viernes, 4 de noviembre de 2016

Chapuzas arriesgadas

Silenciamientos culpables

Se puede trabajar mal por falta de pericia, por desdén, por impaciencia, por imprudencia, por superposición de intereses… y convertir esta práctica en una rutina necesaria para cumplir unos objetivos prefijados. Pero tarde o temprano aparece el riesgo de que se descubra. En esta tesitura se puede optar corregir o reconocer o quizá se prefiere ocultar, soslayar o minimizar el hecho para que no quede dañada la imagen. En este último caso es imprevisible hasta dónde se puede llegar una vez puesta en marcha la maquinaria que pretende desvirtuar la realidad.

Karen Silkwood trabajaba en la planta que la empresa Kerr-McGee Cimarron Fuel Fabrication Site tenía  cerca de Crescent, en el estado estadounidense de Oklahoma, donde se fabricaba combustible para abastecer a centrales nucleares. Se manipulaba plutonio, un material radioactivo altamente tóxico. Todo ello requería que se extremasen las medidas de higiene y seguridad, que tenían que salvaguardar tanto la salud de los trabajadores, como la calidad de la producción. Sin embargo la instalación, los procedimientos y las condiciones laborales de la planta no eran las adecuadas.

La actividad sindical de Karen constituyó un problema para los directivos de la empresa y más tarde, según iban aflorando irregularidades, también incomodó a sus compañeros, que temían el cierre de la empresa y la pérdida de sus puestos de trabajo, minusvalorando el riesgo que suponía para su salud seguir trabajando en las mismas condiciones. La tensión creció a medida que la imagen de la empresa iba quedando en entredicho en sectores cada vez más amplios de la sociedad y alguien consideró que los pasos que seguía Silkwood suponían un peligro que se había de erradicar. Karen fue víctima de varios y sorprendentes incidentes radioactivos que afectaron incluso a su propia vivienda, episodios que no impidieron que continuase en su empeño de denunciar las malas prácticas de la empresa. Cuando conducía su coche para acudir a entrevistarse con un periodista del New York Times con pruebas que incriminaban a la empresa sufrió un sospechoso accidente que acabó con su vida. La carpeta con la comprometedora documentación que llevaba en el coche desapareció.



Las circunstancias de la muerte de Karen y el resultado de la autopsia, que reveló que su cuerpo estaba contaminado de plutonio, sirvieron de acicate para cuestionar la seguridad de la tecnología nuclear y la planta de Kerr-McGee se cerró el año siguiente. Esta etapa de la vida de Karen fue llevada al cine con la película Silkwood, estrenada en 1983 y dirigida por Mike Nichols.

Hay muchas barbaridades que se cometen intentando silenciar conductas delictivas, equivocadas o erróneas incrementando de este modo el daño causado hasta límites insospechados.

Información sobre Karen Silkwood en la red: 

                                                         
                                                                                                                   

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