Silenciamientos culpables
Se puede trabajar mal por
falta de pericia, por desdén, por impaciencia, por imprudencia, por superposición de intereses… y convertir esta práctica en una rutina necesaria para cumplir unos objetivos
prefijados. Pero tarde o temprano aparece el riesgo de que se descubra. En esta tesitura se puede optar corregir o reconocer o quizá se prefiere ocultar, soslayar o minimizar el hecho para que no quede dañada la imagen. En este último caso es imprevisible hasta dónde se puede llegar una vez puesta
en marcha la maquinaria que pretende desvirtuar la realidad.
Karen Silkwood trabajaba en la planta que la empresa Kerr-McGee Cimarron Fuel
Fabrication Site tenía cerca de Crescent,
en el estado estadounidense de Oklahoma, donde se fabricaba combustible para abastecer a centrales nucleares. Se manipulaba plutonio, un material radioactivo
altamente tóxico. Todo ello requería que se extremasen las medidas de higiene y
seguridad, que tenían que salvaguardar tanto la salud de los trabajadores, como
la calidad de la producción. Sin embargo la instalación, los procedimientos y
las condiciones laborales de la planta no eran las adecuadas.
Las circunstancias de la
muerte de Karen y el resultado de la autopsia, que reveló que su cuerpo estaba contaminado de plutonio, sirvieron de acicate para
cuestionar la seguridad de la tecnología nuclear y la planta de Kerr-McGee se
cerró el año siguiente. Esta etapa de la vida de Karen fue llevada al cine con
la película Silkwood, estrenada en 1983 y dirigida por Mike Nichols.
Hay muchas barbaridades que
se cometen intentando silenciar conductas delictivas, equivocadas o erróneas incrementando
de este modo el daño causado hasta límites insospechados.
Información sobre Karen Silkwood en la red:




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