Don recibido y misión a cumplir
Los cargos son cargas, responsabilidades que se asumen con voluntad de servicio, o de dominio, o un entremedio que se acerque más a uno o a otro. Jesús se lo dejó claro a los apóstoles cuando disputaban entre ellos quién era el más importante: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (1); uno de los títulos del Santo Padre es “siervo de los siervos de Dios”.Lo hace de forma más extensa, respondiendo a la petición de la madre de Santiago y Juan para otorgarles un lugar privilegiado: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (2).
En la primera homilía tras su elección el Santo Padre León XIV cita la respuesta de Pedro a Jesús cuando pregunta a los apóstoles quién es Él para ellos: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (3), para decirnos «Con estas palabras Pedro, interrogado por el Maestro junto con los otros discípulos sobre su fe en Él, expresa en síntesis el patrimonio que desde hace dos mil años la Iglesia, a través de la sucesión apostólica, custodia, profundiza y trasmite» (4). ¿De qué patrimonio habla? «La ciudad puesta sobre el monte (5), arca de salvación que navega a través de las mareas de la historia, faro que ilumina las noches del mundo. Y esto no tanto gracias a la magnificencia de sus estructuras y a la grandiosidad de sus construcciones —como los monumentos en los que nos encontramos—, sino por la santidad de sus miembros, de ese “pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz” (6).»
Todos los cristianos tenemos un don y una misión, como nos recuerda ese vocablo que tanto cuesta asimilar: “sinodalidad” (caminar juntos). El don lo recibimos del bautismo: «Del Bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo brota la identidad del Pueblo de Dios. Se realiza como llamada a la santidad y envío en misión para invitar a todos los pueblos a acoger el don de la salvación (8). Es, pues, del Bautismo, en el que Cristo nos reviste de Sí mismo (9) y nos hace renacer por el Espíritu (10) como hijos de Dios, de donde nace la Iglesia sinodal misionera. Toda la vida cristiana tiene su fuente y su horizonte en el misterio de la Trinidad, que suscita en nosotros el dinamismo de la fe, de la esperanza y de la caridad.»Formar parte de un pueblo se aleja de la consideración del seguimiento de Jesús como un asunto estrictamente personal: «“Quiso Dios santificar y salvar a los hombres no individualmente, como excluyendo su mutua conexión, sino hacer de ellos un pueblo para que le conociera de verdad y le sirviera con una vida santa” (11). El proceso sinodal nos ha hecho experimentar el “sabor espiritual” (12) de ser Pueblo de Dios, reunido de todas las tribus, lenguas, pueblos y naciones, viviendo en contextos y culturas diferentes. Ese Pueblo, no es nunca la mera suma de los bautizados, sino el sujeto comunitario e histórico de la sinodalidad y de la misión, todavía peregrino en el tiempo y ya en comunión con la Iglesia del cielo.»
La misión compete a todos, pero es diversa; atañe del último bautizado hasta el Santo Padre. Un bebé supone para muchos padres un impulso para que reciba las aguas bautismales y, de esta manera, quizá desempolven el recuerdo de los fundamentos de la fe que tenían marginados, aunque este paso esté precedido de una costumbre familiar o social. Una vida como la del sabadellense Xavi Argemí, con una enfermedad neuronal degenerativa desde los 3 años hasta los 29 en que falleció, ha llenado de luz a muchos, como percibí al ver salir a los asistentes a su funeral y en un artículo que leí posteriormente; su misión estaba unida a sobrellevar con buen ánimo la cruz de una enfermedad inhabilitante.¿Y el Santo Padre?: «Ustedes me han llamado a cargar esa cruz y a ser bendecido con esa misión. Y sé que puedo contar con todos y cada uno de ustedes para caminar conmigo, mientras continuamos, como Iglesia, como comunidad de amigos de Jesús, como creyentes, anunciando la Buena Nueva y proclamando el Evangelio», les dijo León XIV a los cardenales. Y más adelante: «Dios, de forma particular, al llamarme a través del voto de ustedes a suceder al primero de los Apóstoles, me confía este tesoro a mí, para que, con su ayuda, sea su fiel administrador (13) en favor de todo el Cuerpo místico de la Iglesia»; no es el dueño, sino el servidor de esta inmensa comunidad que es la Iglesia para que cumpla con su cometido. «En virtud del ministerio petrino, el Obispo de Roma es “principio y fundamento perpetuo y visible” (11) de la unidad de la Iglesia», anota el Documento final.
Además de leer el epígrafe del Documento final tratado (nota 7), vale la pena que dediquéis unos minutos a leer la homilía de León XIV (nota 4) en los enlaces que os indico.
(1) Evangelio según san Marcos, capítulo 9, versículo 35.
Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/marcos/
(2) Evangelio según san Mateo, capítulo 20, versículos 25-28.
Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/
(3) Evangelio según san Mateo, capítulo 16, versículo 16
(4) Texto íntegro de la primera homilía del Papa León XIV en
la Misa Pro Ecclesia. Extraído de https://www.religionenlibertad.com/vaticano/250509/texto-integro-homilia_112135.html
(5) Libro del Apocalipsis capítulo 21, versículo 10: «Y me
llevó en espíritu a un monte grande y elevado, y me mostró la ciudad santa de
Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios». Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/apocalipsis/
(6) 1ª carta de san Pedro, capítulo 2, versículo 9. Ver https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-pedro/
(7) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los
obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título
original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione.
Documento finale. Parte I: El corazón de la sinodalidad. Epígrafe: La Iglesia
Pueblo de Dios, sacramento de unidad; puntos 15 a 20. Enlace oficial:
https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf
(8) Evangelio según san Mateo, capítulo 28, versículos 18-19: «Acercándose
a ellos, Jesús les dijo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.
Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”». Extraído de Extraído de
https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/
(9) Carta de san Pablo a los Gálatas, capítulo 3, versículo
27: «Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo.»
Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/galatas/
(10) Evangelio según san Juan, capítulo 3, versículos 5-6: «Jesús
le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de
Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne,
lo que nace del Espíritu es espíritu.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/juan/
(11) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la
Iglesia Lumen Gentium, puntos 9 y 23. Enlace:
https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#
(12) Exhortación apostólica Evangelii Gaudium del Santo Padre Francisco,
punto 268: «Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el
gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de
descubrir que eso es fuente de un gozo superior.» Enlace:
https://www.vatican.va/content/dam/francesco/pdf/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium_sp.pdf








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