jueves, 3 de julio de 2025

Una clave ciceroniana

Sinfonía ciudadana

Nos necesitamos unos a otros. La convivencia no es tan sólo un hecho, sino también una necesidad; no estamos capacitados para desarrollar una vida totalmente independiente: la experiencia de Robinson Crusoe es un hecho accidental, no una norma de vida general. Las sociedades se organizan para coordinar esa ayuda mutua que nos facilita la vida, pero el grado de buena convivencia dependerá de la actitud colaboradora de aquellos que forman parte de ellas.

Cicerón pone en boca de Escipión en La república una analogía entre el funcionamiento de una sociedad y la melodía que produce un conjunto musical:

«De la misma manera que en las liras, en las flautas y hasta en el propio canto y en los coros se ha de mantener cierta armonía de los distintos sonidos y que, si esta resulta alterada o se vuelve discordante, los oídos juntos no las soportan; de la misma manera que ese concierto armonioso se consigue gracias al equilibrio de los sonidos más dispares, así también la ciudad, en virtud de un equilibrio racional entre las clases más altas, las más bajas y las medias, como si de sonido se tratara, logra su sinfonía poniendo de acuerdo los elementos más dispares; y lo que en el canto es llamado por los músicos “armonía”, tal es en la ciudad la “concordia” que constituye el vínculo más estrecho y mejor para la buena salud del Estado; y esta concordia no puede existir en modo alguno sin la base de la justicia» (1).

Del mismo modo esto puede aplicarse a las instituciones, a las empresas, a las asociaciones, a las comunidades. También a las familias, aunque en este caso el vínculo más decisivo es el amor entre sus miembros.

(1) Extraído de Marco Tulio Cicerón: La República – Las leyes. Título original: De Re Pública (51 aC.) – De legibus (-44? aC.). Editorial: Akal – Colección: Clásica/Clásicos Griegos, número 28. Edición de Juan María Núñez González. 303 páginas. Punto XLII.69, páginas 120-121



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