jueves, 6 de octubre de 2016

Insustituible en la enseñanza

Reivindicando al docente

En la página web del colegio de mis hijas nos han recordado que desde 1994 el 5 de octubre es el día mundial del docente y nos invitan a reflexionar sobre el importante  papel que juegan estos profesionales en la educación.

Josefina R. Aldecoa
El factor humano es un elemento clave del aprendizaje y el docente es un eslabón insustituible en la enseñanza, a pesar del auge de las nuevas tecnologías y el alto grado de sofisticación que pueden alcanzar.

La enseñanza en cada centro escolar tiene una estructura homogénea: los conocimientos que se transmiten, el modelo educativo (la forma de trabajar) y el entorno que lo alberga (los aspectos materiales y organizativos). Sobre este entarimado común cada docente con su personalidad, bagaje, experiencia y estilo le da su propio acento a la materia que imparte, es el factor que rompe la homogeneidad.

En este contexto he encontrado un maravilloso fragmento relatado por  Josefina R. Aldecoa en Historia de una maestra que es un canto a la noble e imprescindible tarea para la sociedad que realizan los profesionales de la enseñanza:

La escuela sería mi único recurso. Por entonces, ya empezaba a sentir esa profunda e incomparable plenitud que produce la entrega al propio oficio. Me sumergía en mi trabajo y el trabajo me estimulaba para emprender nuevos caminos. Cada día surgía un nuevo obstáculo y, a la vez, el reto de resolverlo. Los niños avanzaban, vibraban, aprendían. Y yo me sentía enardecida con los resultados de ese aprendizaje que era al mismo tiempo el mío.

Nunca he vuelto a sentir con mayor intensidad el valor de lo que estaba haciendo. Era consciente de que podía llenar mi vida sólo con mi escuela. Cerraba la puerta tras de mí al entrar en ella cada día. Y las miradas de los niños, las sonrisas, la atención contenida, la avidez que mostraban por los nuevos descubrimientos que juntos íbamos a hacer, me trastornaban, me embriagaban. Leíamos, contábamos, jugábamos, pintábamos, nos asomábamos a mundos lejanos en el tiempo y el espacio; nos sumergíamos en mundos diminutos y cercanos que encerraban milagros naturales. Tras el descubrimiento de América, corría veloz el descubrimiento de la circulación de la sangre. Tras la solución de un problema aritmético… la reflexión sobre un poema. Y luego, por qué brillan las ' estrellas, por qué el hombre ha conseguido volar. Por qué, por qué…

Yo me decía: No puede existir dedicación más hermosa que ésta. Compartir con los niños lo que yo sabía, despertar en ellos el deseo de averiguar por su cuenta las causas de los fenómenos, las razones de los hechos históricos. Ese era el milagro de una profesión que estaba empezando a vivir y que me mantenía contenta a pesar de la nieve y la cocina oscura, a pesar de lo poco que aparentemente me daban y lo mucho que yo tenía que dar. O quizás por eso mismo. Una exaltación juvenil me trastornaba y un aura de heroína me rodeaba ante mis ojos. Tenía que pasar mucho tiempo hasta que yo me diera cuenta de que lo que me daban los niños valía más que todo lo que ellos recibían de mí.”*


* Josefina R. Aldecoa: Historia de una maestra - Primera parte: El comienzo del sueño.

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