Presencia activa y discernimiento
‘Ya me dirás tu lo que tengo que hacer’, le dijo en un tono displicente un veterano y destacado profesional al nuevo director de la entidad, que procedía de otro ámbito educativo y le interesaba conocer cómo funcionaba aquella empresa para poder ejercer bien su responsabilidad.
De esta actitud distante y descomprometida participan muchos cristianos que ven en la Iglesia una suministradora de celebraciones religiosas y prácticas colectivas. Un tono mediocre que dista mucho del sentido de comunidad que vivían los primeros cristianos y que de una manera u otra se ha de hacer patente en las parroquias y en todas las realidades eclesiales, sea cual sea el grado de responsabilidad que se ostente.
La sinodalidad (1) va
por el camino de recordarnos esta responsabilidad compartida: «En virtud del
Bautismo “el Pueblo santo de Dios participa del carácter profético de Cristo,
dando testimonio vivo de Él sobre todo con una vida de fe y amor” (2). Gracias
a la unción del Espíritu Santo recibida en el Bautismo (3), todos los creyentes
poseen un instinto para la verdad del Evangelio, llamado sensus fidei.
Consiste en una cierta connaturalidad con las realidades divinas, basada en el
hecho de que en el Espíritu Santo los bautizados “son hechos partícipes de la
naturaleza divina” (4). De esta participación deriva la aptitud para captar
intuitivamente lo que es conforme a la verdad de la Revelación en la comunión
de la Iglesia. Por eso, la Iglesia está segura de que el santo Pueblo de Dios
no puede equivocarse al creer cuando la totalidad de los bautizados expresa su
consenso universal en materia de fe y de moral (2).»
Y el Código de Derecho Canónico hablando de las obligaciones y derechos de todos los fieles: «Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas» (5).
La Iglesia no la conducen exclusivamente sus dirigentes, sino que la voz del Espíritu se manifiesta de muchas maneras. Recordamos las palabras de Jesús dirigidas al Padre: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños» (6). La erudición, si lleva a la vanidad y la soberbia, convierte al ilustrado en analfabeto para el conocimiento íntimo de Dios. Todos, con la mirada puesta en el Señor y expresándose con humildad, pueden aportar.Esta apertura está ordenada a un fin, como dice la cita del Código, y remarca el Documento final: «El ejercicio del sensus fidei no debe confundirse con la opinión pública. Está siempre unido al discernimiento de los pastores en los distintos niveles de la vida eclesial, como muestra la articulación de las fases del proceso sinodal. Pretende alcanzar ese consenso de los fieles (consensus fidelium) que constituye “un criterio seguro para determinar si una doctrina o práctica particular pertenece a la fe apostólica” (7).» No se trata de someter la doctrina al dictado de las mayorías, ni a la opinión predominante en la sociedad. Un flaco favor sería pretender contentar a unos u otros. Lo recuerda el papa Benedicto XVI: «En el curso de los siglos, bajo distintas formas, ha existido esta tentación de asegurar la fe a través del poder, y la fe ha corrido siempre el riesgo de ser sofocada precisamente por el abrazo del poder. La lucha por la libertad de la Iglesia, la lucha para que el reino de Jesús no pueda ser identificado con ninguna estructura política, hay que librarla en todos los siglos. En efecto, la fusión entre fe y poder político siempre tiene un precio: la fe se pone al servicio del poder y debe doblegarse a sus criterios» (8).
El sensus fidei tiene otra
connotación: «Además de ser el principio de la sinodalidad, es también el
fundamento del ecumenismo. “El camino de la sinodalidad, que la Iglesia
católica está siguiendo, es y debe ser ecuménico, así como el camino ecuménico
es sinodal” (9). El ecumenismo es ante todo una cuestión de renovación
espiritual. Exige procesos de arrepentimiento y de sanación de la memoria, de
las heridas del pasado, hasta la valentía de la corrección fraterna en un
espíritu de caridad evangélica.» Ser cristiano, ser católico, no es vivir
encapsulado. Ese “id por todo el mundo a anunciar el Evangelio” no supone sólo
transmitir, sino también captar, porque en esa misión también se descubren
manifestaciones evangélicas en quienes no conocen a Jesús o siguen otras
confesiones. El ecumenismo no busca un consenso, sino acercarse a la Verdad
y restañar las heridas que han propiciado desencuentros por cuestiones
puramente humanas. De esa mirada abierta y comprometida se puede aprender mucho
y conviene no desperdiciarlo. Exige también reforzar el trato con el Señor para
no caer en un indiferentismo que lo diluye.
(1) Francisco, XVI
Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal:
comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale:
comunione, participazione, missione. Documento finale puntos 22 y, 23.
Enlace oficial:
https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf
(2) Concilio Vaticano
II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, puntos 12 y 35.
Enlace:
https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#
(3) 1ª carta de san Juan, capítulo 2, versículo 20: «En
cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis.»
Versículo 27: «Y en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido
permanece en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción
os enseña acerca de todas las cosas —y es verdadera y no mentirosa—, según os
enseñó, permaneced en él.»
(4) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática Dei Verbum
sobre la divina revelación, número 2: «Dispuso Dios en su sabiduría
revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el
cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre
en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En
consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como
amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la
comunicación consigo y recibirlos en su compañía.» Enlace: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html
(5) Código de Derecho Canónico, artículo 212, punto 3.
Extraído de https://www.vatican.va/archive/cod-iuris-canonici/esp/documents/cic_libro2_cann208-223_sp.html
(6) Evangelio según san Mateo, capítulo 11, versículo
25. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/
(7) Comisión Teológica Internacional: El sensus fidei en la
vida de la Iglesia, 2014, n. 3. Enlace: https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/cti_documents/rc_cti_20140610_sensus-fidei_sp.html
(8) Joseph Ratzinger / Benedicto XVI: Jesús de Nazaret.
Título original: Título original: Jesús von Nazareth - Von der Taufe im Jordán
bis zur Verklarung (2007). Editorial: La esfera de los libros – 1ª edición
(2007). Traductora: Carmen Bas Álvarez. Primera parte, capítulo 2, página 24
(9) Papa Francisco: Discurso a Su Santidad Mar Awa III,
19 de noviembre de 2022. Enlace:
https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2022/november/documents/20221119-patriarca-chiesa-assira.html



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