Fragmento de
El Criterio escrito por Jaime Balmes y publicado en 1845. Capítulo 14: El juicio, epígrafe 5: Palabras mal definidas. Examen de la
palabra igualdad. Páginas 83 a 86. Se utiliza la edición realizada por la
Editorial Ramón Sopena en 1981, colección Biblioteca Sopena, número 590.
Hay ciertas
voces que expresando una idea general, aplicable a muchos y muy diferentes
objetos y en los sentidos más varios, parecen inventadas adrede para confundir.
Todos las emplean, todos se dan cuenta a sí mismos de lo que significan, pero
cada cual a su modo; resultando una algarabía (1) que lastima a los buenos
pensadores.
"La
igualdad de los hombres, dirá un declamador (2), es una ley establecida por el
mismo Dios. Todos nacemos llorando, todos morimos suspirando: la naturaleza no
hace diferencia entre pobres y ricos, plebeyos y nobles; y la religión nos
enseña que todos tenemos un mismo origen y un mismo destino. La igualdad es
obra de Dios; la desigualdad es obra del hombre; sólo la maldad ha podido
introducir esas horribles desigualdades de que es víctima el linaje humano;
sólo la ignorancia y la ausencia del sentimiento de la propia dignidad han
podido tolerarlas."
Esas palabras no suenan mal al oído del orgullo; y no
puede negarse que hay en ellas algo de especioso. (3) Ese hombre dice errores
capitales y verdades palmarias (4); confunde aquéllos con éstas; y su discurso
seductor para los incautos, presenta a los ojos de un buen pensador una
algarabía ridícula.
¿Cuál es la causa? Toma la palabra igualdad en sentidos muy
diferentes, la aplica a objetos que distan tanto como cielo y tierra; y pasa a
una deducción general, con entera seguridad, como si no hubiese riesgo de
equivocación.
-¿Qué
entiende usted por igualdad?
-Igualdad, igualdad... bien claro está lo que significa.
-Sin embargo no estará de más que usted nos lo diga.
-La igualdad está en que el uno no sea ni más ni menos que el otro.
-Pero ya ve usted que esto puede tomarse en sentidos muy varios; porque dos hombres de seis pies de estatura serán iguales en ella, pero será posible que sean muy desiguales en lo demás; por ejemplo, si el uno es barrigudo como el gobernador de la ínsula Barataria, y el otro seco de carnes como el caballero de la Triste Figura. (4) Además dos hombres pueden ser iguales o desiguales en saber, en virtud, en nobleza, y en un millón de cosas más; con que será bien que antes nos pongamos de acuerdo en la acepción que da usted a la palabra igualdad.
-Yo hablo de la igualdad de la naturaleza, de esta igualdad establecida por el mismo Criador, contra cuyas leyes nada pueden los hombres.
-Así no quiere usted decir más sino que por naturaleza todos somos iguales...
-Cierto.
-Ya; pero yo veo que la naturaleza nos hace a unos robustos, a otros endebles, a unos hermosos, a otros feos, a unos ágiles, a otros torpes, a unos de ingenio despejado, a otros tontos, a unos nos da inclinaciones pacíficas, a otros violentas, a unos... pero sería nunca acabar si quisiera enumerar las desigualdades que nos vienen de la misma naturaleza. ¿Dónde está la igualdad natural de que usted nos habla?
(1) algarabía: Griterío confuso de varias personas que hablan a un tiempo
(2) declamar: Hablar en público / Expresarse con calor, en especial para realizar una crítica o invectiva
(3) especioso: Aparente, engañoso
(4) personajes principales de Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes. El gobernador es Sancho Panza y el caballero es Don Quijote

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