sábado, 28 de mayo de 2016

Candidato: cabeza visible de un equipo

Campaña electoral made in USA

¿Para qué se presenta a las elecciones?, se podría preguntar a cualquiera de los que durante estas fechas formarán parte de las listas que se presentarán a las próximas elecciones. La respuesta, en mayoría de las ocasiones y especialmente en aquellos con posibilidades de obtener un escaño, se ceñirá a un manual previamente elaborado: servir a la sociedad, formar parte de un proyecto de… (reforma, regeneración…) que mejore la vida de los ciudadanos…

En el fragor de la campaña, sin embargo, se transmiten mensajes que son propios de otros ámbitos: ¡Salimos a ganar! ¡No me gusta perder a nada!... ¡Con ese no me ‘ajunto’! (de momento); además de las conocidas promesas hechas para regalarles los oídos a los electores, sabiendo de antemano que no se van a poder cumplir. Da la impresión de que nos hemos acostumbrado a que la política se convierta en un espectáculo que podemos seguir de la misma manera que un reality show televisivo, sin darnos cuenta de las consecuencias que pueden tener en nuestra vida las decisiones que tomen los que salgan elegidos.

Hace unos días he visto El candidato (The candidate) película de 1972 dirigida por Michael Ritchie, una historia que se centra en una campaña electoral para elegir un senador de los Estados Unidos, que incorpora todos los ingredientes que rodean todo el proceso hasta que se produce el resultado del escrutinio electoral.

Se trata de buscar un candidato para contrarrestar la fuerza de uno veterano del partido rival que lleva 18 años en el cargo y dispone de suficiente habilidad política para saber modular su discurso hacia los ciudadanos dependiendo del momento y el lugar en el que se encuentra. Se fijan en un abogado joven comprometido socialmente que, pese a ser hijo de un exgobernador, no ha querido inmiscuirse en la política profesional hasta el momento. Para convencerle le dicen que podrá decir lo que quiera, es decir, transmitirá su propio discurso quedando al margen de las directrices emanadas del partido porque va a perder. A medida que el proceso va avanzando estas promesas se irán modificando en función de lo que los responsables del diseño de la campaña van decidiendo, de acuerdo con los sondeos y los escenarios. 

Todo ello le someterá a crisis interiores, por vulneración de su intimidad, por el agotamiento emocional de ir repitiendo los mismos mensajes, por sentirse como una mercancía que se lleva de un lado a otro… Pero todavía no ha perdido del todo la sensibilidad por lo que era su pulso vital antes de entrar en campaña, por eso se siente golpeado interiormente cuando uno de sus antiguos colaboradores le dice tras un discurso en un instante que no admite diálogo: “Esta noche he visto algo importante…  triunfarás, llegarás hasta el fin. Tú y yo sabemos que es pura palabrería, pero lo que pasa es que la gente lo cree”.

Michael Ritchie
Llega el día de la votación y, contra pronóstico, logra vencer. Lo que para el partido y sus seguidores es una fiesta, para él es una gran preocupación y antes de dirigirse al público para realizar el discurso de la victoria, busca al director de campaña: "¿Qué vamos a hacer ahora?" La respuesta ahogada por el griterío de los que buscan al vencedor es un escueto "¿Qué?" Y el senador electo repregunta: "Ya soy senador. Y ahora, ¿qué?"

La película acaba aquí pero, como me comentó mi hermano, seguramente la respuesta sería  parecida a: ‘Mi trabajo consistía en procurar que ganases las elecciones. A partir de aquí, yo ya no tengo nada que aportar.

La cuestión a plantearse es hasta qué punto los candidatos son libres o marionetas. No van solos, hay un equipo a su alrededor que determinará o condicionará su actuación.




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