viernes, 13 de enero de 2023

Afrontar la perplejidad sobre la vida (3)

Reseña del libro A Guide for the Perplexed de E. F. Schumacher, realizada por Silvano Borruso y publicada en la revista Nuestro Tiempo, número 387, septiembre 1986, con el título Guía para perplejos.

Para Schumacher lo que se necesita saber es:

1. Qué es el Mundo;

2. Qué es el hombre, y que aptitudes tiene para enfrentarse con el Mundo;

3. Cómo conoce el hombre al mundo;

4. Qué quiere decir vivir en este mundo.


continuación


Capacitación

La Segunda Gran Verdad es Adaequatio (en latín en el texto): para conocer, se necesita que el poder de conocimiento del que conoce sea adecuado al objeto conocido. Esta adaequatio es doble: personal y metodológica. Por lo que atañe a la primera, comenta Schumacher, «las capacidades musicales de Beethoven, incluso durante su sordera, eran incomparablemente superiores a las mías, y la diferencia no estriba en el sentido del oído, sino en la mente. Hay gente sin capacidad de comprender y valorar una determinada pieza musical, debido a su falta total de adaequatio. El sentido del oído no percibe otra cosa sino una sucesión de notas; la música, sin embargo, se aprecia intelectualmente. Hay algunos con tal grado de apreciación que pueden no solo entender, sino también memorizar una sinfonía entera habiéndola oído una vez, o simplemente leyendo la partitura; otros tienen una apreciación tan débil que no absorben nada de ella, por muchas veces que la oigan y por mucha atención que le presten. Para los primeros la sinfonía es tan real como para el compositor; para los segundos, no hay sinfonía; lo único que hay es una sucesión de notas más o menos agradables pero completamente sin sentido. La mente de los primeros es adecuada a la sinfonía; la de los segundos inadecuada, ni se enteran de su existencia».

Lo que no se puede hacer, concluye Schumacher, es creer que cada uno es adecuado a todo, porque entonces la conclusión a la que llegamos, cuando efectivamente no estamos adecuados a algo, es decir aquello que no existe.

Aquí sigue un punto extremadamente importante, y es que un investigador que escoge un determinado nivel de ser no lo escoge por inteligencia, sino por fe. Si uno no tiene fe en la existencia de un cierto nivel, y decide investigar una realidad dada, necesariamente escogerá un nivel de ser inferior, y el resultado será que no cometerá error, pero obtendrá una visión de la realidad muy empobrecida, como la de un perro que, viendo un libro, solo ve una forma con ciertos colores; no es que el perro se equivoque, pero no tiene otro instrumento que le haga apreciar la totalidad del ser del libro.


continuará


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