Hice mención de Fernando
Aramburu* hace unas semanas a cuenta de
un comentario en una entrevista radiofónica** sobre los objetivos de la
educación. Ahora reproduciré otros fragmentos de esta entrevista tras leer Los peces de la amargura.
Componen esta obra
diez breves relatos que tienen como fundamento mostrar los efectos sociales de
la actividad terrorista. Todos los personajes que aparecen son en sentido
amplio víctimas del terrorismo. Unos en sentido estricto, porque sufren directa
o indirectamente el impacto de la violencia. Otros porque son rehenes –por voluntad
propia o empatía- del discurso de los que fomentan el odio disfrazándolo de
patriotismo. Historias reales contadas de forma sencilla -quizá por ello más estremecedoras-
con un lenguaje cercano –popular- y sobrio, donde pasado y presente se entrelazan
para hacerlas más inteligibles.
Aramburu narra “una reunión de casos, de
sucesos” y pretende “mostrar, sin meterme a juzgar” -el lector ya interpretará-:
“Me niego a escribir historias en blanco y negro, de buenos y malos. Y de hecho
si uno ha vivido de cerca este fenómeno –como ha sido mi caso- se da cuenta que
hay muchos matices incluso dentro de las familias…”.
![]() |
| Fernando Aramburu |
Lo que se cuenta en
este libro se circunscribe a un ámbito social concreto, sin embargo bastaría
dar un vistazo a la historia para darse cuenta que ninguna sociedad está
completamente inmunizada de emular situaciones parecidas y que todos, en
pequeña o gran medida, podemos contribuir para que haya una buena convivencia a
nuestro alrededor.
Reproduzco a
continuación unos fragmentos del relato Después de las llamas –espero que la editorial no se enfade- que me
parecen reveladores del estilo narrativo del texto y el clima social que
retrata.***
Eusebio está en la
habitación de un hospital recuperándose de las quemaduras sufridas por una botella
incendiaria.
EL OTRO ENFERMO (de
repente): No sé si vendrá la parienta porque anda sola con los animales y la
huerta. Si viene me hacen ustedes un favor, éeh? Su señora y usted. No hablar
de política. Ni una palabra.
EUSEBIO: ¿Y eso?
EL OTRO ENFERMO: Es
que mi mujer y su familia son todos muy vascos. Demasiado. Lo llevan en la
sangre.
EUSEBIO: Mire, aquí
donde me tiene, soy nacido en Hernani.
EL OTRO ENFERMO:
Bueno.
EUSEBIO: Mi difunta
madre me tenía dicho que hasta los cinco años no aprendí el castellano.
EL OTRO ENFERMO:
Normal.
EUSEBIO: Tengo
apellidos vascos para llenar yo solo el listín de teléfonos. Y mi Martina es de
Azpeitia y todos los años hace queso en casa, que una vez hasta ganó un concurso.
En Tolosa, ¿eh?, no en cualquier sitio. ¡A ver quién nos gana a vascos!
EL OTRO ENFERMO: Mi
parienta tiene mucho arranque.
EUSEBIO: ¡Pues mire
que la mía!
EL OTRO ENFERMO: En
casa, ella suele matar el txerri
(cerdo). Dice: quita, quita. Ahí se queda, pues. Yo me voy a segar al monte. Al
de un minuto el txerri ya se ha
callado.
EUSEBIO: La mía al que
mata es a mí. Todos los días. A todas horas.
EL OTRO ENFERMO: La
parienta estará poco. Sola en casa, mucho no se puede quedar. Por eso pido: si
podrían dejar un ratito el tema político... Si hablan de otra cosa ella es
maja, ya verá. En misa siempre da limosna. Pero cuando hay manifestación en el
pueblo, ahí va la primera.
…
Tras haber sido
entrevistado por un periodista.
BEGOÑA: Mis amigas
creen que te diste un trompazo en el almacén de la imprenta.
EUSEBIO: Tú déjales
que crean.
BEGOÑA: Voy a quedar
fatal cuando te vean en el periódico.
EUSEBIO: Bah, igual
sacan un cachito sin foto en una esquina de la página. Me lo ha dicho el
periodista.
BEGOÑA: Lo verán de
todas formas. Espero que no hayas hablado de terrorismo ni nada por el estilo.
EUSEBIO: ¡Qué va!
Cuatro bobadas.
BEGOÑA: Aitá, mira que
nos metes en un lío que para qué.
…
EUSEBIO: ¿Y la hija?
MARTINA: Mejor no me
hables de ésa.
EUSEBIO: Seguro que
habéis vuelto a discutir.
MARTINA: Se ha
marchado. Y el chaval también, sin subir a saludar a su padre.
EUSEBIO: Bueno, se
habrá ido con la cuadrilla.
MARTINA: A sus amigos
les ha contado una historia y ahora le da vergüenza que salga la verdad en el
periódico.
EUSEBIO: ¿Una historia?
¿Qué historia?
MARTINA: Que te
escaldaste las piernas en el trabajo. ¡A quién se le ocurre!
EUSEBIO: Y si me ven
en el periódico, ¿qué? ¿He hecho algo malo?
MARTINA: En la
cuadrilla por lo visto hay algunos abertzales que entienden estas cosas como
les apetece. El hijo está preocupado. Él no me lo quería contar, pero mientras
veníamos en el taxi se lo he sonsacado. Me huelo que se ha vuelto un poco
abertzale. Las malas compañías.
EUSEBIO: ¿Abertzale,
Pello? Coño, eso sí que no me lo esperaba. Ya me jodería. ¡Después de lo que me
ha pasado!
MARTINA: Tendrás que
hablar con él.
EUSEBIO: A ver qué le
digo.
*** Fernando Aramburu: Los peces de la amargura. Tusquets. Colección Andanzas nº 612. 1ª edición 2006. Páginas 216, 227 y 232


No hay comentarios:
Publicar un comentario