Reseña del libro A Guide for the Perplexed de E. F. Schumacher, realizada por Silvano Borruso y publicada en la revista Nuestro Tiempo, número 387, septiembre 1986, con el título Guía para perplejos.
Para Schumacher lo que se necesita saber es:
1. Qué es el Mundo;
2. Qué es el hombre, y que aptitudes tiene para enfrentarse con el Mundo;
3. Cómo conoce el hombre al mundo;
4. Qué quiere decir vivir en este mundo.
continuación
La solución no está en la lógica
La última Gran Verdad es como vivir en el mundo, o sea, el problema ético. «Vivir quiere decir arreglárselas, luchar y mantenerse a flote en todo tipo de circunstancias, algunas bastante difíciles». En otras palabras, vivir quiere decir resolver problemas, que son de dos tipos. El primer tipo tiene soluciones convergentes, ejemplificadas por la bicicleta, pero no puede aplicarse a toda la realidad material. Aun así muchísimos problemas tecnológicos no han sido resueltos todavía, tarde o temprano ocurrirá con ellos lo que ha ocurrido con la bicicleta: se llegará a una máquina perfecta, ya incapaz de ser mejorada sustancialmente. Problemas convergentes, entonces, queda claro que no son problemas éticos.
El tema es otro cuanto un problema tiene que ver con la libertad humana. Entonces aparecen realidades en completa contradicción; y como a la mente humana no le agradan las contradicciones, tiende a hacerse partidaria de una u otra solución, con el resultado de que el problema, en vez de resolverse, se agudiza hasta hacerse irresoluble. Un ejemplo de soluciones divergentes es la educación. Schumacher dice que durante siglos se entendió por educación la transmisión de los valores de una cultura de generación en generación. Para lograr este objetivo, se requiere autoridad y disciplina, lo que es perfectamente cierto. Pero recientemente ha llegado otro grupo de expertos, que ha visto las cosas de otra manera. La educación, dicen ellos, no es otra cosa que hacer asequibles algunas facilidades, que permiten a los educandos desarrollarse según sus propias leyes: se desarrollan mejor a los que se les deja más libres. La libertad es la clave para la perfecta educación.
Ahora bien, ¿qué ocurre? «Que si el primer grupo de consejeros tienen razón, disciplina y obediencia son buenas, y que se puede razonar, con perfecta lógica, que si algo es bueno, hay que desear más y más de ello; hasta que la lógica nos conduce necesariamente a la perfecta disciplina y perfecta obediencia… es decir, a la escuela convertida en prisión».
El segundo grupo de consejeros, de otro lado, dice que la libertad es buena. Siguiendo la misma lógica, más libertad es deseable, y la libertad perfecta produce también una educación perfecta. Y la escuela se convertiría, naturalmente, en un desierto, o peor, en una casa de locos.
¿Dónde está la solución? La solución de este problema, y de muchos semejantes, no está en la lógica, porque la lógica solo conduce a situaciones insalvables. Está en trascender las dos componentes por medio de un principio superior. En el caso de la educación, este principio es el amor. Con amor, la disciplina y la libertad, lejos de contradecirse, se compaginan perfectamente. Y lo mismo ocurre con muchísimos otros problemas con soluciones divergentes. «En la vida social, tanto la justicia como la misericordia tienen su aplicación. ‘Justicia sin misericordia, dijo santo Tomás de Aquino, es crueldad; misericordia sin justicia es la fuente de toda disolución’. Una identificación clarísima de un problema divergente, ya que la justicia niega la misericordia y viceversa. Solo una fuerza superior a las dos, en este caso la sabiduría, puede reconciliarlas. El problema no tiene solución; la solución transciende a las dos posibles soluciones. Igualmente las sociedades necesitan estabilidad y cambio, tradición y novedades, interés privado y público, planificación y laissez faire, orden y libertad, crecimiento y decadencia. La salud de la sociedad necesita a todas horas la consecución de actividades y fines mutuamente opuestos unos a otros».
Una consideración sobre el arte, y otra sobre Dante y su Divina Comedia cierran el libro. Arthur Koestler no supo decir de la Guía más que esto: «El solo comentario que se me ocurre es: Que así sea.» Y estamos perfectamente de acuerdo.





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