domingo, 20 de noviembre de 2016

Convivir en un ambiente viciado

Ninguna sociedad está completamente inmunizada

Hice mención de Fernando Aramburu*  hace unas semanas a cuenta de un comentario en una entrevista radiofónica** sobre los objetivos de la educación. Ahora reproduciré otros fragmentos de esta entrevista tras leer Los peces de la amargura.

Componen esta obra diez breves relatos que tienen como fundamento mostrar los efectos sociales de la actividad terrorista. Todos los personajes que aparecen son en sentido amplio víctimas del terrorismo. Unos en sentido estricto, porque sufren directa o indirectamente el impacto de la violencia. Otros porque son rehenes –por voluntad propia o empatía- del discurso de los que fomentan el odio disfrazándolo de patriotismo. Historias reales contadas de forma sencilla -quizá por ello más estremecedoras- con un lenguaje cercano –popular- y sobrio, donde pasado y presente se entrelazan para hacerlas más inteligibles.

Aramburu narra “una reunión de casos, de sucesos” y pretende “mostrar, sin meterme a juzgar” -el lector ya interpretará-: “Me niego a escribir historias en blanco y negro, de buenos y malos. Y de hecho si uno ha vivido de cerca este fenómeno –como ha sido mi caso- se da cuenta que hay muchos matices incluso dentro de las familias…”.

Fernando Aramburu
El libro se publico en 2006  y se puede pensar que la situación actual es muy distinta, pero el escritor donostiarra, que dice de sí mismo “soy un poco incómodo en la zona porque no repito consignas y pienso por mi cuenta”, advierte: “Ahora vivimos en una situación mejor que hace un par de décadas, sin atentados. Me preguntan a menudo si esto es la paz, y traslado esta pregunta a paisanos míos y recibo respuestas distintas… Hay muchas preguntas pendientes todavía y, particularmente, las generaciones futuras tienen derecho al recuerdo… Temo que se cierren mal las heridas… el sufrimiento de las víctimas ya no ocupa las primeras planas de los periódicos pero está ahí… Sigue habiendo homenajes a presos de ETA que salen. He vuelto a ver pintadas, fotos de presos por la calle; todo esto renueva, renueva algo que no ha pasado realmente. Particularmente a quien le han quitado un ser querido todo esto es muy doloroso. Luego hay elecciones y uno comprueba que los postulados que llevaron a numerosos jóvenes a cometer crímenes siguen recibiendo apoyo popular importante, todo esto es bastante entristecedor.

Lo que se cuenta en este libro se circunscribe a un ámbito social concreto, sin embargo bastaría dar un vistazo a la historia para darse cuenta que ninguna sociedad está completamente inmunizada de emular situaciones parecidas y que todos, en pequeña o gran medida, podemos contribuir para que haya una buena convivencia a nuestro alrededor.   

Reproduzco a continuación unos fragmentos del relato Después de las llamas –espero que la editorial no se enfade- que me parecen reveladores del estilo narrativo del texto y el clima social que retrata.***

Eusebio está en la habitación de un hospital recuperándose de las quemaduras sufridas por una botella incendiaria.
EL OTRO ENFERMO (de repente): No sé si vendrá la parienta porque anda sola con los animales y la huerta. Si viene me hacen ustedes un favor, éeh? Su señora y usted. No hablar de política. Ni una palabra.
EUSEBIO: ¿Y eso?
EL OTRO ENFERMO: Es que mi mujer y su familia son todos muy vascos. Demasiado. Lo llevan en la sangre.
EUSEBIO: Mire, aquí donde me tiene, soy nacido en Hernani.
EL OTRO ENFERMO: Bueno.
EUSEBIO: Mi difunta madre me tenía dicho que hasta los cinco años no aprendí el castellano.
EL OTRO ENFERMO: Normal.
EUSEBIO: Tengo apellidos vascos para llenar yo solo el listín de teléfonos. Y mi Martina es de Azpeitia y todos los años hace queso en casa, que una vez hasta ganó un concurso. En Tolosa, ¿eh?, no en cualquier sitio. ¡A ver quién nos gana a vascos!
EL OTRO ENFERMO: Mi parienta tiene mucho arranque.
EUSEBIO: ¡Pues mire que la mía!
EL OTRO ENFERMO: En casa, ella suele matar el txerri (cerdo). Dice: quita, quita. Ahí se queda, pues. Yo me voy a segar al monte. Al de un minuto el txerri ya se ha callado.
EUSEBIO: La mía al que mata es a mí. Todos los días. A todas horas.
EL OTRO ENFERMO: La parienta estará poco. Sola en casa, mucho no se puede quedar. Por eso pido: si podrían dejar un ratito el tema político... Si hablan de otra cosa ella es maja, ya verá. En misa siempre da limosna. Pero cuando hay manifestación en el pueblo, ahí va la primera.
Tras haber sido entrevistado por un periodista.
BEGOÑA: Mis amigas creen que te diste un trompazo en el almacén de la imprenta.
EUSEBIO: Tú déjales que crean.
BEGOÑA: Voy a quedar fatal cuando te vean en el periódico.
EUSEBIO: Bah, igual sacan un cachito sin foto en una esquina de la página. Me lo ha dicho el periodista.
BEGOÑA: Lo verán de todas formas. Espero que no hayas hablado de terrorismo ni nada por el estilo.
EUSEBIO: ¡Qué va! Cuatro bobadas.
BEGOÑA: Aitá, mira que nos metes en un lío que para qué.
EUSEBIO: ¿Y la hija?
MARTINA: Mejor no me hables de ésa.
EUSEBIO: Seguro que habéis vuelto a discutir.
MARTINA: Se ha marchado. Y el chaval también, sin subir a saludar a su padre.
EUSEBIO: Bueno, se habrá ido con la cuadrilla.
MARTINA: A sus amigos les ha contado una historia y ahora le da vergüenza que salga la verdad en el periódico.
EUSEBIO: ¿Una historia? ¿Qué historia?
MARTINA: Que te escaldaste las piernas en el trabajo. ¡A quién se le ocurre!
EUSEBIO: Y si me ven en el periódico, ¿qué? ¿He hecho algo malo?
MARTINA: En la cuadrilla por lo visto hay algunos abertzales que entienden estas cosas como les apetece. El hijo está preocupado. Él no me lo quería contar, pero mientras veníamos en el taxi se lo he sonsacado. Me huelo que se ha vuelto un poco abertzale. Las malas compañías.
EUSEBIO: ¿Abertzale, Pello? Coño, eso sí que no me lo esperaba. Ya me jodería. ¡Después de lo que me ha pasado!
MARTINA: Tendrás que hablar con él.
EUSEBIO: A ver qué le digo.


**http://www.cope.es/player/Escucha-la-entrevista-al-escritor-Fernando-Aramburu-en-Herrera-en-COPE&id=2016091210230001&activo=10

*** Fernando Aramburu: Los peces de la amargura. Tusquets. Colección Andanzas nº 612. 1ª edición 2006. Páginas 216, 227 y 232

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