¿Por qué pasa lo que pasa?
En el marco de las jornadas EncuentroMadrid 2016, el recientemente fallecido profesor de Antropología Mikel Azurmendi participaba con el catedrático de Filosofía Costantino Esposito en un debate dirigido por David Blázquez. Azurmendi se refiere a él en el libro El abrazo, hacia una cultura del encuentro y sintetiza su posición en el debate asociando la situación social actual a las derivadas del cambio conceptual que produjo el movimiento ilustrado nacido en Europa a mediados del siglo XVIII. Un movimiento que planteaba un ser humano emancipado que solo se deja guiar por el conocimiento y la razón.
La razón ayuda a dar sentido a nuestra vida provocando inquietud para ampliar horizontes, estimular la capacidad de asombro, penetrar en los misterios que ofrecen la naturaleza y la sociedad -preguntándose el porqué y paraqué de las cosas y lo que sucede-. Pero un intelecto endiosado, sin límites, sin referencias sólidas en las que apoyarse, que se despega de la realidad confundiéndola con la virtualidad, con la fantasía, puede conducir a las mayores aberraciones con consecuencias siniestras.
En su intervención Azurmendi radiografía la sociedad
actual, la parte más aparente, penetrando en las entrañas que han impulsado el modus vivendi de tantos y tantos de
nuestros contemporáneos que asisten desconcertados a unos cambios sociales
teledirigidos y les pilla sin una consistencia interior donde sostenerse para
saber discernir, acostumbrados como están a poner el foco en el bienestar como
objetivo.
Mikel Azurmendi
Transcribo a continuación el fragmento del libro en el
que Azurmendi relata resumidamente, tras una breve introducción, su apasionada exposición
en el debate:
«David iba a dirigir el debate Europa: un nuevo inicio (1). Ambos ya habíamos intercambiado información vía internet. El objetivo del debate era la necesidad y posibilidades de que el viejo continente pueda recobrar un impulso renovado desde su más profunda raíz. En él la posición optimistamente ilustrada del filósofo italiano Costantino Esposito invitaba a usar la razón a fin de buscar la razón de las cosas, el sentido último de la realidad. Nuestra inteligencia está para que la realidad nos hable comunicándonos su significado. Mi posición era más pesimista. Se atenía a los efectos éticos y sociales de la Ilustración: haber aislado el yo de sus vínculos comunitarios. Convertidos en simples individuos, tú y yo y el otro somos esferas incomunicadas en la creencia arrogante de que, por sí solos, cada cual generamos dentro de uno mismo todo lo valioso. Uno decide lo que le vale a él y, ya está, eso es lo bueno. Su decisión es lo que da valor. Allá los demás. Que arreen, es su derecho. Y yo venga a esgrimir derechos y venga a esgrimir derechos. Salvaguardar como sea la autonomía para protegerme de todos los demás, rodearme de vallas protectoras.
Los derechos
humanos, un cinturón sanitario en torno a mí que el otro no debe franquear y
que nunca me impelen a salir al encuentro del otro, ni a socorrerle siquiera.
Estatuas de sal que no miramos por el otro porque los derechos nos privan de
tener un alrededor compartido. El deseo
mimético como motor de un correr tras la opinión: del otro solamente
necesito su opinión favorable pues ese será mi éxito; de todos los otros
solamente necesito su voto mayoritario a fin de sacar adelante mis intereses. El deseo mimético como motor de un correr
tras el consumo de más deseos. Usar al otro, usarlo y tirarlo, usarlo y
tirarlo.
(1) Debate titulado Europa,
un nuevo inicio durante las jornadas EncuentroMadrid 2016 presentado por
David Blázquez, con la intervención de Costantino Esposito, catedrático de
Filosofía en la Universidad de Bari y Mikel Azurmendi, profesor de Antropología
en la Universidad del País Vasco. Debate completo en: https://www.youtube.com/watch?v=EXWH51jm3cY



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