lunes, 25 de julio de 2022

La ciencia como refugio

 

El sabueso del cielo # 3


Durante el debate de una de las emisiones del programa Millenium que dirige Ramón Colom salió a colación la encíclica Deus caritas est de Benedicto XVI (1), que había sido publicada poco antes; una encíclica que sorprendió por el manejo de algunos conceptos referidos al amor como los derivados de la cultura griega: eros, philia y agapé. Pienso que no era el tema central del debate, pero los participantes destacaron la solidez intelectual del contenido de la encíclica. Uno de ellos, sin embargo, quiso puntualizar que para él el amor se podía explicar como un conjunto de reacciones químicas en el organismo, contraponiendo los razonamientos expresados por el papa.

Ciencia y fe se presentan en muchas ocasiones como visiones contrapuestas de la realidad, cuando no dejan de ser vías complementarias para el conocimiento de la verdad hasta donde sea posible. La ciencia versa sobre el estudio y análisis de porciones de realidad, que intenta conocer a fondo. Para ello se vale de hipótesis cuyo nivel de acierto es indeterminado. Mientras estudiaba una asignatura de filosofía me desconcertó la conclusión de un autor que decía que una tesis era correcta mientras no viniera otra posterior que la desmintiese. Popper propone el falsacionismo como prueba del algodón de una teoría científica.

La ciencia practicada con honestidad nos acerca a la verdad de las cosas en su ámbito de estudio, pero no tiene la capacidad para abordar toda la realidad, que está repleta de inmaterialidad. Cada científico puede tener mucho conocimiento de aquello en lo que se ha especializado, pero carece de la misma competencia en otras facetas. ‘Cada vez sabemos más de menos cosas’, decía un autor refiriéndose a una especialización cada vez más atomizada.

La fe aborda ámbitos que no están al alcance de la ciencia, pero no la anula; una y otra deben ser estímulo para el obrar humano en todas sus dimensiones: alimento que nutre nuestra inteligencia y nuestra voluntad.

En el tercer fragmento del poema de Francis Thompson, el más extenso, el protagonista no quiere hacer examen de su vida, pero su sensibilidad se manifiesta al observar el comportamiento de los niños, un pensamiento que pronto se desvanece y, entonces, busca refugio en la ciencia para escapar del asedio interior que percibe. Sin embargo, no encuentra ahí la paz que desea: ‘no por eso se alivió mi inteligencia humana’.



THE HOUND OF HEAVEN / 3

52 I sought no more that after which I strayed

53 In face of man or maid;

54 But still within the little children's eyes

55 Seems something, something that replies,

56 They at least are for me, surely for me!

57 I turned me to them very wistfully;

58 But just as their young eyes grew sudden fair

59 With dawning answers there,

60 Their angel plucked them from me by the hair.

61 'Come then, ye other children, Nature's---share

62 With me' (said I) 'your delicate fellowship;

63 Let me greet you lip to lip,

64 Let me twine with you caresses,

65 Wantoning

66 With our Lady-Mother's vagrant tresses,

67 Banqueting

68 With her in her wind-walled palace,

69 Underneath her azured daïs,

70 Quaffing, as your taintless way is,

71 From a chalice

72 Lucent-weeping out of the dayspring.'

73 So it was done:

74 I in their delicate fellowship was one---

75 Drew the bolt of Nature's secrecies.

76 I knew all the swift importings

77 On the wilful face of skies;

78 I knew how the clouds arise

79 Spumèd of the wild sea-snortings;

80 All that's born or dies

81 Rose and drooped with; made them shapers

82 Of mine own moods, or wailful or divine;

83 With them joyed and was bereaven.

84 I was heavy with the even,

85 When she lit her glimmering tapers

86 Round the day's dead sanctities.

87 I laughed in the morning's eyes.

88 I triumphed and I saddened with all weather,

89 Heaven and I wept together,

90 And its sweet tears were salt with mortal mine;

91 Against the red throb of its sunset-heart

92 I laid my own to beat,

93 And share commingling heat;

94 But not by that, by that, was eased my human smart.

95 In vain my tears were wet on Heaven's grey cheek.

96 For ah! we know not what each other says,

97 These things and I; in sound I speak---

98 Their sound is but their stir, they speak by silences.

99 Nature, poor stepdame, cannot slake my drouth;

100 Let her, if she would owe me,

101 Drop yon blue bosom-veil of sky, and show me

102 The breasts o' her tenderness:

103 Never did any milk of hers once bless

104 My thirsting mouth.

105 Nigh and nigh draws the chase,

106 With unperturbèd pace,

107 Deliberate speed, majestic instancy;

108 And past those noisèd Feet

109 A voice comes yet more fleet---

110 'Lo! naught contents thee, who content'st not Me.'

 

EL SABUESO DEL CIELO / 3

52 No busqué más aquello en lo que me desvié

53 frente a un hombre o una doncella;

54 pero todavía dentro de los ojos de los niños pequeños

55 encontré algo, algo como una respuesta,

56 ¡al menos lo era para mí, seguramente para mí!

57 Me volví hacia ellos con mucha nostalgia;

58 pero justo cuando sus jóvenes ojos se tornaron de repente hermosos

59 con respuestas que emergían,

60 su ángel me los arrancó de la cabeza.

61 'Venid pues, vosotros, los otros hijos de la Naturaleza –compartid

62 conmigo' (dije yo) 'vuestro delicada comunión;

63 permitidme que os salude con un beso,

64 dejad que me abrigue con vuestras caricias,

65 deleitándome

66 con nuestra Señora –Madre de errantes trenzas,

67 festejando

68 con ella en su palacio amurallado por el viento,

69 bajo su tarima azulada,

70 bebiendo, como es tu manera inmaculada,

71 de un cáliz

72 reluciente -llanto de la aurora.'

73 Así se hizo:

74 yo en su delicada comunión era uno -

75 abrí el cerrojo de los secretos de la Naturaleza.

76 Conocí todos los rápidos cambios

77 en el deliberado rostro de los cielos;

78 supe cómo surgen las nubes

79 espumadas de los bramidos marinos;

80 todo lo que nace o muere

81 se levanta y se desploma; los convertí en moldeadores

82 de mis propios estados de ánimo, o quejumbrosos o divinos;

83 con ellos gocé y me entristecí.

84 Estaba cansado de la experiencia,

85 cuando ella encendió sus velas resplandecientes

86 alrededor de las santidades muertas del día.

87 Me reí en los ojos de la mañana.

88 Triunfante y entristecido con el clima,

89 el cielo y yo lloramos juntos,

90 y sus dulces lágrimas fueron sal con las mías mortales;

91 contra el palpitar rojo de su atardecer –mi corazón

92 se puso a latir,

93 y compartir el calor de la mezcla;

94 pero no por eso se alivió mi inteligencia humana.

95 En vano mojaron mis lágrimas la mejilla gris del Cielo.

96 Pero, ¡ah! No sabemos lo que nos decimos uno al otro,

97 esas cosas y yo; con sonido hablo -

98 pero su sonido no es más que una sensación, hablan por medio de silencios.

99 La naturaleza, pobre madrastra, no puede saciar mi sequedad

100 porque ella, si quisiera,

101 soltaría ese seno azul, y me mostraría

102 los pechos de su ternura:

103 jamás su leche bendijo

104 mi boca sedienta.

105 Cerca, cerca se dibuja la persecución,

106 a un ritmo constante, 

107 deliberada velocidad, majestuosa urgencia;

108 y más allá de esos Pies ruidosos

109 llega una voz aún más veloz:

110 '¡He aquí! que nada satisface a quien no Me contenta.’



El poema completo lo podéis encontrar en el siguiente enlace:

http://www.houndofheaven.com/poem

(1) Benedicto XVI: Deus caritas est (2005). Enlace: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario