domingo, 23 de octubre de 2016

¿Formar personas o ‘fuerza de trabajo’?

Para qué educar

El 12 de septiembre entrevistaba Carlos Herrera al escritor Fernando Aramburu con motivo de la publicación de su última novela, Patria, un texto que, a tenor de lo que he visto en los solicitudes de lectura en la bibliotecas municipales, ha generado mucho interés. Aramburu es un donostiarra afincado en Alemania desde 1985 ‘porque su mujer es alemana’ donde ha  ejercido la docencia hasta 2009, momento en el cual decidió dedicarse en exclusiva a la tarea de escritor.

Fernando Aramburu
Toda la entrevista tiene interés y vale la pena oírla completa (la podéis encontrar en el enlace). Aunque está centrada en el contenido del libro, que relata las consecuencias sociales de la actividad terrorista en el País Vasco, he seleccionado un fragmento en el que se destaca lo que para el escritor debe ser el objetivo principal de la educación, una opinión de comparto.


Como creador el apego a lo que ya existe es funesto. De hecho, yo sé que soy un poco incómodo en la zona. ¿Por qué? Pues porque no repito consignas y porque pienso por mi cuenta. Por cierto, acabo de oír una intervención sobre el colegio de la que discrepo un poco, sobre todo cuando se supedita la educación al mercado laboral. Esto me duele un poquito. Yo he estado veinticuatro años inserto en el sistema educativo alemán y nos decían que nosotros no dábamos clase para formar oficinistas o mecánicos aunque al final esto naturalmente sucede sino para crear hombres independientes, es decir, con criterio propio que luego sean capaces de tomar decisiones y de elegir. Eso me parece importante. Y ahí, en ese contexto y con esta motivación no se cuestionan las humanidades, todo lo contrario, se fomentan. De hecho, en muchos colegios alemanes se siguen impartiendo clases de latín.



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