia
con las palabras justas y precisas, directas. Y ya está. No quiero cambiar el
mundo. Cambio a la gente, lo sé. Un libro siempre cambia a la gente. Pero soy
un novelista, hago novelas. Soy un cuentista. Nada más. Entonces cuando acabo
un libro, ni me lo leo. Va a la editorial. ¿Que le gusta? Publícalo. ¿Que no le
gusta? No lo publiques. Lo mando a otra.”
No tiene inconveniente en
explicar cómo trabaja: “¿Primero qué hago? Lo he traído para que lo veáis. El
guion. Esto es el guion de varios de mis libros recién hechos… Soy rápido
escribiendo, lento pensando… Si te fijas, verás que los días van correlativos.
Y diréis: «¿Sábados y domingos también trabajas?». ¡Sí! El arte no admite
sábados y domingos”, aunque no por ello desatiende completamente a su familia. ¿Cómo
se inspira?: “como escritor soy una especie de antena parabólica con patas.
Dame un periódico de hoy, lo miro, te saco tres novelas. Me hago preguntas.
Detrás de cada noticia hay un «¿por qué no? ¿Y si…? ¿Qué pasaría si…?». Siempre
hay preguntas. Mi motivación siempre es descubrir lo que nadie ve. Esa energía
que flota y que yo cojo sin que nadie lo note.”
Algunas afirmaciones
parecen pedantes, pero las enmarco en la manera de expresarse de alguien para
el que escribir se convierte en una pasión irrefrenable, aunque no por ello
vive aislado o encapsulado socialmente. El individualismo que preconiza
concierne al ámbito literario y es compatible con dedicar tiempo a su familia y
a una Fundación con sedes en Barcelona y Medellín (Colombia) cuyo primer
objetivo es ayudar a jóvenes escritores, aunque el proyecto es mucho más
ambicioso (3).
Ha hecho realidad el anhelo
que brotó en su infancia: “Quería ser escritor, no rico o famoso, eso es otra
historia. El arte se mide por lo que sientes al hacerlo, no por lo que te pagan
por hacerlo. Y yo quería escribir. Era un niño, nada más que un niño que tenía
un sueño”, que fue posible porque supo sobreponerse a las duras pruebas a que
estuvo sometido para seguir el camino que se había propuesto. Su talante queda
de manifiesto al final de la carta de presentación de la fundación: “La vida es
lucha. Mi lema sigue siendo 'Todo es posible (si tú lo quieres)’”. Y su
trayectoria la resume en: “Leer me salvó la vida, escribir le dio un sentido.”
(2) Extraído de
https://es.wikipedia.org/wiki/El_manantial
(3) http://fundaciosierraifabra.org/carta-del-president/

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