Tan contagiosa como desaconsejable
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| Carlos Rodríguez Braun |
Ya en los primeros compases de la Biblia la acción acusadora se hace presente. Para seducir a Eva el maligno, representado en una serpiente, acusa veladamente a Dios de mentiroso y timorato a cuenta de la prohibición de comer del «fruto del árbol que está en medio del jardín»: «De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal» (3).
Otro pasaje bíblico deja patente otras formas dañinas de acusación, que se presentan como sospecha, desconfianza, desenmascaramiento de intenciones ocultas. La víctima es Job, cuyo comportamiento es alabado por Yahveh y desdeñado por Satán en una alegórico diálogo: «¿Es que Job teme a Dios de balde?» y quiere que le ponga a prueba: «toca todos sus bienes; ¡verás si no te maldice a la cara!» Yahveh confía en Job y permite a Satán que actúe sin herir directamente a Job. Satán lo utiliza para dejarle sin hacienda ni descendencia. Pero la reacción de Job no es la esperada: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!» El espíritu perverso no ceja en su propósito y justifica su fracaso en la limitación que se le ha impuesto: «toca sus huesos y su carne; ¡verás si no te maldice a la cara!» Se le concede siempre que deje con vida a Job. Recrudece su ataque con más saña: «hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza». Al sufrimiento físico se suma el sufrimiento moral, porque su entorno se rebela: «¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muérete!», dice su esposa. Pese a ello Job no cede: «Hablas como una estúpida cualquiera. Si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal?» (5)La réplica de este comportamiento satánico es la desconfianza enfermiza hacia nuestros semejantes, la sospecha de que cualquier acto de bondad encubre un interés egoísta. ¡Cuánto daño se ocasiona a aplicar el dicho: ‘piensa mal y acertarás’! Cuántas víctimas son menospreciadas y acusadas de provocar su desgracia: ‘algo habrá hecho’, ‘se lo ha buscado’: se justifica al victimario, se condena a la víctima.
Hay algo que conviene tener claro: la maledicencia cualquiera que sea el motivo que la origine, es una práctica altamente nociva que se contagia con gran facilidad. No solo daña a aquel contra quien va dirigida, sino que, además, genera un ambiente turbio y corroe interiormente a quien la profiere. No sale a cuenta dejarse arrastrar por ella, especialmente cuando se tiene la tentación de seguir la corriente para no desentonar con el entorno.
La propuesta de Jesús, el
gran antídoto ante la acción del 'acusador' se manifiesta en el resumen del
decálogo: «‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma,
con toda tu mente y con todas tus fuerzas’… ‘Amarás a tu prójimo como a ti
mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos.» (6)
* Las citas bíblicas estan extraídas de la versión de la Biblia de Jerusalén
(1) René Girard: Veo a Satán caer como el relámpago.
Título original: Je vois Satan tomber comme l’éclair (1999). Editorial: Anagrama
– Colección: Argumentos, número 278 – 1ª edición (2002). Traductor: Francisco
Díez del Corral. 249 páginas. Capítulo XI: El triunfo de la Cruz, página 187
(2) Evangelio según san Juan,
capítulo 11, versículos 49 y 50
(3) Libro del Génesis,
capítulo 3, versículos 4 y 5
(4) Extraído de https://www.elimparcial.es/noticia/167282/opinion/idolos
(5) Libro de Job, capítulo 1,
versículos 9 a 11 y 21, capítulo 2, versículos 3 a 10
(6) Evangelio según san Marcos, capítulo 12, versículos 28 a 31






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