Movimiento
con fundamento
Abrí los ojos para mirar a mi alrededor / Y a mi alrededor el mundo /
giraba como siempre / Gira, el mundo gira / En un espacio infinito // El mundo
nunca se ha detenido ni un instante / La noche siempre persigue al día / Y el
día llegará. La voz de Jimmy Fontana acompañaba los acordes de la melodía de Il mondo con
frases como estas.
El planeta Tierra se mueve internamente y externamente desde el punto
de vista físico. También lo hace en su interior como consecuencia de la
actividad dinámica de los seres vivos que lo poblamos. Quizá esa inquietud
natural conduce a que el ser humano aprecie tanto la estabilidad, el orden, el
sosiego…, que sólo puede conseguir temporalmente; se podría decir que vivimos
en un constante equilibrio inestable. De ahí que sea tan importante asentar y
cultivar fundamentos sólidos que permitan afrontar los cambios sin dar bandazos
vitales.

La cuarta parte del Documento final del Sínodo (1) se centra en los
vínculos, que han experimentado una transformación notable en los
últimos años. No conviene quedarse encallado en la nostalgia de un pasado que
no va a volver, aunque esa experiencia nos puede ayudar a valorar aspectos
positivos a los que no dábamos importancia entonces y ahora notamos a faltar;
aspectos que trascendían el momento, el espacio temporal concreto, y que
valdría la pena recuperar. En el día a día estamos tan cerca de nosotros
mismos, tan ocupados en tantas cosas, que apenas le sacamos jugo a lo que
vivimos; quizá por falta de reflexión, quizá por una especie de overbooking de
ocupaciones, voluntarias e involuntarias, que absorben nuestro tiempo; los
árboles de nuestra existencia que nos dificultan ver el bosque.

En el punto inicial de esta parte, el Documento se acerca a esta
realidad cambiante: «Así es la Iglesia sinodal, hecha de vínculos que unen en
la comunión y de espacios para la variedad de pueblos y culturas. En un momento
en el que cambia la experiencia de los lugares donde la Iglesia está arraigada
y peregrina, es necesario cultivar en formas nuevas el intercambio de dones y
el entrelazamiento de los vínculos que nos unen, sostenidos por el ministerio
de los obispos en comunión entre sí y con el Obispo de Roma.»Estas
características de la Iglesia, arraigo y peregrinaje, que desarrolla el primer
epígrafe, tienen que ver con la consolidación y la expansión del mensaje que
Jesús trasladó a sus discípulos: «Id, pues, y haced discípulos a todos los
pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo»
(2). Los Hechos de los Apóstoles nos hablan de cómo crece la Iglesia en los
primeros años de su existencia en distintos territorios por los desplazamientos de sus fieles,
a veces como consecuencia de persecuciones. La diáspora daba paso al nacimiento
de nuevas comunidades impulsadas por fieles que van transmitiendo su fe allá
donde se encuentran.

En
esos lugares donde la llama del mensaje cristiano prende hay que establecerse
para que este fuego perdure y cobre mayor viveza. De ello se ocupa este
epígrafe del Documento: «El anuncio del Evangelio, suscitando la fe en el
corazón de los hombres y las mujeres, lleva a la fundación de una Iglesia en un
lugar particular. La Iglesia no puede entenderse sin estar enraizada en un
territorio concreto, en un espacio y en un tiempo donde se forma una
experiencia compartida de encuentro con Dios que salva.»

El
mensaje no tiene pretensión de conquista, sino de elevar las realidades humanas
que se va encontrando a otra dimensión; nada hay humano que no pueda ser
contagiado por el amor de Dios y ser transformado por él. Continúa el
Documento: «La dimensión local de la Iglesia conserva
la rica diversidad de las expresiones de fe arraigadas en contextos culturales
e históricos específicos, y la comunión de las Iglesias manifiesta la comunión
de los fieles dentro de la única Iglesia.» Con motivo de la celebración del
decimoséptimo centenario de concilio de Nicea se recordaban estas palabras de
san Pablo: «Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está
sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos» (3), que han originado
un canto solemne que se escucha en algunas celebraciones eucarísticas (4).

La
fe en Jesús tiene un carácter expansivo que brota del interior (5), no puede
quedar encerrada en un templo ni en los márgenes de un domicilio o un espacio exclusivo
para unos pocos. El mensaje va dirigido a todos y se ha de hacer presente en la
sociedad. El cristiano no busca refugiarse en una parroquia, o en un grupo o en
una comunidad, sino que vive su fe allí donde le toca estar en cada momento. El
Documento sigue: «De este modo, la conversión sinodal invita a cada persona
a ampliar el espacio del propio corazón, el primer “lugar” donde resuenan
todas nuestras relaciones, enraizadas en la relación personal de cada uno con
Cristo Jesús y su Iglesia. Esta es la fuente y la condición de toda reforma en
clave sinodal de los vínculos de pertenencia y de los lugares eclesiales. La
acción pastoral no puede limitarse a cuidar las relaciones entre personas que
se sienten en sintonía entre ellas, sino que debe favorecer el encuentro con
cada hombre y cada mujer.»
Los
siguientes puntos de este epígrafe abordan la incidencia de los cambios
socioculturales que se producen en la sociedad y repercuten en la Iglesia; así
como la respuesta que puede darse desde los distintos estamentos eclesiales, tema
que procuraré comentar en los siguientes escritos.
(1)
Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia
sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa
sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Cuarta parte:
“Una pesca abundante”. Puntos tratados 109 y 110. Enlace oficial:
https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf
(2)
Evangelio según san Mateo, capítulo 28, versículo 19. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/
(3)
Carta de san Pablo a los Efesios, capítulo 4, versículos 5 y 6. Extraído
de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/biblia-efesios/
(4)
Se puede escuchar en https://youtu.be/s0F18LZV_o4
(5) Evangelio según san
Lucas, capítulo 6, versículo 45: «El hombre bueno, de la bondad que atesora
en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque
de lo que rebosa el corazón habla la boca.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/
No hay comentarios:
Publicar un comentario